Casa Frida: una mano para los migrantes LGBT+ en la Ciudad de México

Francisco Mendiola, coordinador de Hogar y Seguridad en Casa Frida. Este es uno de los ejes de trabajo del refugio para apoyar a quienes buscan apoyo, ya sean migrantes o no. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
Casa Frida Refugio LGBT+ es uno de los pocos lugares seguros para las personas migrantes de esta comunidad al centro de México.
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La pandemia de Covid-19 acentuó diversos problemas sociales en México como la violencia contra la comunidad LBGT+. Al mismo tiempo, provocó un aumento en los movimientos migratorios desde Centroamérica hacia el norte. En la Ciudad de México, Casa Frida Refugio LGBT+ ha presenciado de cerca ambos fenómenos y, más allá de eso, tiende la mano a quienes han tenido que vivirlos en carne propia.

Casa Frida se fundó el 13 de mayo de 2020. De acuerdo con su primer reporte anual, a sólo un año de su apertura ha dado refugio a 220 personas de la comunidad LGBT+, de las cuales, cerca de 26 son personas migrantes que están de paso en México o que buscan refugio en el país.

Como millones de migrantes, estas personas han decidido salir de sus lugares de origen por problemas como la violencia o la pobreza. Sin embargo, a su situación de vulnerabilidad se suma la persecución por motivos de orientación sexual.

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Migrantes LGBT+: entre la desatención del Estado y la doble marginación

De acuerdo con Raúl Caporal, codirector de Casa Frida, muchos de los migrantes LGBT+ que han estado en el refugio son sobrevivientes de diferentes tipos de violencia. El crimen organizado y las pandillas son dos de los perpetradores más frecuentes. No obstante, los familiares que expulsan a sus hijos de casa por su orientación sexual también son causantes de este tipo de migración.

“Al principio el proyecto tenía una mirada local. Sin embargo, nos dimos cuenta de la importancia de tratar con personas migrantes porque cada vez hay más migrantes LGBT+ (sobre todo del Triángulo Norte) saliendo de sus países. Estas personas llegan a buscar refugio en Casa Frida al mismo tiempo que solicitan la protección del Estado Mexicano”, comenta Raúl Caporal, codirector del refugio.

Sin embargo, afirma Caporal, dicho Estado no cuenta con la infraestructura ni con las condiciones necesarias para atender las peticiones de estas personas.

Actualmente, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y el Instituto Nacional de Migración (INMI) se encuentran rebasados por la cantidad de solicitudes de protección. La respuesta a estas solicitudes puede tardar meses o hasta un año entero.

Mientras tanto, las personas no tienen hogar, trabajo o un sitio dónde quedarse. Además, la corrupción en las instituciones mexicanas las dejan expuestas a crímenes como la privación de la libertad por parte de la delincuencia organizada.

Por otro lado, tal como la periodista Dunia Orellana expone en Presentes, las personas migrantes LGBT+ también deben hacer frente a la discriminación durante el tránsito de un país a otro. Esta discriminación se da incluso entre otros migrantes con quienes viajan.

Al llegar o pasar por México, la sobresaturación de servicios, la falta de espacios seguros y una robusta burocracia definitivamente no hace más fácil la situación para este sector de la comunidad migrante. No obstante, las organizaciones de la sociedad civil como Casa Frida ayudan a cubrir estos vacíos del Estado.

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Un refugio que ofrece un plan de reintegración social

Desde la percepción de Raúl Caporal, desde que el flujo migratorio aumentó en 2020 ha habido una mayor falta de voluntad política por parte del Estado Mexicano. Sin embargo, Casa Frida se ha organizado con otros albergues que atienden a migrantes en la Ciudad de México para sobrellevar la situación.

El caso de este refugio es particular. En él se da apoyo a un sector muy específico de la comunidad migrante que no tiene muchos lugares de acogida en el centro de México.

Las personas migrantes LGBT+ que están de tránsito en el país pueden permanecer en Casa Frida entre 3 y 7 días. En ese tiempo se les ofrece orientación legal y también se les vincula con casas amigas al norte de México para monitorear su viaje.

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Por su parte, quienes planean quedarse en México como refugiados acceden a los mismos servicios que la comunidad LBGT+ en Casa Frida en general. Primero se les hace una entrevista con el área de trabajo social para identificar sus necesidades. También se determina si pueden quedarse o no según su nivel de vulnerabilidad.

Si la persona puede quedarse estará máximo 90 días en el refugio. En este tiempo pasará por los tres ejes del plan de reintegración de Casa Frida:

  1. Hogar y seguridad: ofrece servicios básicos como alimentación, alojamiento y seguridad a las personas.
  2. Programa psicosocial: los miembros de la comunidad LGBT+ reciben atención psicológica individual y familiar y también atención psiquiátrica. Esto les ayuda a autoafirmarse y sentirse más seguros frente a las condiciones que los vulneran.
  3. Proyecto de vida: “No es nuestra intención que las personas generen una codependencia sino que puedan ejercer una ciudadanía libre”, cuenta Raúl Caporal. Por ello, apoyan a los refugiados en procesos de reintegración familiar o en la búsqueda de empleo.

Casa Frida: un proyecto más allá de la pandemia

Casa Frida mantiene su proyecto integral y sus necesidades básicas a partir de donativos de la ciudadanía, lazos con diversas organizaciones y, recientemente, gracias a la colaboración de los gobiernos de Francia y de los Países Bajos.

De acuerdo con Raúl Caporal, la intención es que el refugio sea algo permanente. “La comunidad LGBT+ siempre ha tenido la necesidad de este tipo de espacios de acogida independientemente de la pandemia”, afirma.

Por ello, continúa trabajando por generar diferentes mecanismos que atiendan las necesidades de la comunidad LGBT+ incluyendo a las personas migrantes.

Así, mientras el gobierno no cuente con políticas integrales con perspectiva LGBT+ o perspectiva de género, estas personas pueden encontrar un espacio de apoyo donde el camino sea más transitable.