Violencia contra los migrantes

Las autoridades han destacado por el atropello de las leyes, derechos humanos y hasta reglas mínimas de compasión hacia los migrantes
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En las recientes semanas hemos sido testigos por los medios de comunicación del muy desafortunado trato que han recibido grupos de migrantes en su paso por México, al igual que algunos otros en la frontera con Estados Unidos para evitar se internen en su territorio. Dichas escenas evidentemente molestan a cualquier persona; aunque también es cierto que cuando se trata de migrantes, el común denominador de las personas tiene mayor flexibilidad para aceptar ese tipo de arbitrariedades.

Pero también es cierto que actuamos diferente cuando se trata de migrantes en nuestro territorio que migrantes de nuestro país en otros destinos. Solemos ser compasivos con los paisanos, pero indiferentes con los extranjeros.

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Por ello es que nuestro país es fuertemente cuestionado por el contraste que tiene tan marcado en:

  • La defensa de nuestros connacionales
  • El olvido y el cierre de ojos cuando se trata de actos en territorio nacional.

Sobre estos casos queremos destacar que hace varias semanas las escenas fueron de uso excesivo de la fuerza para contener a personas indefensas. Su único “pecado” es ir a buscarse una vida mejor lejos de la violencia que tienen en sus países. Violencia por la misma sociedad, por sus autoridades, incluso hasta por su familia.

Misma violencia que encuentran en su paso por México, donde autoridades y delincuentes, a veces actuando conjuntamente, atropellan las leyes, los derechos humanos y hasta reglas mínimas de compasión hacia un ser humano, para sacar provecho de la vulnerabilidad.

¿Qué espera a los migrantes en México?

Así son extorsionados, maltratados, incluso a costa de la propia vida, como ha ocurrido con la caravana más reciente que comenzó su recorrido en los últimos días de octubre, donde dos personas perdieron la vida a manos de las autoridades que les deben garantizar su seguridad y al menos otras 13 resultaron heridas al haberles disparado. ¿Qué debe pasar por la cabeza de un mando militar o policial al ordenar disparar contra personas desarmadas que buscan una vida mejor lejos de la violencia donde han crecido y que las ha obligado a huir?

Preocupa también una reciente declaración desde la organización civil Save the Children en voz de su director nacional de programas Jorge Vidal, en la que reconoce la violencia a la que son víctimas niños, niñas y mujeres en su paso por territorio nacional, siendo víctimas de criminales organizados que ven en ellos oportunidades para el secuestro, extorsión, trata, entre otros delitos. Lo desalentador es que son estas organizaciones las que tienen que visibilizar estos tratos para que las autoridades reaccionen y tomen medidas.

Sin embargo, las mismas autoridades atacan a estas organizaciones civiles. El Gobierno las etiqueta como organismos para el enriquecimiento personal de forma generalizada, sin discriminar; eliminando en principio el presupuesto destinado a su fortalecimiento y recientemente quitando la posibilidad de la deducibilidad fiscal, para evitar la corrupción de las empresas que orientan recursos hacia ellas.

Entonces no habrá manera de conocer la crudeza de la migración a lo largo del territorio, ni tampoco habrá denuncias de abusos de las autoridades. Es sin duda una jugada muy peligrosa para la sociedad misma y también es una forma de violencia indirecta para esos migrantes que van en tránsito por nuestro país, que no tendrán ayuda de estas organizaciones.