María Tovar: la mujer migrante que apoya a buscar trabajo a indocumentados

María Tovar: la mujer migrante que apoya a buscar trabajo a indocumentados
María es una mujer migrante que atravesó una serie de dolorosas dificultades. Entre sus ganas de sobresalir, tener para comer y sufrir abusos, nos cuenta una cara de EE.UU. de la que nadie habla: La parte que le toca vivir a las mujeres migrantes...
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María Tovar es una mujer migrante de 30 años que lleva 8 años viviendo en EEUU. Ella nació en una familia de 14 hermanos, en San Miguel de Allende, Guanajuato. Actualmente se dedica a ayudar a otros, que como ella, sufrieron muchas dificultades para encontrar un trabajo bien pagado siendo indocumentados.

Su familia sufrió varias carencias económicas. Estudió los primeros semestres de derecho en México. Asimismo, destacan de ella su responsabilidad y sed de crecimiento. Poco después, quedó embarazada, por lo que sus prioridades cambiaron.

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Posterior al nacimiento de su hijo, su esposo se fue a EE.UU. para poder solventar los gastos y ella se quedó sola haciéndose cargo de su bebé mientras él le enviaba dinero. Los gastos crecían y el dinero no alcanzaba, por eso ella tuvo que migrar, fue entonces que consiguieron quien pudiera cruzarla al otro lado. María cruzó sola, de hecho planeó su traslado con otras dos personas. El primer paso fue llegar a un hotel a Nuevo Laredo.

De esta experiencia María nos cuenta:

“Admito que no, ningún problema en el cruce, las personas que me guiaron eran amables, pero en una ocasión, al llegar a la frontera, una vez que cruzamos, la primera indicación fue que corriéramos todo lo que pudiéramos, yo iba tomando la mano de una embarazada de 5 meses, y sentía miedo y necesidad de cuidarla. A veces sentía que corría con todas mis fuerzas porque parecía ella depender de mí, más que por mí misma”

En algún momento antes de cruzar, pudo hablar con algunas mujeres provenientes de Honduras, quienes contaban haber sido violadas o agredidas en todo el transcurso a la Unión Americana.

Posterior a este hecho, María Tovar llegó a Texas y se encontró con su esposo y la familia de éste.

Ella, mujer humilde, empática y sensible, se sintió aliviada. En ese momento, creyó que por fin tendría un hogar establecido y las cosas mejorarían. Nunca sospechó que estaría por conocer un lado de EE.UU. que nada tiene que ver con el sueño americano que todos contaban.

“Yo venía de un hogar muy humilde, y uno ingenuamente piensa que porque uno es bueno con la gente, la gente también es buena con uno. Lamentablemente, cuando llegué a Texas, no fue así” dijo la mujer migrante.

A pesar del estigma que hay en Texas por la comunidad migrante, María no se dio por vencida.

En Texas el infierno apenas comenzó

María sufría la ausencia de su hijo, por lo que le pidió a su esposo que consiguiera la forma de que lo cruzaran.

“Yo hablé con mi esposo en aquel entonces. Le dije que no tener a mi hijo cerca era como estar incompleta…no podía estar más tiempo lejos mi niño. Así que vimos la manera de que se viniera con nosotros. Cuando estuvo conmigo me sentí más segura”

María Tovar trabajó mucho tiempo en un hotel, en ocasiones la carga de trabajo ascendía a realizar hasta 60 habitaciones por día. Ella no tenia quien la ayudara en el cuidado de su niño, por lo que tuvo que auxiliarse de niñeras, viviendo con el miedo constante de que pudiera sucederle algo, pero no le quedaba de otra. Era eso o no comer. Además, todo aquello era temporal, una vía para poder darle lo mejor a su niño.

Las cosas seguían sin pintar bien en su vida, María había abandonado su país, ya contaba con su hijo, pero seguía soñando, no sólo como madre, sino como mujer. Sentía la necesidad de hacer más de evolucionar y creer. Entonces volvió a quedar embarazada, de nuevo la prioridades cambiaron, ni así se dio por vencida. Ahora tenía más razones para salir adelante.

Cuando la nieve tocó su corazón

Pasar todas estas dificultades hizo que María pudiera apreciar cada detalle de la vida, por más pequeño que fuese.

“Conocí la nieve un día que fui a trabajar al hotel y me bajé del camión, caminé unas cinco cuadras, luego supe que había otro camión que me dejaba en el Hotel donde trabajaba, pero yo no sabía. Uno sin saber inglés no puede preguntar y la gente no te da la información. Iba caminando y empezaron a caer copos de nieve. Yo me asusté, porque, para ser sincera, uno es bien ignorante y en México nunca me había tocado presenciar una nevada.

María narraba esta anécdota con mucha ilusión, su niña interior salió a flote aquella mañana al caminar sobre todo aquello que se ponía blanco. Aquella vivencia fue para ella como vivir en un cuento mágico.

Cuando llegó al hotel, se dio cuenta que tenía los tennis rotos “Ni modo, tuve que trabajar así, ni sentía que estaban rotos.. porque estaba tan emocionada de haber conocido la nieve”

Luego cambió de trabajo, un lugar donde se dedicaban a hacer comida y desayunos para trabajadores de oficina. Griselda, su nueva compañera, se convertiría en una de las primeras personas bondadosas que la apoyarían y tratarían con amabilidad. En ese instante, María pensó que por fin podría sentirse bien, trabajaba, aunque no ganaba mucho, podía pasar más tiempo con su hijo. Tristemente nunca imaginó lo que viviría.

“detrás de cada cosa buena o mala, siempre viene otra más” ,comentó.

El doloroso recuerdo de María Tovar

Un día que iba camino a su nuevo trabajo, al cruzar el peatón, un sujeto intentó abusar sexualmente de ella.

“Recuerdo que para mí fue un suceso muy traumante…aún me cuesta hablar de ello- dijo con la voz ahogada, tragó saliva y sacó fuerzas para continuar- Muchos carros se pararon y por eso el sujeto renunció a su cometido, pero yo estaba en shock, no lo conocía, era un sujeto común. Recuerdo que cuando huyó, porque llamamos a la patrulla, me miró con una sonrisa malvada y perversa. Desde entonces vivía con miedo de reencontrármelo”

María tuvo miedo, temía por su integridad y por su estatus migratorio. Pero con ese valor que la caracteriza decidió denunciar, nunca supo si detuvieron a su agresor. Pero para entonces, Texas se había convertido en ese lugar del cualquier quería huir. El miedo a volver a ser atacada la atormentaba.

Un día su esposo le dio a guardar $1000 dólares:

“Él nunca me daba dinero a guardar, así que dije, lo pensé bien, me armé de valor y me dije -este es el momento- con ese dinero nos fuimos con mis hijos a los ángeles. Ya no quería estar ahí”

La mujer migrante que luchó por sus sueños

Poco antes de irse, María por fin había encontrado trabajo en una empresa que le dio la oportunidad de cumplir su sueño de estudiar. Un trabajo desde casa. Actualmente está estudiando la licenciatura en Administración de la Mercadotecnia y ama lo que hace.

“Conocí una compañía que me abrió las puertas, me contrataron con mi ITIN. En ese entonces yo no sabía, pero cuando una empresa hace eso debe pagar multas. Esta empresa me da a mí y muchas otras personas la oportunidad de tener un trabajo digno y crecer económicamente”

Por cuestiones de seguridad, María evitó decir el nombre de la compañía.

Actualmente María dice estar comprometida con la comunidad, más específicamente con las mujeres migrantes. Por eso, extendió la invitación a que si eres indocumentada(o) en EE.UU y no encuentras empleo, puedes acudir con ella enviando un mensaje a Conexión Migrante.

Su historia nos proyecta una realidad, la de las mujeres migrantes. Quienes han tenido que desarrollar con mucho dolor valentía, coraje y sensibilidad. En ocasiones todas esas vivencias se tienen que visibilizar en un mundo que constantemente las vulnera. Esas mujeres deben ser representadas como lo que son, mujeres fuertes y resilientes.

“La gente me dice que cuando hablo, lo hago con mucho dolor. Yo no suelto el dolor, porque gracias a él y a todo lo que viví soy lo que soy. Cuento mi historia, porque estoy segura que es sólo una de muchas que han vivido las mujeres migrantes” comentó María.

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