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El Paso Strong: Al interior de un tiroteo
Colegio de la Frontera Norte | 8 octubre, 2019
ku kux clan

Foto: Voz de América

El tiroteo en El Paso, Texas, responde a múltiples factores, entre ellos los mensajes racistas del presidente; un texto de Rosa Isabel Medina Parra

El evento conocido como “El tiroteo en El Paso Texas”, es considerado como “el mayor crimen de odio contra los hispanos en la historia de la era moderna en Estados Unidos” (Laborde, 2019), y corresponde a la balacera perpetrada en un supermercado, que dejó como saldo 22 personas muertas, de las cuales 8 eran mexicanas, y otras 24 heridas.

Estos lamentables acontecimientos ocurren dentro de la comunidad binacional identificada como Paso del Norte, misma que está conformada principalmente por dos ciudades, del lado mexicano Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, y por el lado norteamericano, El Paso, en el estado de Texas, separadas únicamente por el cauce del Río Bravo.

Ésta región es considerada la de mayor fuerza de trabajo bilingüe y binacional en América, y la segunda de mayor densidad poblacional de la Frontera México-Estados Unidos, con más de 2 millones de habitantes, estrechamente relacionados en ambos lados de la línea divisoria, que comparten no solo vecindad, sino valores, tradiciones y afectos.

Particularmente, articulada como una ciudad de in­migrantes (donde el 80% de su población es de ori­gen hispana),

El Paso, Texas, era consideraba para 2018 como la segunda ciudad más segura de Estados Unidos al tener un promedio de 18 muertes violentas anuales (solo por encima de New York); destacando que su economía depende en gran medida de sus operaciones comerciales con México.

Pero, ¿cómo se llega a un evento como éste en un contexto que plantea un aparente control de la vio­lencia?, indudablemente, intentar aproximarnos a un suceso tan terrible, plantea la necesidad de identificar aquellos elementos que alientan la violencia en todas sus manifestaciones.

Por lo tanto, partiendo de antecedentes históricos es posible afirmar que para nadie es secreto la existencia de grupos racistas en Estados Unidos, mismos que, desde ideologías radicales basadas en intolerancia, discriminación, violencia, fanatismo y el desprecio por los derechos humanos, proclaman la “supremacía de la raza blanca”.

En el estado de Texas existen más de 50 de ellos, entre los cuales destacan: el Ku Klux Klan, American Freedom Party y Movimiento Nacional Socialista, por mencionar algunos de los que han sido señalados como los perpetradores de distintas manifestaciones de violencia, que se han tipificado como crímenes de odio, por ser infligidos contra una persona o un grupo de personas, por razón de su raza, identidad étnica, origen nacional, religión, orientación sexual, etc.

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Otro elemento importante lo constituye el discurso oficial recurrente por parte del Presidente de Estados Unidos, que criminaliza la migración, donde las distintas redes sociales y medios de comunicación internacional dan cuenta de sus continuas declaraciones contra la población migrante, a quienes en más de 30 ocasiones ha llamado “invasores extranjeros”; afirmando, desde octubre de 2018, que deshacerse de éstos implica estar liberando al país, transmitiendo indirectamente un mensaje de aprobación e impunidad para quienes perpetran crímenes de odio contra los grupos minoritarios, mensaje que fomenta la violencia, especialmente si se considera que en Estados Unidos se denunciaron en los últimos diez años más de 2 mil casos de crímenes de odio, de los cuales menos del 15% fueron objeto de una investigación federal, destacando que entre 2018 y 2019 se perpetraron más de cien casos, y únicamente 17 de ellos llegaron a configurar un juicio criminal.

Otro aspecto a considerar es el problema de violencia con armas de fuego que padece Estados Unidos, donde incluso la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) lo señala como el país desarrollado con la cifra más alta de muertes violentas, y que se relaciona directamente con la facilidad con la cual se pueden adquirir.

Si bien la portación de armas de los ciudadanos norteamericanos tiene un fundamento legal, éste data de 1791 y tenía como objeto limitar al Gobierno Federal, consecuencia de la inestabilidad que caracterizaba a la época.

Actualmente en ese país existen a nivel nacional más de 60 mil tiendas legalmente constituías que venden armas, sin contar las casas de empeño que también las ofertan y el mercado negro que lucra con esta actividad comercial, misma que es altamente redituable, especialmente por la rapidez con la cual se pueden adquirir, ya que en el mejor de los casos, en locales establecidos, el vendedor solamente debe presenta los datos del comprador en una solicitud ante el registro nacional criminal y esperar su autorización, trámite que dura menos de veinte minutos, identificándose la ausencia de esquemas de control efectivo sobre dichas armas.

Así mismo, Amnistía Internacional afirma que el Gobierno de Estados Unidos presenta un creciente retroceso en materia de derechos humanos, tanto al interior como al exterior del país, destacando sus ataques recurrentes a los medios de comunicación, ha retenido y reprogramado ayuda financiera y humanitaria, ha intentado revocar la Ley para la Atención de la Salud Asequible, además se documentaron prácticas de tortura por parte de la Agencia Central de Inteligencia y su encubrimiento y el apoyo a gobiernos extranjeros, legitimando violaciones graves a derechos humanos, por señalar algunas.

El primer mandatario norteamericano ha expresado que el incremento de hechos violentos, particularmente los acontecimientos más recientes perpetrados por jóvenes, son producto del uso de videojuegos, reproduciendo este tipo de conductas.

Si bien algunos expertos apoyan parcialmente tal consideración, es innegable la grave crisis de valores que enfrentan los jóvenes estadounidenses, provocando el incremento en los indicadores de deserción escolar, aunado a la crisis económica a la que éste segmento de la población se enfrenta y el incremento exponencial de drogadicción juvenil, donde la Junta de Fiscalización de Estupefacientes afirma que éstos llegan a consumir alrededor de 160 toneladas de cocaína anualmente, además de que alrededor del 18 % de ellos llegan a ser víctimas de eventos violentos.

Desde la combinación de los factores previamente abordados, bajo un ambiente de odio racial que persiste en algunos ámbitos norteamericanos, es posible observar como particularmente algunos medios de comunicación, como el New York Times y el Washington Post, refieren la existencia de un manifiesto racista antiinmigrantes que justifica el ataque en El Paso, como “una respuesta a la invasión hispana de Texas”, adjudicando su autoría al joven Patrick Wood Crusius de 21 años, identificado como el presunto perpetrador de tal masacre, quien proveniente de Allen, Tx; tuvo que conducir por más de diez horas para lograr su objetivo: “matar a mexicanos”, quedando de manifiesto el miedo irracional que priva en algunos grupos norteamericanos al afirmar que “Los hispanos tomarán el control del Gobierno local y estatal de mi amado Texas”.

Si bien las autoridades federales describen el ataque como un delito de terrorismo doméstico, refieren la posibilidad de reclasificarlo como crimen de odio, dadas sus características, lo que podría llevar a Crusius a enfrentar la pena de muerte.

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Por lo tanto es necesario reconocer el código simbólico y los desafíos que plantea un evento tan deleznable, que responde desde una combinación perversa del racismo, la discriminación y el odio hacia los grupos minoritarios, el discurso hostil y la criminalización hacia la población migrante por parte de la Presidencia, sus políticas antiinmigrantes, la crisis que prevalece en materia de derechos humanos, el mensaje de aprobación e impunidad que se percibe ante este tipo de crímenes, el acceso casi ilimitado para adquirir armas y la crisis de valores que enfrentan los jóvenes, donde la drogadicción constituye en sí misma un verdadero problema.

No obstante, a raíz de esta situación la población de la región binacional estrechó aún más sus lazos de solidaridad y fraternidad, mostrando al mundo la resiliencia que los caracteriza, surgiendo el lema identificado como “El Paso Strong”, que de manera simbólica dejaba en claro la unidad y fortaleza que caracteriza a los habitantes de la región Paso del Norte, articulando todas las manifestaciones de apoyo, tanto nacional como internacional, hacia las víctimas de la masacre.

Indudablemente estos terribles acontecimientos nos muestran que el problema es multifactorial, y nos llevan a reflexionar sobre sus causas, a buscar e identificar plenamente al o a los responsables, esperando que desde los propios esquemas de justicia paguen, en la medida de lo posible, por su falta a la sociedad.

Por otra parte es evidente que urge trabajar en esquemas de prevención a partir de los aprendizajes adquiridos, que lamentablemente han ido de la mano del dolor, de la impotencia, la exposición y la vulnerabilidad, incluso en la segunda ciudad más segura de Estados Unidos.

Este artículo fue escrito por Rosa Isabel Medina Parra para el Colegio de la Frontera Norte

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