“Compramos bultos de 10 kilos de arroz y frijoles para enfrentar la crisis”

“Compramos bultos de 10 kilos de arroz y frijoles para enfrentar la crisis”
Como muchas familias de migrantes mexicanos, los Solís viven al día. Sin embargo, tienen comida para enfrentar esta cuarentena y las remesas se acabaron.
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Muchas familias con niños pequeños han visto su vida transformada en unos cuantos días debido a la pandemia. Es el caso de Luciano Solís y Alicia*, una pareja mexicana que vive con sus dos hijos en Connecticut.

Luciano tiene 33 años y desde hace nueve gozaba de un trabajo estable: era cocinero en un restaurante de Waterbury. A veces también pizzas o lavaba trastos. Pero se alegraba de que esta fuente de ingresos le permitiera cubrir los gastos de su casa y ahorrar un poco.

Tras declararse la emergencia sanitaria por coronavirus, su patrón le dio las gracias y le anunció, como a otros colegas, que ya no tendría trabajo. Como muchos otros restaurantes estadounidenses ha debido compactar sus operaciones para poder sobrevivir y ahora solo ofrece comida para llevar.

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Viviendo al día

“La mayoría de los restaurantes está así. El patrón dice que no tiene ventas. El virus redujo el trabajo, así que él decidió conservar solo a algunos trabajadores y mandar a los demás a casa”, narra Luciano.

Las sillas y mesas que solían estar llenas de gente y de historias, ahora están replegadas.

Como muchas otras familias migrantes, los Solís viven al día. Los programas de beneficios del gobierno federal de Estados Unidos solo les brindarán apoyo económico a unos cuantos ciudadanos y residentes.

“El coronavirus afectó a todo el mundo. Pero como somos ilegales, no nos toca nada. No tenemos seguro social, ni nada”. 

Hasta el pasado lunes 13 de abril, había un total de 12,035 casos confirmados de Covid-19 y 554 muertes en Connecticut. La oleada de contagios y la necesidad de frenarlos está afectando a todo tipo de actividades.

Alicia, por su parte, también tenía un trabajo de medio tiempo haciendo limpieza en una tienda. Pero como las ventas se detuvieron, también lo perdió.

Con los ahorros que tienen en efectivo y un pequeño patrimonio que resguardan en la banca están pagando sus gastos. Pero las rentas son caras en Waterbury, se lamenta Luciano, y hay que pagar también luz, gas, cable y teléfono.

“Solo de renta pagamos 1,000 dólares. Nos preocupa que nos lleguen a congelar nuestras cuentas. No tenemos mucho, pero es con eso que la estamos pasando y si no pagamos (las facturas) nos cortarán los servicios. Y cuando se acabe el dinero, la pregunta que nos hacemos es ¿cómo enfrentaremos los gastos?”.

Hoy, en cuarentena

Ante el temor de que los recursos se acaben, tan pronto supieron que sus ingresos caerían y que muchas tiendas estaban cerrando, la pareja previno comprando un bulto de 10 kilos de arroz, uno de frijoles y un galón de aceite.

En el día a día matan el tiempo lo mejor que pueden. La familia desayuna junta, ve televisión y revisa tareas escolares. Aunque los niños no están yendo al a escuela, sí han recibido mucha tarea de sus profesores, así que sus papás leen y estudian con ellos. Los pequeños se aburren, quieren salir al parque, pero esto no es posible.

 “Así como están las cosas, nadie te visita por miedo. Es aburrido. Hacemos lo que podemos para que el tiempo se vaya rápido. Esperemos que esto se termine pronto porque nos ha afectado mucho”.

Se acabaron las remesas

Y hay otro tema que inquieta a Luciano: sus padres en México, a quienes apoya económicamente.

 “Cada quincena, les mandamos algo de dinero. Ahora, ellos no podremos hacerlo porque aquí hay gastos, pero no ingreso”, dice. No es lo que desea, quisiera seguir ayudando, pero se consuela pensando que al menos sus padres no tienen que pagar renta en México, así que sus gastos son menores que los que él sigue teniendo en Estados Unidos.

(*) Nombre ficticio, por solicitud de la entrevistada.

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