Hoy celebramos a San Roque, cuyo corazón habló a los que lo mataron

En 1988, San Juan Pablo II, durante su visita a Paraguay, canonizó a San Roque Gonzáles
San Roque fue asesinado mientras difundía la palabra de Dios en Sudamérica. Se dice que su corazón habló a los criminales y los invitó a arrepentirse. | Texto de ACI Prensa.
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Cada 16 de noviembre la Iglesia celebra a San Roque Gonzáles de Santa Cruz. San Roque fue sacerdote mártir a quien quemaron por anunciar el Evangelio en Sudamérica. Lo único que quedó de él fue su corazón, que habló a sus asesinos.

San Roque nació en Asunción, Paraguay, en 1576. A los 22 años lo ordenaron sacerdote y, posteriormente, Párroco de la Catedral de Asunción.

En 1609 ingresó a la Compañía de Jesús y un, par de años después, lo designaron superior de la primera Reducción de Paraguay.

En 1615 fundó una reducción en Itapúa, la actual ciudad de Argentina de Posadas. Tiempo después, esta reducción se trasladó a la otra orilla del río, en lo que hoy se conoce como Encarnación, en Paraguay. Por eso se le reconoce como fundador y patrono de las dos ciudades.

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San Roque solía llamar a la Virgen “conquistadora” ya que muchas veces bastaba con que levantara el cuadro de la imagen de la Madre de Dios para que los indios se convirtieran.

La muerte de San Roque

Un 15 de noviembre de 1628, San Roque celebró la Santa Misa por Caaró, que hoy es parte de Brasil, y fue asesinado por un cacique.

Los asaltantes quemaron su cuerpo, pero quedó el corazón intacto, que les habló buscando que se dieran cuenta de lo que habían hecho y los invitó al arrepentimiento.

El corazón de San Roque se mantuvo incorrupto y fue llevado a Roma junto al hacha de piedra con el que lo martirizaron. Actualmente, el corazón y el hacha se encuentran en la Capilla de los Mártires en el Colegio de Cristo Rey en Asunción, Paraguay.

En 1988, durante su visita a Paraguay, San Juan Pablo II canonizó a San Roque Gonzáles y a los españoles San Alfonso Rodríguez y San Juan Del Castillo. Todos ellos son mártires jesuitas en tierras americanas.

Ni los obstáculos de una naturaleza agreste, ni las incomprensiones de los hombres, ni los ataques de quienes veían en su acción evangelizadora un peligro para sus propios intereses, fueron capaces de atemorizar a estos campeones de la fe. Su entrega sin reservas los llevó hasta el martirio”, destacó el Papa peregrino en aquella celebración.

Texto de ACI Prensa.