Migrantes en México hacen frente a la saturación de los albergues

Daniel se encarga de organizar los donativos en Casa Tochán. Él sólo espera sus papeles para poder regresar a su país. | Foto: Emilio Almaraz / Sofía Almaraz / Conexión Migrante.
Muchos migrantes en México esperan la respuesta a sus peticiones de asilo en albergues que están al borde de sus capacidades desde hace semanas.
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Daniel Alexander tiene 22 años. Los últimos dos años de su vida los ha pasado en el albergue para migrantes Casa Tochán, en la Ciudad de México. Durante ese tiempo ha visto a muchas personas llegar, partir, esperar por un papel que les permita vivir o transitar en el país. Él también espera ese papel, pero el paso del tiempo no lo congela: lo hace integrarse con los otros y apoyarlos como puede.

Los pasillos de Casa Tochán son estrechos y muy largos. Casi todos desembocan en escaleras que llevan a habitaciones, a la cocina o a pequeñas oficinas con puertas por las que pasa una luz opaca. Desde una de estas oficinas, Daniel cuenta una historia similar a la de miles de sus connacionales.

Él dejó el municipio de Choloma, Cortés (en Honduras) cuando tenía 19 años. Buscaba llegar a Estados Unidos, pero su anhelo se vio frustrado por dos deportaciones y una detención de siete meses.

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Las habitaciones de Casa Tochán han estado al límite de su capacidad durante las últimas semanas. Debido a las restricciones por la pandemia, los habitantes tienen que portar cubrebocas casi en todo momento. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
Las habitaciones de Casa Tochán han estado al límite de su capacidad durante las últimas semanas. Debido a las restricciones por la pandemia, los habitantes tienen que portar cubrebocas casi en todo momento. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.

Ya no quiere cruzar a USA nuevamente: sólo desea regresar a Honduras. Sin embargo, planea hacerlo cuando el gobierno mexicano apruebe su solicitud de asilo. Así es más fácil volver, sin tener que tomar rutas clandestinas y peligrosas como indocumentado.

Mientras espera, Daniel comparte espacio con otros migrantes que transitan por México. Pero la pandemia y un aumento en los movimientos migratorios han traído cambios en la organización del albergue donde se encuentran.

Así enfrenta la pandemia este albergue para migrantes

Desde su experiencia, Daniel afirma que los últimos meses son cada vez más las personas que llegan a Casa Tochán. Muchas de ellas son migrantes haitianos que, por la diferencia de idioma, tienen dificultades para expresar cosas básicas como sus malestares físicos.

Ellos y Daniel conviven en pequeñas habitaciones donde hay literas, colchonetas y cobijas revueltas con ropa en el suelo. En plena pandemia, este tipo de espacios son focos de contagio sumamente peligrosos para quienes están el albergue.

“De hecho ya van varias veces que tenemos que ir a hacernos la prueba de Covid aquí a la alcaldía [Álvaro Obregón, al poniente de la CDMX]. Algunos que han dado positivo se quedaban en uno de los cuartos. Ahorita ya no ha habido casos, pero por eso dejamos de ocupar ese cuarto un rato”, cuenta Daniel.

El espacio al que se refiere es una habitación que parece montada temporalmente, con paredes plásticas y la instalación eléctrica visible. Ahora que no hay contagios, otros migrantes pueden usarla para dormir debido a la saturación del albergue. No obstante, se espera que pronto empiece la construcción de un mejor espacio en ese mismo lugar.

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La habitación donde antes dormían las personas migrantes contagiadas con Covid-19. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
La habitación donde antes dormían las personas migrantes contagiadas con Covid-19. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.

Otros espacios utilizados para hacer frente a la saturación de Casa Tochán son los lugares al aire libre. Antes de la pandemia, en ellos había actividades como clases de geografía y pláticas sobre temas legales. Sin embargo, todas se detuvieron por la Covid-19.

Algo que también se detuvo fue el cuidado de un pequeño huerto en la azotea del albergue para migrantes, pero esta actividad se ha retomado poco a poco. “Yo cuido algunas de las plantas. Crecen lento y están chiquitas, pero ahí van”, dice Daniel entre risas.

En el pequeño huerto de Casa Tochán hay cebollas, cilantro y otras plantas que algunos de los migrantes cuidan mientras están en el albergue. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
En el pequeño huerto de Casa Tochán hay cebollas, cilantro y otras plantas que algunos de los migrantes cuidan mientras están en el albergue. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.

El albergue también se levanta con la mano de quienes lo habitan

Daniel y la mayoría de los migrantes que pasan por México son personas que sólo buscan trabajar, encontrar una vía para vivir de manera digna y plena. Esto se refleja tanto dentro como fuera de los albergues.

En Casa Tochán, Daniel es el encargado de organizar la recepción de donativos en especie. Él recibe y contabiliza bolsas de arroz, equipo sanitario, medicinas y otros artículos necesarios para atender las demandas básicas en el lugar. Además, organiza a sus compañeros en el área de la cocina.

Los migrantes también tienen la oportunidad de vender artículos que fabrican en un pequeño taller de carpintería. Además, hay quienes salen a trabajar en obras en construcción cercanas al albergue o en otros lugares.

Como otros espacios en Casa Tochán, la cocina es un cuarto reducido que, sin embargo, se da abasto para atender a todos los huéspedes. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
Como otros espacios en Casa Tochán, la cocina es un cuarto reducido que, sin embargo, se da abasto para atender a todos los huéspedes. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
Las habitaciones en Casa Tochán son espacios reducidos donde a veces se ponen colchonetas para recibir a más personas. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.
Las habitaciones en Casa Tochán son espacios reducidos donde a veces se ponen colchonetas para recibir a más personas. | Foto: Emilio Almaraz / Conexión Migrante.

No obstante, las necesidades siguen siendo muchas. “Necesitamos comida, botas y ropa para quienes van a trabajar”, cuenta Daniel. También afirma que, a pesar de la saturación, la coordinadora Gabriela Hernández sigue brindando ayuda a quienes la solicitan.

Debido al riesgo latente de los contagios, Casa Tochán se ha coordinado con otros albergues como la Casa de Acogida Formación y Empoderamiento de la Mujer Migrante y Refugiada (CAFEMIN).

Y es que, aunque Tochán sólo acepta a hombres migrantes, este año han llegado varias familias en busca de un lugar para dormir. Es por eso que Tochán envía a estas familias a CAFEMIN; a su vez, CAFEMIN traslada a hombres solteros a Casa Tochán. Por otro lado, ambos albergues han organizado campañas para recibir donativos económicos y en especie.

Para ellos, la colaboración de la ciudadanía es esencial. También lo es que el gobierno mexicano responda a las solicitudes de asilo de los migrantes que transitan por México. Sólo así podrán desahogar sus espacios y reducir los riesgos sanitarios que conllevan habitar un albergue en plena pandemia.