Rocío Rebollar, la madre que ha vencido al sistema migratorio de USA varias veces

Rocío Rebollar Gómez no sólo ha perdido contacto con sus hijos en cada separación; también tiene nietos que la esperan en casa. | Foto: Cortesía.
Esta es la primera parte de la historia de Rocío Rebollar Gómez, una migrante mexicana que ha sacado adelante a su familia en Estados Unidos. Pero las cuatro expulsiones de las que ha sido víctima han hecho el camino difícil para ella y para los suyos.
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Rocío Rebollar Gómez es una migrante mexicana de 52 años. Ella nació en Acapulco, Guerrero, pero se fue a San Diego, California, cuando tenía 20. Desde ese entonces la han expulsado de Estados Unidos cuatro veces. Sin embargo, las cuatro ocasiones ha regresado para estar con sus hijos y continuar con una vida que quedó pausada.

La meta de Rocío Rebollar no era vivir “del otro lado” sino ganar dinero, ahorrar y regresar a su país. Pero, cuando llegaron sus hijos, decidió quedarse en USA.

“Mi historia es como la de muchas mamás y papás que tienen que trabajar para tratar de darles otro estilo de vida a sus hijos, otro nivel de educación… una vida diferente. Gracias a Dios, con mucho esfuerzo, yo logré que mis tres hijos se graduaran de la universidad”, cuenta con orgullo.

Pero, a pesar de la alegría en la voz de Rocío al hablar sobre su familia, la vida para ella no ha sido fácil. No después de cuatro expulsiones de Estados Unidos y un largo proceso para que, finalmente, pudiera regresar con sus hijos tras solicitar asilo.

El inicio del largo camino de Rocío Rebollar

La primera vez que Rocío salió de Estados Unidos en contra de su voluntad fue en 1995. En aquel entonces ella trabajaba en un hotel; además, llevaba en su vientre a uno de sus hijos.

Rocío recuerda que hubo una redada en la que las detuvieron a ella y a otras mujeres embarazadas en su trabajo. Las mandaron a Tijuana y las liberaron unas 3 o 4 horas después de la detención.

“A mí no debían detenerme”, dice, “porque tenía entre 7 y 8 meses de embarazo. Estaba por aliviarme”. Aun así pudo volver rápido a San Diego. Esto le preocupaba porque había dejado a sus hijos y a su madre solos.

“Mi mamá siempre había vivido conmigo; era como cuidar a otra hija, ¿sabes?”, dice Rocío entre lágrimas, con una voz que demuestra tristeza pero también un profundo cariño.

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Rocío cuenta que, mientras estuvo en detención, un agente le sugirió arreglar sus papeles. Ella siguió su consejo y, en el 2004, inició un proceso para regularizar su estatus migratorio. Pero, para su mala suerte, tuvo un pésimo abogado que no se ocupó de preparar el caso.

“Ni siquiera se fijó si tenía récord migratorio”, recuerda Rocío. Afortunadamente no tenía registro debido a que estaba embarazada cuando la detuvieron en el 95; pero, aun así, perdió esa audiencia.

Fue así que Rocío Rebollar tuvo que abandonar Estados Unidos por segunda ocasión, esta vez por medio de la salida voluntaria. Nuevamente se separó de sus pequeños y de su madre por un tiempo.

Como a muchos migrantes, en esta ocasión, Rocío tuvo que poner una pausa a su vida debido a la falta de un buen representante legal. Sin embargo pudo regresar de nuevo, aunque el destino todavía le guardaba otro duro golpe.

Perdió parte de su vida, pero puede volver a empezar

Después de su primera detención en 1995, Rocío decidió hacerse de su propio empleo. Gracias a él y a sus horas de esfuerzo invertidas logró adquirir tres propiedades y un auto, además de sustentar la educación de sus hijos y el cuidado de su madre.

Rocío tiene un negocio naturista que le ha ayudado a construir un futuro sólido en USA. | Foto: Cortesía.
Rocío tiene un negocio naturista que le ha ayudado a construir un futuro sólido en USA. | Foto: Cortesía.

En este aspecto, su vida también se parece a la de muchos migrantes. Cualquiera puede pensar que el “sueño americano” es fácil, pero la comodidad en Estados Unidos cuesta grandes sacrificios. El miedo constante, las más de 10 horas de trabajo diario, el peligro latente de la deportación…

“Terminar de graduar a tres hijos de la universidad (y sin deudas) se dice fácil pero no lo es”.

Cada ir y venir para Rocío ha sido tener que estabilizarse de nuevo. Cuando volvió después de su deportación de 2004 no fue la excepción. Sin embargo, perdió todo de nuevo cuando volvieron a detenerla en 2008.

En esa ocasión sí enfrentó un proceso de deportación, pero pagó una fianza de $25 mil dólares para alargar su caso un año más.

En 2009 le negaron la petición para quedarse. “Fueron por mí un sábado por la mañana y me llevaron a un centro de detención de ICE, donde estuve por dos meses”, cuenta Rocío.

En ese entonces tenía un hijo en la universidad, otro en la high school y una hija en la primaria. Cuando regresó de nuevo, las deudas estaban hasta el cielo. Aun así, Rocío Rebollar logró sostener a su familia en pie.

Una vez más, Rocío luchó por estabilizar su situación financiera. Pero de pronto le llegó un último golpe: alguien la delató con la migra en 2018 y la fueron a buscar a su negocio.

Las duras políticas migratorias de la administración de Donald Trump no le permitieron quedarse. Y, en su país de origen, la violencia la obligaba a regresar a Estados Unidos. Además, otra vez, sus hijos se habían quedado solos con su madre.

Sin embargo, “un milagro”, dice, le permitió regresar.