El lado oscuro de los migrantes deportados a la Ciudad de México

Los migrantes deportados de USA se enfrentan a separaciones familiares y a abusos por parte de las autoridades. | Foto: Pixabay.
Jesús y Pedro, migrantes deportados a la Ciudad de México, nos cuentan el lado oscuro de su deportación, en donde la esperanza era lo único seguro que tenían. Texto de Samadi Bustos, David Hernández e Iridiana Teolotitla.
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En México existen miles de personas que fueron deportadas de Estados Unidos. Según el Instituto Nacional de Migración y su Reporte de Migración, sólo en diciembre 2018 a noviembre 2019 deportaron a 200 mil 800 mexicanos desde Estados Unidos y Canadá.

La búsqueda de migrantes deportados dispuestos a compartir su experiencia inició difundiendo un mensaje a través de las redes sociales. Algunas personas nos ayudaron a contactar a los deportados que conocían y dos de ellos estuvieron de acuerdo en apoyarnos.

Pedro Araujo, de 25 años de edad, se contactó con nosotros a través de la red social Facebook. A él lo encarcelaron por querer alcanzar el sueño americano. Jesús Vázquez, de 27 años de edad, migró a los 2 años de edad con sus padres hacia Estados Unidos y años después lo deportaron y lo separaron de su familia.

Debido a la emergencia sanitaria se organizaron las entrevistas a través de la plataforma digital Meet. En ellas, Pedro Araujo y Jesús Vázquez nos contaron la experiencia de su deportación y las injusticias que vivieron en ella.

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En prisión por tratar de alcanzar su sueño. “José Garza, Agente de la Policía Fronteriza, me mintió” dice Pedro Acosta

Pedro Araujo es originario de México. Después de siete meses de haber iniciado la pandemia por Covid-19, a los 24 años de edad, Pedro decidió emigrar junto con su papá en busca del sueño americano. Su objetivo era darle una mejor vida a su familia en medio de una crisis sanitaria.

La mayoría de los migrantes mexicanos tienen como principal destino Estados Unidos. | Imagen: Especial.
La mayoría de los migrantes mexicanos tienen como principal destino Estados Unidos. | Imagen: Especial.

En octubre del 2019, Pedro emprendió su viaje hacia Estados Unidos junto con su padre. Ambos viajaron de Ciudad de México hasta Reynosa, Tamaulipas, y ahí mismo fueron recogidos por las personas que se encargarían de cruzarlos a través del Río Bravo.

El cruce de Pedro por el Río no fue difícil: llegó a Texas y después de 4 días los trasladaron a otro lugar en un tráiler. En el camino, la policía fronteriza  los detuvo.

“Abrieron las puertas del tráiler y nos vieron, nos llevaron a declarar y me dijeron que el martes de la siguiente semana estaría en México. Nos llevaron a las famosísimas hieleras y estando ahí, de las 15 personas que nos detuvieron, a mí me separaron para ir a ver al juez”, dice Pedro.

El agente José Garza le aseguró que en unos días lo mandarían a México; sin embargo no fue así. A Pedro lo separaron de su papá y lo mandaron a una cárcel en Texas, donde lo bañaron, encadenaron, vacunaron contra la tuberculosis y lo pusieron en cuarentena.

Tarjeta de detención de Pedro Acosta. | Foto: Cortesía.
Tarjeta de detención de Pedro Acosta. | Foto: Cortesía.

Entre risas sarcásticas, Pedro dice: “José Garza me dijo que el miércoles estaría en mi casa, pero no me dijo cuál miércoles, ni de qué semana, ni de qué mes, ni de qué año. Me mintieron y violaron mis derechos al hacerlo”.

Se encontraba desanimado y preocupado. Los policías lo separaron de su papá, pero mientras él se encontraba detenido en Texas, afortunadamente su padre ya se encontraba en México.

“La policía fronteriza se carcajeaba y uno pues se agüita. Ahí es cuando el sueño americano se desvanece; además de que eran mexicanos. La misma raza se burla de uno”.

Pedro estuvo detenido 3 meses 10 días y un cumpleaños por querer alcanzar el “sueño americano”. Un miércoles por la mañana lo llamaron a través de las bocinas y le anunciaron que regresaría a México; el miércoles que le habían prometido había llegado.  Lo recogieron en autobús, lo llevaron al puente fronterizo de Nuevo Laredo y ahí lo cruzó la policía fronteriza (ICE) hasta mitad de puente.

Del otro lado se encontraba gente del Programa de Repatriación, que brinda a los mexicanos retornados desde EUA y Canadá un trato digno y con respeto a sus derechos humanos. Estas personas le ofrecieron ayuda para regresar a casa después de 3 meses de haber estado detenido en Estados Unidos.

De regreso después de una vida

Jesús Vázquez es un joven de 27 años, padre de familia originario de la Ciudad de México. Él emigró a Estados Unidos a la edad de 2 años en compañía de sus padres. El objetivo de ellos era buscar una mejor vida.

Con la ayuda de la tía de Jesús, quien ya residía en Estados Unidos, viajaron de la Ciudad de México a Tijuana y posteriormente cruzaron la frontera hacia California.

En Estados Unidos, Jesús y su familia consiguieron estabilidad rápidamente. Gracias a ella Jesús estudió la primaria, secundaria y bachillerato, donde fue entrelazando amistades que, más tarde, provocaron su regreso a México debido a que se metieron en serios problemas. Estos problemas llevaron a Jesús al grado de estar preso.

Diploma de high school de Jesús Vázquez. | Foto: Cortesía.
Diploma de high school de Jesús Vázquez. | Foto: Cortesía.

Lo que lo benefició en estas circunstancias fue no ser estadounidense. De hecho, su sentencia fue renunciar a la ciudadanía americana, además de regresar a su país de origen. El proceso de repatriación demoró una semana, hasta que finalmente le notificaron que sería devuelto a Tijuana.

Una vez de regreso en México Jesús no sabía a dónde o con quién dirigirse. “Llegué a México y no sabía nada. Ni siquiera sabía que era mexicano; yo siempre pensé que había nacido allá. Pero siempre estuve consciente de lo que iba a pasar, no me dio miedo o algo así”, comenta.

A pesar de haber vivido en Estados Unidos por 19 años, Jesús se adaptó completamente al modo de vida mexicano; sin embargo, no pierde la esperanza de volver a Estados Unidos junto con su familia formada en México. A través de las redes sociales revive los momentos que compartía con su familia y amigos, lo que lo pone nostálgico.

Al concluir la charla Jesús añadió: “A mí se me hace más fácil hablar inglés con mis amigos que conozco, entonces algunas personas se sienten ofendidas. Piensan que hablamos de ellos o somos mamones, pero ellos no conocen nuestra historia. Nosotros no decidimos irnos; nosotros no somos ni de aquí ni de allá”.

Su deportación sólo fortaleció su sueño

Al regresar a México, Pedro asegura que sentía estar en un sueño. Afortunadamente a él no lo tuvieron detenido mucho tiempo, pues comentó que en la cárcel conoció a paisanos que ya llevaban más tiempo detenidos.

Según la Suprema Corte, un inmigrante que está en espera de su deportación no puede permanecer detenido más de 6 meses a menos que su acreditación de nacionalidad y la respuesta de su país de origen se atrase.

Actualmente, Pedro Araujo dice: “Si tuviera la oportunidad de volver a irme lo haría, sobre todo porque sé que allá tendría mejor vida y así podría ayudar económicamente a mi familia aquí en México”.

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Muchos deportados siguen buscando la manera de entrar a Estados Unidos con la ilusión de buscar una mejor estabilidad económica para ellos y sus familias.

Por otro lado, Jesús, al llegar a México y hablar perfectamente inglés, entró a trabajar en un Call Center. Ahí obtiene un salario “bueno” que le ayuda a sostener a la familia que formó estando aquí.

Además, le da la oportunidad de viajar a Tijuana de vez en cuando para ver a sus amigos de Estados Unidos. Ellos cruzan la frontera para verlo; desafortunadamente, a su familia no la ha visto desde hace 8 años cuando fue deportado a México.

En casos como el de Jesús, el Instituto Nacional de Migración ofrece servicios gratuitos de alimentación, salud, impresión de la Clave Única de Registro de Población, información sobre opciones laborales, certificación, revalidación de estudios, acceso a programas sociales, entre otras cosas.

“En México no me ha ido mal. Honestamente me ha tratado bien pero extraño California. Tengo pensado regresar, sólo estoy esperando que se cumplan los 10 años. Yo quiero que mi hijo crezca allá”, comenta Jesús Vázquez.

A pesar de ser casos muy diferentes, en las entrevistas con los deportados se pudo notar la ilusión que tienen por regresar a Estados Unidos. Pedro, para darle una mejor vida a su familia aquí en México; Jesús, para volver a ver a su familia en Estados Unidos.