Mundo Errante | Los peligros del giro conservador
El pasado domingo se realizó la primera vuelta de las elecciones en Colombia, los resultados pondrán al candidato de la izquierda progresista Iván Cepeda frente al ultraderechista Alberto de la Espriella en una segunda vuelta que pinta complicada para el gobierno del Pacto Histórico que lidera Gustavo Petro, actual presidente de esa nación.
Lo que resulta relevante es que, en esta contienda electoral, una vez más, un candidato ultraderechista que maneja un discurso conservador, anti-derechos, anti-migración, misógino, se coloca como opción entre el electorado. No es una casualidad, hay una tendencia global que hace que las políticas conservadoras tengan auge como una forma de solucionar los problemas sociales que se ligan a la seguridad o el desempleo.
Hemos visto que estas políticas conservadoras se han visto impulsadas en un contexto de un orden global marcado por el régimen de Donald Trump, que ataca como causas de todos los males a la migración, a la izquierda, al uso de recursos para propiciar el ejercicio de derechos (como a la salud). La retórica trumpiana y su despliegue de creación de conflictos por el mundo ha propiciado que haya émulos o bien quienes quieren ir más allá de lo que plantea este personaje. Apenas hace unos días, la Unión Europea, UE, por ejemplo, cayó ante embates conservadores y ha aceptado emitir un reglamento del Pacto de Emigración y Asilo que permitirá centros de deportación de emigrantes en terceros países fuera de la UE.
El Consejo Europeo, la Comisión Europea y Parlamento Europeo se alinean a la ultraderecha que ve en las personas migrantes un objetivo y con ello busca que se limiten permisos por razones humanitarias, familiares o laborales. La medida ha causado alarma entre organizaciones civiles que alertan sobre los problemas de supervisión de los derechos humanos, así como que se abra la puerta a deportaciones ilimitadas hacia países que no garanticen la seguridad de las personas deportadas, a que se realicen detenciones arbitrarias y se rompa un orden de derechos que se ampara en la norma internacional vigente.
Muchas veces hemos planteado desde este espacio editorial que enfrentamos una coyuntura llena de xenofobia que justifica la visión conservadora de una división deliberada entre quienes buscan culpables de la crisis, de la carencia, de la falta de empleos, que hacen del enojo colectivo contra las personas migrantes una cada vez más insistente forma de pasar por encimas de sus derechos, todo por la seguridad de un orden que consideran amenazado para justificar la violación a los derechos humanos.
En alguna entrega anterior, escribimos que las personas que migran aportan beneficios económicos, culturales, políticos. Pagan impuestos, envían remesas, ejercen emprendimientos, se integran en la sociedad, son parte de la vida de las naciones que los reciben, tengan o no papeles. Se busca simplemente justificar la falta de políticas económicas eficaces contra la recesión, contra el desempleo y contra la falta de derechos sociales efectivos. La ultraderecha que apela a este discurso es una mezcla de trumpismo, con efectos de la idea que el gobierno debe tener mano dura, que debe ser intolerante con los excesos del progresismo, que requiere de discursos de orden, familia y nación.
Se recurre a figuras de empresarios que tienen éxito y son ejemplo de aquello a lo que se debe aspirar, que se lanzan contra las personas migrantes, contra los derechos sociales, contra las políticas ambientales, contra la búsqueda de bienestar general. Algo como lo que ocurre ahora en Colombia, donde un personaje con estas características, que habla de manera ruda, que apela a una idea de mundo dividido entre los que merecen y los que no merecen derechos, que abraza políticas neoliberales, conservadoras y patriarcales ha logrado aprovechar los tropiezos del régimen del Pacto Histórico por escándalos de corrupción y cuestionamientos a su política de seguridad.
No olvidemos, además que la elección colombiana ha estado en la mira de la política estadounidense, que después de su intervención militar en Venezuela, había amenazado con ir detrás de Gustavo Petro. Lo cual, se liga con las orientaciones electorales que los Estados Unidos han tenido antes en Ecuador, Honduras o Costa Rica. Hay que recordar, ante este giro conservador, como lo hizo la presidenta Claudia Sheinbaum el domingo pasado que “la historia nos ha enseñado que ningún pueblo conserva su libertad si permite que intereses extranjeros decidan sobre su destino.”
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