Mundo Errante | La coyuntura latinoamericana. Entre imperialismo y resistencias.
Pepe Mujica, fallecido el 13 de mayo del año pasado, en un discurso ante estudiantes en Cosa Rica planteaba que “si la política no se encarga de construir con firmeza un proceso de integración, seguiremos estando fragmentados”. El huracán conservador que se ha desatado con la presidencia de Donald Trump para su segundo mandato pareciera dibujar una izquierda fragmentada.
El embate del imperialismo conservador parece no tener correlación o respuestas, más allá de lo reactivo, por parte de la izquierda. Hasta cierto punto, es comprensible, por la dinámica internacional que ha sido marcada por un Estados Unidos paulatinamente menos hegemónico a futuro, pero aún con capacidades de imposición en diversas partes del mundo en el tiempo presente.
La proactividad del régimen trumpista para marcar enemigos -ubicados en territorios que, casualmente, no tienen afinidades ideológicas con el país norteño-, ha hecho que sus afines ideológicos salgan a aplaudir sus políticas, abrir sus fronteras para recursos e inversiones o emular bailes poco coordinados de la victoria al ritmo de “The Village People”.
El campo progresista o de izquierda en la región latinoamericana parece, como decíamo reactivo, a la defensiva, antes que con iniciativas comunes que pongan un límite o al menos logren que la potencia del norte tenga que sentarse a negociar con otras consideraciones y condiciones sobre temas comunes y regionales.
La mandataria mexicana Claudia Sheinbaum, por ejemplo, ha sorteado con cierto éxito los conflictos aparecidos por temas arancelarios, las acusaciones en materia de seguridad y mantenido una mano extendida a Cuba. Aunque, por momentos la política exterior mexicana pareciera un tanto aislada, reactiva ante los discursos, dichos, hechos y amenazas de su vecino, la estrategia de negociación sobre temas concretos con el gobierno estadounidense ha sido efectiva ante una coyuntura que parece marcada por la obstinación de Trump.
En esa dinámica, Colombia vive un proceso electoral que pone en juego la continuidad del proyecto de gobierno iniciado por el presidente Gustavo Petro. Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico enfrenta a dos proyectos de derecha, la del uribismo representado por Paloma Valencia y el de una ultraderecha representada por Abelardo de la Espriella que busca capitalizar los descontentos en temas como seguridad, los diálogos de paz o la crisis
económica, tal cual lo ha hecho la ultra sudamericana en Chile o Argentina.
Las posibilidades de que Iván Cepeda gane en primera vuelta son remotas pero se abre la oportunidad de ir por un segundo período que afiance la estructura progresista en el país. A la par, Cuba se mantiene en una tensión creciente producto de la presión del gobierno estadounidense sobre la isla y su cúpula política. Recientemente, el Departamento del Tesoro, dictó una serie de sanciones que buscan impedir relaciones económicas con contrapartes estadounidenses y, desde Miami, acusan judicialmente a Raúl Castro del derribo de avionetas de la organización “Hermanos al rescate” en 1996. En la práctica, las medidas buscan que en la isla, viejo símbolo de la resistencia contra el imperialismo, se dé un aislamiento de la cúpula con respecto a la población que resiente los efectos de la crisis en falta de energía eléctrica, insumos, alimentos. Para tratar de convencerla de que la solución es admitir una guía desde la Casa Blanca y recibir recursos de los amigos de Trump.
Amigos como el presidente boliviano, Rodrigo Paz, que a punta de decretos busca revertir los beneficios de los gobiernos del MAS y regresar a una política neoliberal. La respuesta social ha sido tomar las calles, con mineros y campesinos desde hace semanas protestando y exigiendo la renuncia del nuevo mandatario.
Hay una dinámica en la región que busca mantener la idea de un único camino, como en los mejores momentos del neoliberalismo, pero ahora cargado de conservadurismo, proteccionismo y un mercado selectivo. Se trata de botar a la política para hacer que sea la economía que beneficia solo a algunos la que determine el futuro.
Sin embargo, como decían los de antes, como el Pepe Mujica, cuando la política es echada por la puerta se cuela por la ventana. Y hoy ante el panorama que parece conservador y fascistoide se mantienen abiertas las ventanas por las que entran las esperanzas en una política basada en el bienestar de las mayorías y no en el poder de unos cuantos.
Comentarios (1)
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Siempre es bueno anhelar una política de carácter general.