Cruzando líneas | Hacinados en la pesadilla americana
Entrevisté a una niña que tuvo su primera menstruación en un centro de detención. Estaba encerrada con su mamá y decenas de mujeres que formaban parte del experimento de la política que después se conocería como “Cero Tolerancia”, liderado
por la primera administración Trump, hace como 10 años.
La llegada de su periodo fue aún más traumática que la misma adolescencia. Me contó que estaba hacinada en un centro de Arizona que a duras penas tenía un baño y una llave con agua potable. No había jabón para las manos o papel sanitario y todas compartían un par de vasos si tenían sed. Pensar en toallas sanitarias era un lujo que solo podía imaginar. ¿Duchas? Solo si tenían suerte. Se tapaban con esas cobijas metálicas y un suéter que ella veía cargando desde Honduras.
El recuerdo de ese suéter le detona el trauma migrante. Con él se limpiaba, se secaba y se tapaba. Duró una semana así. Lo primero que hizo al salir fue tirarlo, aunque me confesó que hubiera preferido quemarlo y que ardieran también las memorias del encierro.
Hace tiempo que no hablo con ella, pero ahora es mayor de edad y vive aún en Baltimore. Su hermanito, que entonces era un bebé, casi llega a la secundaria. Ni ella ni su familia hablan de lo que vivieron en ese verano en la frontera, pero cada vez que escuchan en las noticias las condiciones deplorables en las que tienen las autoridades a los migrantes, sienten escalofríos y se les despiertan los recuerdos.
Si las heridas de aquel verano siguen abiertas para ella, imagino lo que sentiría si hubiera visto lo que los congresistas arizonenses atestiguaron la semana pasada en Mesa, Arizona. Adelita Grijalva, Yassamin Ansari y Greg Stanton realizaron una visita sorpresa al Centro de Coordinación de Remociones en el aeropuerto Phoenix-Mesa Gateway.
“Lo que está ocurriendo aquí constituye un fracaso humanitario. Supervisión del Congreso no es opcional; es nuestra responsabilidad. El secretario Mullin debe actuar de inmediato para poner fin al hacinamiento, restablecer las condiciones básicas de higiene y alimentación, y ofrecer transparencia total sobre cómo se permitió que esta situación llegara a tal extremo”, expresó Grijalva, la congresista del sur de Arizona.
Antes, los funcionarios tenían que dar un aviso de siete días para visitar esos centros de detención temporal, pero gracias a un fallo de la Corte ahora pueden llegar así, sin “echar aguas”. Así que esta vez, todo fue distinto a lo que se veía en esos recorridos planeados.
Los legisladores federales explicaron que el lugar tenía espacio para alrededor de 150 personas, pero según récords del Deportation Data Project hay registros de que casi 800 lo abarrotaban en un día cualquiera. Algunos de los detenidos duran días encerrados ahí, en las mismas condiciones deplorables, cuando se supondría que sería un lugar de paso de cuando mucho 12 horas.
Las autoridades migratorias dicen que todo está bajo control. En respuesta a los medios de comunicación, ICE asegura que operan bajo los estándares federales y que cualquier otra postura es “desinformación”.
Lo cierto es que Arizona ha sido desde hace mucho uno de los estados involucrados en las polémicas por la manera en la que trata a los migrantes detenidos que pelean por su caso o ya tienen una orden de deportación que será ejecutada. Aunque muchos de los detenidos en ese aeropuerto de Mesa van a ser trasladados a otros centros de detención dentro del mismo país, los reportes de condiciones infrahumanas han sido el enfoque de asambleas comunitarias y denuncias de derechos humanos.
Los valores de un país se reflejan en los rostros que encierra y en los silencios que provoca. Si el encierro y la indiferencia son nuestro espejo, ¿qué nos dice el reflejo? A ellos los tenemos hacinados en una pesadilla que alguna vez un sueño americano.
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