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Mundo Errante | La euforia del mundial y la cuestión social

La semana empieza con una zambullida futbolera que colocó al país al borde de la locura. Se esperaba un resultado adverso, pero la imaginación colectiva se dejó sentir mientras las multitudes pensaban en un futuro promisorio que colocara al futbol del lado de la gente y el
corazón del lado de la esperanza.

Un mundial de futbol siempre despierta pasiones y expectativas. Al jugarse en casa, además, permitía que el sueño colectivo no fuera simplemente una expectativa sin sentido, sino la congregación de una emoción social para que ser anfitriones se convirtiera también en una
posibilidad de trascender en el tablero de ganadores del evento deportivo.

La vehemente algarabía de millones de personas ha hecho que el mundial no quede opacado por eventos paralelos que se preveían complejos, sino que, por lo contrario, permitieron que el lado social afuera de la cancha tuviera otro eco. En México, las protestas sociales pusieron el dedo en la llaga y la demanda de justicia social fue vista en otras latitudes. Sin que eso significará, como alguna parte de la oposición desearía, una catástrofe para el gobierno mexicano.

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Por supuesto, el entorno mundialista ayuda a liberar tensión política, pero también puede ayudar a ocultar acciones que van en un sentido diferente al de la efusividad. Por ejemplo, en Colombia, cuya selección ha desplegado un juego elegante, vistoso y efectivo, el
presidente electo, Abelardo de la Espriella en vísperas de que su selección juegue por su pase a cuartos de final, ha anunciado que propondrá la reducción de cerca de 20 mil millones de dólares al presupuesto nacional con lo que afectará de manera directa a la inversión social y a los salarios de los trabajadores. Esto lo acompaña de amenazas de cárcel a Petro, a Iván Cepeda y, además, del anuncio de la creación de una brigada urbana con tufos paramilitares o de copia del ICE gringo, que, dice el ultraderechista, “erradique la corrupción y el hurto”.

En Ecuador, el inicio del mundial opacó una nueva declaratoria de guerra contra el narcotráfico y las bandas criminales que deriva en mantener un lenguaje bélico para una estrategia que ha dejado muchas dudas, pero que se acompaña de una nueva legislación que permite al presidente Noboa conceder indultos, reducir o conmutar penas para militares, policías y civiles que participen en operaciones relacionadas con acciones armadas, lo que se ha extendido también a aquellos militares de países que colaboren en territorio ecuatoriano.

En Estados Unidos, entre otras cosas, operativos de agentes del ICE encubiertos, que se presentan como trabajadores de empresas públicas y que aprovechan para aprehender a personas de origen latino sin redadas. A la par, ha crecido el número de repatriados deportados, durante el mundial no se notó, pero las deportaciones aéreas desde Estados Unidos a la frontera sur de México han aumentado más del
doble en relación con el año pasado.

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También el mundial ha dejado en las páginas posteriores a las deportivas que, mientras el presidente estadounidense recibía ganancias, casi un millón de personas que invirtieron en la criptomoneda de Trump sufrieron pérdidas por casi 4 mil millones de dólares. Mientras la gente
común perdía dinero, el mandatario y su círculo cercano recibieron ganancias derivadas de esta actividad especulativa.

En este mundial la FIFA, además, va de la mano de Trump, luego de darle un premio por sus esfuerzos para la paz mundial, de apoyar medidas del presidente norteamericano, Gianni Infantino tuvo a bien recibirle una llamada para platicar sobre una tarjeta roja que fue mostrada al jugador de la selección de futbol de Estados Unidos, Folarin Balogun, durante los dieciseisavos de final que, los terceros anfitriones del mundial compartido jugaron ante Bosnia y Herzegovina. Bastó una llamada de amigos entre Trump e Infantino para echar atrás una decisión arbitral y permitirle a Balogun jugar frente a Bélgica los octavos de final.

Sin duda, el mundial de futbol representa una ventana política para los gobiernos, les permite animar a las multitudes y pareciera opacar la cuestión social, la protesta, la indignación y dar lugar a que se tomen decisiones cuestionables sin que se note. Esto no opaca la pasión y la vitalidad, la alegría y la expectativa que el juego genera ante un resultado. La magia del futbol es que no oculta la realidad social.

Comentarios (1)
  1. Así la
    cultura mexicana…

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