Mundo Errante | 5 de mayo y soberanía
El 5 de mayo es una fecha de enorme simbolismo, representa un momento álgido de la lucha por la soberanía nacional. Soberanía, por cierto, es una palabra que hemos escuchado con insistencia en las últimas semanas.
Pero mientras, se recuerda aquella batalla, de 1862, entre el que se consideraba uno de los mejores ejércitos del mundo, con soldados capacitados, profesionales de la guerra, con mejor armamento, más experiencia en batallas por el mundo y un ejército mexicano, incipiente, con poca experiencia profesional, nacido de las luchas intestinas, con poco armamento. Era el presagio de una batalla desigual en la que el general Zaragoza, que lideraba aquellas tropas mexicanas, pretendería, al menos, diezmar al rival para darle tiempo al gobierno y a la nación de preparar la defensa del país.
Tiempo y defensa nacional, hoy también resuenan cuando los acontecimientos recientes llevan de una injerencia a otra. Son tiempos de un imperialismo proteccionista que usa la guerra y los aranceles como arma. Que adopta discursos deterministas y amenazantes para lograr disciplina y alienación a intereses que, desde la persona que los lanza, deberían ser lo de él y todos. Mucha presunción y desprecio por las naciones. Tanto como el que sabemos tuvo en su momento ese ejército francés, mejor armado y muy soberbio.
Soberbia es también la que acompaña a ciertos personajes de una derecha reaccionaria, que busca alinearse en el mundo y que ha decidido, por qué no, buscar escenarios en México para hablar de la libertad, no de la libertad que se acompaña de democracia y justicia social, no de la libertad que se equilibra con la igualdad y la solidaridad entre personas y pueblos. No, esta derecha viene a reivindicar una liberta basada en la conquista.
Este grupo de derecha da por sentado que el mestizaje, las instituciones y la religión son una misma cosa y que, como en tiempos de Hernán Cortés, a quien buscan como santo patrono de sus excesos intelectuales y políticos, debe imponerse nuevamente ante los “excesos de la reivindicación indigenista”. Lo que, además, califican de poco civilizado y al gobierno mexicano que lo defiende -horror, horror- prácticamente igual a la revolución cubana, aunque ellas y ellos le llamen, a uno y a otro, dictaduras. Dictadura porque la democracia que entiende esta derecha no nace del pueblo, curioso.
Y mientras ese pueblo, que se organiza aquí y allá, celebra el 5 de mayo en tierras del imperio, pues desde hace décadas, es fiesta nacional en otras tierras que también son propias de las mexicanas y los mexicanos, que han convertido esa fecha en símbolo de resistencia y celebración de la comunidades mexicana, latina y migrante en varias ciudades de Estados Unidos. En una celebración que allá se equipara a la de la independencia aquí.
Una independencia a la que curiosamente, hoy, Estados Unidos también representa una amenaza. Por su renovada doctrina Monroe por la injerencia en temas de la región, por su búsqueda de alineamiento de gobiernos afines y no afines. Por su insistente definición de la seguridad que equipara a las personas migrantes con enemigos de la nación.
Por su lógica de que para ser una región estable un país soberano se debe dejar desestabilizar permitiendo que ingresen agentes, fuerzas armadas, elementos especializados para brindar paz y llevarse a los tipos malos. Unos que sean señalados como terroristas, otros que puedan ser sospechosos de serlo. Y que no se ponga, por supuesto, como pretexto
a la soberanía.
Soberanía, otra vez esa palabra en un cinco de mayo que recuerda que un ejército sin tanta preparación enfrentó a uno mejor preparado y armado.
En tiempos convulsos, donde la injerencia de un imperialismo proteccionista, de guerra, pretende dictar los estándares y valores del mundo, donde la política necesita apelar a la soberanía como definición de estado, para mantener independencia. Como aquella que se logró en esa victoria de ese cinco de mayo.
En esa donde Zaragoza, que pretendía causar estragos al enemigo, logró derrotarlo. “Las armas del Supremo Gobierno se han cubierto de gloria” le diría el general victorioso al ministro de Guerra. Zaragoza, por cierto, nació en Texas, cuando era territorio mexicano, muestra de que las fronteras no están determinadas, se construyen, o como dirían hace años algunos activistas, las fronteras nos cruzan, no las cruzamos nosotros.
Excelente artículo!!!