Dios no bendice ningún conflicto y los cristianos no apoyan a quienes bombardean: Papa León XIV

Ante la tensa situación que se vive en Oriente Medio, el Papa León XIV centró su discurso de este viernes en una condena absoluta a la guerra y en un llamado urgente a la paz, asegurando que “Dios no bendice ningún conflicto” y añadiendo que “quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca se pone del lado de quienes ayer empuñaban la espada y hoy lanzan bombas”.
Dios no bendice ningún conflicto ¿Qué dijo el Papa?
En el marco de la asamblea para elegir al sucesor del Cardenal Louis Raphaël Sako, ocurrida este viernes 10 de abril en el Vaticano, el Santo Padre recibió a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los Caldeos y calificó los conflictos armados como una profanación de lo sagrado.

Además, el Papa denunció que la vida humana, especialmente en Oriente Medio, está siendo tratada como un “efecto colateral” de intereses comerciales y de poder, al mismo tiempo aseguró que las acciones militares no generan libertad, esto sólo se logra a través de la promoción paciente de la convivencia y el diálogo puede crear tiempos de paz.
En este sentido, el Papa confió en los obispos la tarea de ser “signos de esperanza” ante las brutalidades que “se extienden con ferocidad precisamente en las tierras que vieron surgir la salvación, en los lugares sagrados del Oriente cristiano, profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios, sin consideración por la vida de las personas, considerada como mucho un efecto colateral de sus propios intereses” .
“Pero ningún interés puede valer más que la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar la sangre inocente derramada”
Por otro lado, León XIV pidió pleno respeto a los cristianos en las tierras de Oriente Medio para que “se sientan animados, a pesar de todas las pruebas, a permanecer firmes en la fe recibida de los Padres y a quedarse en sus territorios”.
La asamblea, que se desarrolla en Roma del 9 al 15 de abril, ocurre en una fase descrita por el Papa como “delicada y compleja”. El Sínodo no solo debe elegir a un nuevo guía espiritual, sino también navegar una realidad donde la “codicia y el odio” amenazan la supervivencia de las comunidades cristianas en Irak y la región.

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