La salud mental de las personas migrantes

Muchas familias experimentaron esas violencias antes de solicitar asilo en EE.UU. todo esto afectó su salud mental
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Andrea salió de El Salvador en medio de la noche. El reloj marcaba las 2:30 de la mañana, de un lado cargaba una mochila con apenas lo mínimo y del otro sostenía la mano de su hijo. Salieron dejando atrás su casa, su vida, sus sueños, su familia, sus amistades, quedarse significaba la muerte. La angustia de varios meses de amenazas y hostigamiento ya había hecho estragos en su salud física y la de su hijo, y su salud mental estaba trastocada. El mínimo ruido les ponía en alerta, y el miedo de salir de casa les acompañaba cada día. Migrar, en medio de la noche, fue su opción.

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Migrar no es sencillo. A las diferentes manifestaciones de violencia que pueden experimentar en el camino, se suma el miedo, el enojo, la ansiedad y el duelo, tanto de lo que implicó dejar su país como de las expectativas que se tienen sobre una nueva vida. El estrés se vuelve parte de su día a día, lo que en ocasiones desencadena síntomas de estrés postraumático derivado de detenciones migratorias prolongadas y de condiciones precarias que les atraviesan. El acompañamiento psicológico a las personas migrantes y solicitantes de protección internacional surge como una necesidad principal, y aunque forma parte de algunos programas de las instituciones públicas, aún hay carencias en la profesionalización y la detección de necesidades para esta población.

El IMUMI y la salud mental

Para Tatiana, una usuaria del IMUMI, proveniente de Centroamérica, pensar en la deportación de ella o su familia la coloca en un estado de angustia. “Si me deportan a mí o a mi familia, nos mandarían a la boca del lobo, y la posibilidad de construir una vida diferente se desvanecería. Cuando decidí salir de mi país pensaba si era lo correcto, si dejar atrás todo era lo correcto. Una voz dentro de mí me decía que sí, que no es normal vivir con miedo”. Sin embargo, pareciera que las políticas migratorias de la región ratifican que si es normal el miedo.

La mayoría de las mujeres migrantes provienen de lugares violentos y precarios. Ellas buscan salir de esos entornos y la esperanza de llegar a un lugar, a un país, donde la violencia deje de estar en sus vidas, parece ser el alivio; no obstante, se encuentran con destinos más violentos, que les recuerdan y hacen revivir la experiencia a lo largo del camino y en los países de destino. Para muestra, el programa “Quédate en México” o MPP. De enero de 2019 a enero de 2021, este programa obligó a las personas solicitantes de asilo en Estados Unidos a permanecer en México durante su proceso ante las cortes estadounidenses. Más de 72 mil personas fueron devueltas a territorio mexicano en ese periodo de tiempo, 40% mujeres y 33% niñez y adolescencia.

¿Cómo viven los migrantes afectados por las políticas migratorias?

Las condiciones en las que vivieron más de 650 días fueron precarias; a la falta de una vivienda digna, acceso a la salud, física y metal, educación y trabajo, se sumaron:

  • Los secuestros
  • las amenazas
  • las violaciones y
  • otros delitos violentos

Todos ellos fueron perpetrados por agentes de migración, policías y crimen organizado. Incluso, muchas familias experimentaron esas violencias antes de solicitar asilo en EE.UU. y al ser regresadas a México bajo MPP. La niñez aprendió a vivir con ansiedad, estrés, estado de alerta permanente y temor, ¿en qué momento permitimos que una política migratoria causará tantos estragos en la niñez y la adolescencia?, independientemente de su nacionalidad o estatus migratorio, son niñas y niños. Hoy nuevamente se está discutiendo la reinstalación de ese programa tras la resolución de la Corte estadounidense.

Migrar, nunca será la opción más fácil, los impactos en la salud mental de las personas son incalculables. Generan trastornos relacionados a la depresión, ansiedad, se pierde la noción de la realidad, se vive con la sensación constante de persecución, muchas veces real, y en duelo. A decir de Vilar y Eibenshutz, investigadoras de la UAM Xochimilco, la migración por sí sola no es una causa directa del deterioro de la salud mental, es la situación de:

  • Falta de empleo
  • Condiciones de vivienda
  • los acontecimientos traumáticos –antes, durante y después- de la movilidad

Todo esto lleva a una angustia psicológica.

Sin embargo, pocas veces la salud mental de las personas migrantes o con necesidades de protección internacional es prioritaria. La población en movilidad no sabe que existen servicios de salud mental a los que puede acudir o los evita por los estereotipos que existen alrededor de ir con un especialista, mientras que el Estado no dimensiona los efectos emocionales que sus políticas migratorias traen a las personas.

Es necesario que solicitantes de asilo reciban tratamiento

Desde el acompañamiento psicosocial se busca que las personas identifiquen que es normal experimentar esas emociones ante escenarios que son anormales, que son dolorosos, como una detención migratoria, la separación familiar, la negación de asilo, la imposibilidad de acceder a servicios de salud y de integración local, y la amenaza que implica una deportación, o peor aún, las deportaciones en cadena entre más de dos país, dejándolas a su suerte en la frontera de un país que no es el suyo, tal como sucede -desde hace unas semanas- con las expulsiones Título 42 de Estados Unidos que las traslada vía área al sur de México, para posteriormente ser llevadas vía terrestre por el Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala, sin información u orientación.

En contextos así, la salud emocional pasa a segundo plano cuando lo apremiante es salvar la vida en medio de políticas migratorias que desdeña sus necesidades de protección y que las condena a una deportación al lugar de donde han huido, como dice Tatiana “a la boca del lobo”. El miedo y desesperación se agudizan, y en ocasiones les impulsa a tomar rutas más peligrosas donde su salud física y emocional se compromete aún más.