Mundo Errante | El águila, el dragón (y algunos tigres)
El encuentro entre los presidentes de China y los Estados Unidos, Xi Jinping y Donald Trump, ha levantado un sin fin de lecturas, en ellas se les da un cúmulo de posibilidades y simbolismos a la reunión más allá de la mera diplomacia.
Algunos observadores del encuentro, basados en los rasgos del régimen de Trump, sostienen que el encuentro es el símbolo de la caída de la potencia norteamericana y la toma de estafeta por parte de China como nueva potencia hegemónica.
Otros analizan, basándose en la personalidad del mandatario estadounidense y los usos de referencias de la cultura china, que el encuentro entre los mandatarios fue una forma de opacar a Trump mediante los detalles decorativos o las referencias utilizadas por el presidente Xi Jinping.
Sin embargo, parece que el tipo de lecturas acá referidas parten más de un deseo que de un análisis concreto sobre la reunión y la relación China-Estados Unidos. La reunión entre ambas potencias, pospuesta anteriormente y que se realiza ahora en una coyuntura marcada por el conflicto en Irán y la búsqueda de salidas al uso del estrecho de Ormuz, es parte de una agenda entre ambos países que busca reorganizar sus formas de entendimiento, pero también los límites y alcances de la presencia china en zonas de influencia norteamericana y posibles rutas de definición de la coexistencia de ambos en el sistema mundial.
Sin duda, hay elementos relevantes que se pueden encontrar en la visita de Trump a Xi Jinping. De entrada, es la primera visita de un mandatario estadounidense a territorio chino en casi una década. El encuentro, además, parece que sigue una ruta para definir formas de abordar la relación más allá de restricciones mutuas, comerciales y arancelarias, en materia de servicios de alta tecnología como semiconductores o uso de tierras raras para la industria de comunicaciones o armamentista. La tersa reunión provocó reacciones de reconocimientos mutuos entre los mandatarios, sobre todo por parte de Trump que habló de Xi Jinping como un “viejo aliado”, pero, además, superó el único escollo que trascendió de la reunión, Taiwán.
Trump evitó referirse a una posición de Estados Unidos sobre este tema, al tiempo que medios locales señalaron que el presidente chino advirtió a Trump sobre las consecuencias de “un mal manejo” sobre este tópico podría llevar a los dos países a un conflicto. Prácticamente, se logró un entendimiento mutuo directo que posicionará con cierta estabilidad, equilibrio y de manera directa la relación entre ambas potencias, sin dejar por ello de mantenerse criterios que delimiten zonas de influencia que eviten la presencia del rival por más que se proclame cierta amistad. La visita a China ayudará a Trump para encontrar mecanismos de negociación en temas relacionados con el intercambio comercial, el orden político internacional y la presencia de ambas potencias en conflictos como el de Irán.
Para China, representa un éxito en su imagen como potencia ascendente y ratifica su necesaria participación en temas del tablero internacional, como Irán, Ucrania, Oriente Medio y la península coreana, temas que ambos países dieron a conocer a la opinión pública. La reunión marcada por los elogios, sobre todo de Trump a Xi Jinping, de quién constantemente resaltaba la fluidez de una comunicación personal y la capacidad de ambos de actuar rápido y de manera personal ante los problemas que han surgido entre ambas naciones. Trump dio muestras de satisfacción sobre su visita, resaltando el honor de estar ahí y
extendiendo una invitación a Xi Jinping para visitar Estados Unidos.
El mandatario chino, por su parte, más solemne dio un mensaje de posicionar a su país en un momento de incertidumbre mundial. El presidente chino dijo con claridad que la relación bilateral encuentra rumbos a partir de esta reunión para determinar una nueva orientación en la relación bilateral a la que calificó como “constructiva de la estabilidad estratégica” entre ambas naciones. Sin duda, el encuentro dejará aún muchas especulaciones, análisis basados en la necesidad de certidumbre en un orden mundial incierto. En la mitología china, el águila es poder, el dragón reina en los cielos y el tigre es el equilibro en la tierra. Por ahora, en la cita del águila y el dragón, aún hay varios tigres que podrían determinar si habrá relevo o un orden bilateral momentáneo.
Comentarios (1)
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Muy interesante artículo, hay que observar…