El viaje de Laura, entre la esperanza y el miedo…

La esperanza de Laura y sus hijas de obtener asilo se vio frustrada cuando llegaron a Estados Unidos, pues fueron regresadas a México Esta columna fue escrita por Gretchen Kuhner, directora, Instituto para las Mujeres en la Migración, AC
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Laura habló esta semana a la oficina para preguntar cómo podría volver a salir de Honduras para llegar a pedir protección en Estados Unidos. Ella es víctima de violencia familiar y comunitaria, perdió su casa en el huracán Eta en noviembre de 2020, y forma parte de las más de 70 mil personas que solicitaron asilo en Estados Unidos, entre enero de 2019 y enero de 2021, retornada a México para llevar a cabo su procedimiento bajo el Protocolo “Quédate en México”.

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La regresaron a Matamoros, México, a un campamento con poca higiene, comida, y acceso a salud y educación para sus dos hijas, de 8 y 11 años de edad. ¿Quién pensó que esa era una vía humanitaria para quienes huyen de la violencia? Stephen Miller, asesor de migración bajo la administración de Donald Trump, quien se dedicó a desmantelar el sistema de protección estadounidense, evitando que entrara cualquier persona migrante o solicitante de protección. Nacionalista, racista y xenófobo, un hombre de 34 años de edad puso en peligro a miles de personas que estaban cumpliendo con la ley.

Estas personas sólo trataban de pedir protección a las autoridades estadounidenses. La administración de Trump fue exitosa en su plan de dejar a seres humanos en situaciones de violencia, en condiciones físicas y psicológicas tan precarias que abandonaran la esperanza de recibir protección en los Estados Unidos y regresaran a sus países de persecución. Ese fue el caso de Laura. Llegó la pandemia y como se cancelaron todas las audiencias en los EE.UU. ya no pudo aguantar las condiciones en Matamoros y regresó a Honduras.

La crisis que hizo a Laura salir de Honduras no había terminado

Pero como a las más de 40 mil personas que “abandonaron” sus casos de asilo bajo “Quédate en México”, la persecución que las llevó a salir no había desaparecido a su regreso. Laura se mudó con su madre a la casa familiar, se quedó de “bajo perfil” y se concentró en sobrevivir a la Covid-19.

El 03 noviembre de 2020 llegó el huracán Eta, una tormenta tropical categoría 4, y justo después Iota. Estos fenómenos dejaron a Laura, su madre y sus hijas caminando en las calles inundadas de agua y la casa familiar destrozada por un deslave.

La única justicia divina de la situación fue que ese mismo día, Stephen Miller perdió su plataforma de destrucción en las elecciones estadounidenses. Había logrado construir decenas de niveles de barreras, desde la construcción del muro, los acuerdos de tercer país seguro con Guatemala -un país expulsor- a vedas de asilo para personas que cruzaron México antes de solicitar asilo, todo con cambios administrativos a nivel ejecutivo y con el aval del entonces presidente Trump.

Mientras Laura y sus hijas encontraron albergue temporal de la destrucción de los huracanes, Stephen Miller dejaría atrás un legado de políticas antinmigrantes. Estuvo apoyando las teorías de conspiración de Donald Trump, incluyendo apoyo para la insurrección del 06 de enero de 2021.

Pero finalmente el 21 de enero se acabó parte de la pesadilla, Miller salió y la nueva administración Biden cancelaría “Quédate en México”.

EE.UU. ya no regresaría más solicitantes de asilo a México bajo Migration Protection Protocols (también llamado “Quédate en México”). Esta decisión fue fácil de implementar porque la frontera seguía, y sigue cerrada, bajo la política Título 42. Pero fue un gesto simbólico.

Título 42, otra pesadilla para los migrantes

En marzo de 2020, el gobierno estadounidense, bajo el pretexto de la pandemia, adoptaría una política de expulsiones de personas mexicanas y centroamericanas, Título 42. Esta acción que permite cerrar la frontera a casi toda persona, con poquísimas excepciones, con el pretexto de proteger al país de una pandemia, sin sustento de políticas de salud pública.

En febrero de 2021, la administración Biden anunció que las personas que habían sido retornadas bajo “Quédate en México” con casos abiertos podrían registrarse en una plataforma administrada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Conecta, para entrar a los EE.UU. y seguir con sus procedimientos de asilo -como establece la ley.

De las 27 mil personas registradas con casos abiertos, más de 13 mil se registraron entre febrero y junio y entraron por 6 puntos de la frontera para reunificarse con familiares y buscar representación y acompañamiento con organizaciones de la sociedad civil y abogadas y abogados pro bono en alguno de los 50 estados norteamericanos.

Parece una cifra pequeña, 13 mil personas, frente a las casi 500 mil personas tratando de entrar a EE.UU. en los primeros 6 meses de 2021 expulsadas bajo Título 42. Pero cada persona tiene una historia, una familia, un trauma, unas esperanzas. Ver a las familias entrar inspiró un poco de confianza en que se podían desmantelar las barreras de Trump.

La ACNUR dio una segunda oportunidad a Laura

Pero Laura y sus hijas no entraron en esta primera fase porque habían “abandonado” su caso. Fue hasta los primeros días de julio que el ACNUR anunció que empezarían a registrar a los otros casos bajo “Quédate en México”, los que regresaron a casa, que estuvieron esperando en otras partes de México o el mundo. La administración del presidente Biden sigue desmantelando -paso a paso- las políticas violatorias de la protección internacional de Stephen Miller y su jefe.

Es un milagro que Laura y sus hijas sigan vivas. Después de 2 años, un viaje desesperado al norte y uno de decepción de regreso, ahora con 10 y 13 años de edad, Laura y sus hijas finalmente tienen la posibilidad de entrar a EE.UU. para seguir con su procedimiento de asilo. Aun es un proceso difícil.

El gobierno mexicano no está otorgando las visas para cruzar a la frontera norte -ni para las personas que tienen autorización- entonces tendrán que esperar. Pero hay una esperanza de alcanzar un derecho que siempre ha sido suyo, el derecho a solicitar protección internacional donde se sientan seguras. Mientras Stephen Miller está fundando una organización para litigar los avances en políticas migratorias menos violatorios de derechos humanos. Laura y sus hijas siguen sufriendo las consecuencias de sus 4 años en el poder.