10 de mayo y el reconocimiento de los derechos de las mujeres
En México, desde 1922 se estableció el 10 de mayo como Día de las Madres, por iniciativa del dueño de un periódico de carácter conservador y el entonces Secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, también de ideas conservadoras, es decir, desde su origen dicha celebración tuvo un carácter reaccionario. La UNAM Global Revista señala: “Ese mismo año, en Yucatán, un movimiento feminista liderado por Esperanza Velázquez abogó por la planificación familiar y el control natal. La Iglesia católica se opuso firmemente a esta postura, exaltando el papel de la mujer como madre y cuidadora del hogar, promoviendo la celebración del Día de las Madres como un reconocimiento a este rol.”
En perspectiva histórica, el día de las madres ha sido utilizado por la derecha reaccionaria para limitar los derechos de las mujeres, en particular aquellas que son madres. El daño ha sido reiterado y sistemático, empleando el cine y la televisión (en realidad todos los medios de comunicación) para promover estereotipos y prejuicios en contra de las mujeres que luchan por sus derechos contraponiendo a la figura de la madre abnegada.
También se celebra dicha fecha en Belice, El Salvador y Guatemala, en tanto que en los USA se celebra el segundo domingo del mes de mayo, que casualmente coincide con el 10 de mayo. Para la comunidad migrante que radica en norteamérica es un día de celebración y para compartir con la familia. Precisamente por ello es muy importante abonar a la reflexión sobre el significado de dicho acontecimiento.
Desde su origen la fecha fue ocupada para manipular a la opinión pública, ya que en nombre de la figura inmaculada de la madre se negaba la existencia real de las mujeres que trabajan y luchan por salvaguardar la vida y bienestar de las familias. Consideremos que “El trabajo de cuidados no remunerado o mal pagado recae en todo el mundo sobre las mujeres y las niñas, quienes dedican 2,5 más horas del día que los hombres a esa labor, impidiéndoles ejercer plenamente sus derechos y oportunidades a lo largo de la vida”, además que según la “ONU Mujeres, en algunos países el valor monetario del trabajo no
remunerado de las mujeres superaría el 40% del Producto Interno Bruto (PIB)”.
La postura conservadora, además de negar el gran aporte de las mujeres que se dedican a las labores de cuidado (que incluye a las madres, pero no solo ellas), también se opone al reconocimiento, garantía y ampliación de los derechos de las mujeres que debería hacer el Estado y la sociedad, en temas tan importantes como: el derecho a ejercer una maternidad libre y voluntaria, con base en la educación integral en sexualidad, servicios de salud sexual y de calidad, métodos anticonceptivos.
Pero además, en el capitalismo la ganancia no proviene ni de la supuesta valentía o ingenio de los empresarios ni de una mano invisible, la ganancia proviene del trabajo vivo de las y los trabajadores asalariados, en ese sentido el excedente de la ganancia es robada a las y los trabajadores. Mediante la automatización y el uso de la tecnología el capital aumenta la producción y por tanto sus ganancias, pero sin aumentar el salario de las y los trabajadores.
En el contexto del capitalismo y el patriarcado, los cuales están fuertemente entrelazados, el trabajo de cuidados que realizan mayoritariamente las mujeres no es pagado ni siquiera con un mal salario, simplemente no es pagado (ni reconocido su aporte a la economía ni a la subsistencia de la sociedad). Se trata de una doble o triple explotación.
El capitalismo en América Latina se ha dedicado a destrozar las redes sociales de las comunidades, desbastar las economías locales y regionales, precarizar los salarios y la vida, lo que ha obligado a numerosos grupos humanos a migrar en busca de mejores condiciones de vida, es decir, el capitalismo y sus representantes son la causa de la migración y su empobrecimiento.
Urge cambiar las cosas, no basta con celebrar el 10 de mayo, es necesario exigir justicia para las mujeres y que puedan ejercer sus derechos a plenitud, urge construir en la región – incluido los USA- sistemas nacionales de cuidados, para que se reconozca y sea remunerado el trabajo de cuidados que hacen las mujeres y que no vean coartadas sus posibilidades de desarrollo. Lo real es que sin las labores de cuidado que realizan las mujeres ninguna sociedad sería viable. Son las madres migrantes un sector de la población con el que se tiene una deuda mayor.
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