Paloma, la mujer migrante que estuvo en 15 cárceles por trabajar

Paloma, la migrante que estuvo en 15 cárceles por trabajar
Paloma estuvo en un total de 15 cárceles en EE.UU. Su unico deseo era trabajar y salir adelante, nunca imaginó que su sueños se destruyeran.
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Ella es una mujer migrante que estuvo en 15 cárceles. Alejada de sus hijos y seres queridos. “Yo sólo quería trabajar”  dijo Paloma con la voz temblorosa, a punto de llorar.

Paloma Torres Rodríguez es proveniente del pueblito de Jerez, ahí tuvo a una hermosa niña. Se dedicaba a trabajar y su madre, Celia Cruz, la apoyaba en el cuidado de su hija.

El recuerdo de su madre pasaba por su cabeza “ a mí no me faltaba comida, trabajo ni amor” pero cuando la madre falleció, nada fue lo mismo. De hecho, cambió todo.

Tras este lamentable suceso Paloma se quedó sola a cargo de su hermano menor y su hija. Su historia es la de muchas mujeres en México, mujer sola sin apoyo.

Pese a que su padre estaba vivo ella nunca recibió su ayuda. La figura masculina totalmente ausente.

Sucedió pues que, ella tenía visa , por lo que eligió trasladarse a Estados Unidos con su hermano y su hija.

Después de llegar a EE.UU. una esperanza se asomaba, conoció a un hombres del que se enamoró profndamente y con el cual tuvo dos hijos. Las cosas parecían haber cambiado para ella.

Ella y su esposo tenían por fin trabajos dignos, lograron a base de esfuerzos hacerse de un hogar, un carro, tener vacaciones y una vida estable.

“Mi vida fue muy bonita, éramos muy unidas en la familia, las reuniones, el trabajo, todo estaba perfecto” dijo Paloma.

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La mujer migrante que perdió sus sueños

Un día, de manera inesperada, las autoridades migratorias fueron a la planta de trabajo donde se encontraba Paloma. En esa inspección identificaron que ella era indocumentada y que para colmo usaba papeles falsos.

Jamás vislumbro el tamaño del problema, tenía miedo de no volver a sus hijos. Cuando ICE la arrestó comenzó a vivir en una celda pequeña. En este lugar tenia dos compañeras. Las condiciones en las que vivía eran indignas, comentó que de comer le daban azúcar y jamón molido.

Cabe destacar que en Dakota permaneció 3 meses, aquí espero a que le dictaran sentencia. El dictamen del juez fue de 14 meses de cárcel, pero a Paloma le dijeron que si la movían de cárcel su sentencia disminuiría, por lo que aceptó sin dudar.

Tiempo después tuvo depresión tras ser trasladada varias veces de cárcel en cárcel. Dejó de comer y se desmayaba con facilidad.

Al final las autoridades la trasladaron a Nebraska donde luchó contra la depresión. Aprendió varios oficios entre ellos aprendió a hacer trenzas y depilaciones, también trabajaba limpiando la clínica donde la trataban. En el fondo tenía mucha esperanza de salir libre y ver a sus hijos.

Solía tener a su lado una mochila lista con todas sus cosas, por si la llamaban. Sin embargo, cada día su esperanza moría y se veía obligada a convivir con otras mujeres a las cuales les tenía miedo. Muchas estaban ahí por homicidios y venta de drogas.

Se sentía un poco extraña en aquel ambiente. Muchas le preguntaban “¿por qué estás aquí?” Y ella respondía “Yo sólo quería trabajar, sólo quería trabajar y me agarraron por los papeles”.

Cuando por fin la liberaron, no le dejaron sacar el dinero que había ganado en la prisión y no tenía más ropa que el uniforme de cárcel.  La trasladaron a una aeropuerto pequeño, en el que viajaba al lado de otros reos, todos hombres, quienes se encontraban esposados de manos y pies.

Llegó a México sin dinero, ni familia

El avión aterrizó en Nuevo Laredo, en ese lugar se encontraba sin teléfono, sin hogar y sin dinero. Tuvo mucha suerte de que una señora le diera permiso de hacer una llamada a su familia para que le enviaran dinero.

Aquella noche un familiar pasó por ella a la central de autobuses de Zacatecas, en la cual esperó todo el día. Gracias a su familiar tuvo con qué vestirse y donde dormir.

Días después buscó un empleo, razón por la que comenzó a limpiar casas ajenas y a vender quesos en la calle. Sólo de esta manera, lograba juntar $100 diarios, esa cantidad estaba muy por debajo de su sueldo en EEUU que era de $400 dólares.

A pesar de la precariedad, le solicitó a su esposo que enviara a sus hijos. Luego, su esposo vendió todos los bienes que tenían en EE.UU., pero el matrimonio no funcionó. La precariedad de ganar $1000 pesos semanales fracturó su relación por completo.

Paloma se quedó nuevamente sola, aún así nos comparte sus palabras de fortaleza “no debe uno doblarse y menos cuando tienes hijos”.

La vida da mucha vueltas, hoy en día Paloma es agente financiera y trabaja de limpieza en un hotel, ya que desea darles una educación a sus hijos. Mientras tanto muchas mujeres como ella se esfuerzan día a día por sacar adelante a sus hijos.

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