Historias de Deportados | Rodolfo López, un mexicano en Las Vegas [PARTE 1]

Historias de Deportados | Rodolfo López un mexicano en Las Vegas
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Esta es la historia de Rodolfo López Celis, quien se describe como experto en limpieza de campanas de cocina, aunque las manos le sangren por los químicos que arranca la suciedad. También sabe preparar pasteles dulces y altos en calorías al gusto de los estadounidenses, y es cocinero de comida china, su especialidad: “orange chicken”. Estos oficios los aprendió en su estancia de 9 años como inmigrante indocumentado en Las Vegas, Nevada, Estados Unidos, la que califica como “la ciudad más cosmopolita del mundo”.

Él creyó que “del otro lado” iba a vivir con lujos, “viví lo que tenía que vivir, muy ‘nice’ en lo material”. Sin embargo, eso no satisfizo sus necesidades afectivas. Relata que todo cambió cuando su esposa se introdujo al cristianismo. “Mientras yo trabajaba dos jornadas diarias, ella se la pasaba en el culto cristiano”. El enojo lo arrastró a la prisión preventiva por responder con golpes a unos amigos cristianos de Mireya Martínez, –la madre de sus hijos: Ángel Isaac, de 11 años, y de Kenya Emily, de ocho–, que lo querían evangelizar y eran “metiches”, evoca.

La separación de Rodolfo y Mireya fue inminente. Ella quería un cambio y se casó con Pedro Soto, un México-Americano que le ayudó a obtener papeles. “Se escondieron y no vi a mis hijos por muchos años”. Cuando pudo reencontrarse con ellos comenzó otra dolorosa separación. Desde 2015 Rodolfo ve obstáculos de distancia, tierra, agua, túneles y amenazas de muros impenetrables, más un discurso xenófobo contra los inmigrantes en Estados Unidos emitido por el presidente Donald Trump, el líder de ese país, otrora ejemplo de libertades.

La vida en Estados Unidos para Rodolfo no fue bonita, no fue como se la pintaron. No quiere regresar a menos que sea legal y por sus hijos.

“Me dieron una patada por el trasero, a pesar de que siempre trabajé. Zapata dijo que la tierra es de quien la trabaja. Y por derecho ancestral, los latinos somos dueños legales de esa tierra. Los que viven engañados son ellos y no nosotros. Hay estadounidenses que son gente de bien, pero muchos han sido genocidas, acabaron con tribus de los estados invadidos […]”

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MÚSICA PARA SANAR

La música le liberó el alma y lo salvó de la depresión. Cuenta que era famoso entre el “populacho de Las Vegas”. Toca el güiro, escribe canciones, canta y es animador de bailes. Hoy de vuelta en su patria, divide su tiempo en trabajar como conductor de taxi, cantante-animador, y también es activista en el grupo Deportados Unidos en la Lucha, que dirige la también retornada Ana Laura López, quienes buscan promover apoyo legal a bajo costo y comprensión de la gente sobre el problema de la movilidad humana que no es un delito, sino una característica esencial del ser humano: el movimiento.

Rodolfo López Celis tocando el güiro

Puedes escuchar muestra de su música en este enlace de SoundCloud.

En 2015, Rodolfo fue deportado por la patrulla fronteriza. En Nevada, Estados Unidos, dejó deudas, entre ellas la manutención de sus dos hijos. “Debo entre 14 a 18 mil dólares por exceso de pago de Child Support. Realmente creo que si proceden, pueden venir por mí a México y me pueden encarcelar por no pagar la manutención”.

Dice que un mal día, unos policías lo detuvieron por conducir sin placas –sí con permiso– pero sin licencia. Otra agravante: llevaba a 5 pasajeros, en lugar de 4, y no había pagado multas de tránsito debido a la desidia, revela. Estuvo preso en un centro de detención 5 meses por esos denominados “delitos menores” y por ser indocumentado.

“Yo no firmé nada. Un cuate latino de apellido Ibarra me agarró mi dedo, me lo puso en tinta y me hizo poner mi huella”.

Esa escena lo hizo reflexionar en torno a que lo mismo le habrían hecho al dictador Antonio López de Santa Anna (1794-1876) cuando firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, que ponía fin a la Intervención Estadounidense en México (1846-1848). Se dice que Estados Unidos compró a precio irrisorio más de la mitad del territorio mexicano. Y sobre ello, Rodolfo enfatiza: “No creo que Santa Anna solo haya cedido todo el territorio voluntariamente. Debió tener mucha presión”.


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