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Cruzando líneas | La historia que nos incomoda

Hoy escribo estas líneas sentada frente al Independence Hall en Filadelfia, Pensilvania. Lo hago rodeada de carteles celebratorios por el 250 de la fundación de la nación libre que es Estados Unidos. Veo grupos de estudiantes por todos lados y turistas asiáticos que se amontonan para tomarse la foto frente a la famosa campana de la libertad. Todo parece ordenado, casi coreografiado. La historia convertida en parada obligatoria.

Sin embargo, algo no cuadra.

Es difícil reconciliar este instante con el momento actual. Este país, construido sobre ideas de libertad y soberanía, hoy se ve atrapado en decisiones que parecen olvidar precisamente eso: su origen. No es una afirmación ligera. Es una sensación que se respira, incluso aquí, donde todo empezó. Es increíble ver que esta nación que fue construida con tantos sueños, hoy se nuble con la sombra de un gobierno al que parece habérsele olvidado la historia.

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Todos llegamos a Estados Unidos con la idea romántica de las oportunidades. Para muchos de nosotros, sí ha sido la tierra firma en la que sembramos ilusiones y cosechamos hogares. Para otros, incluso en el anonimato, también fue el sitio donde la libertad se unía con la reconciliación, donde podían desnudarse del peligro y abrazar la idea de por fin estar en paz. Este país ha sido casa, refugio, punto de partida. Aquí se han reconstruido vidas enteras.

Pero mucho ha cambiado en tan solo unos meses y la definición de la independencia y la libertad se cuestiona por aquellos que no han dejado de sentir el peso opresor del sistema.

Estados Unidos también tiene otra historia, una más incómoda. Es que pocas veces contamos, la de quienes siguen siendo invisibles para las estructuras que definen quién pertenece y quién no. La de quienes escuchan hablar de libertad mientras sienten, todos los días, la incomodidad de no poder echar raíces.

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En ese contraste es donde ocurre la desconexión. Y aquí, en la cuna de independencia me doy cuenta de que los símbolos, por sí solos, no protegen a nadie.

Creo que, en cierta manera, muchas de las respuestas que buscamos está en la historia; una que, si no se aprende, tiene a repetirse. No sé si el consuelo que buscamos está en el acta de 1776. No sé si la Constitución de aquel entonces pudiera abarcar las complejidades de hoy, pero sí sé que el poder del cambio puede liberar u oprimir. Cuando la historia no se cuestiona, se convierte en una versión cómoda del pasado.

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