Cultura y organización de la resistencia
Como público consumidor de distintos géneros musicales, puede exigir a todos los grupos y artistas que se definan a favor de la democracia y el bien común.
Bien dice el dicho popular que “no hay mal que dure mil años” y también dice la gente “ni quien lo aguante”. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de la lucha de los pueblos contra los tiranos. Llega el tiempo de pasar del miedo y la zozobra a la organización de la resistencia. Definitivamente es posible organizarse para dar respuesta contundente a la ofensiva antimigrantes. La cultura y el arte nos dan la inspiración para construir respuestas colectivas, innovadoras, estratégicas y, sobre todo, pacíficas.
De acuerdo con la Asociación de la Industria Discográfica de América, la “música latina” generó 1,400 millones dólares en 2024, es decir, el 8.1 % del mercado total de grabaciones en EU.
La industria de la música de impulso latino, migrante, contribuye a generar riqueza, impuestos, empleos y tiene influencia en el sentir de las personas, a través conciertos, suscripciones a plataformas de música, productos y más. Por lo que cabe preguntarse si con dicho aporte a la economía norteamericana los artistas no puede pedir, exigir, un trato respetuoso y digno a la comunidad. La respuesta es que ¡claro que pueden!
En México, la banda musical Cafe Tacuva, propone un boicot a una plataforma de música argumentando que esta apoya la guerra. No es el único ejemplo de postura política a favor de los derechos humanos y la dignidad de las personas.
Bad Bunny decidió que, en vez de hacer una gira mundial por su disco Debí TiRAR MáS FOToS, lo mejor era hacer su “Residencia” (serie de conciertos) en su país. Demostrando que hacer defensa de su país y su gente, es compatible con su éxito comercial. Según los cálculos que se tiene, se espera un beneficio de US$200 millones para Puerto Rico por los 30 conciertos.
La Universidad de Yale tendrá un espacio académico para reflexionar sobre dicho acontecimiento, que lleva por título “Bad Bunny: estética y política musical”. Con lo cual se rompe el cerco que la administración Trump está tratando de imponer sobre las universidades estadounidenses, sobre sus contenidos y la presencia migrante.
Se van a cumplir 6 meses de la toma de posesión del Presidente Trump (20/enero/2025), seis meses de terror y trato indigno a la comunidad migrante por parte de los que se creen que pueden atentar contra la democracia y el sistema de protección social en EU. Esto no puede seguir así, ni la economía ni la sociedad aguantan más las desastrosas acciones del gobierno de Trump.
Frente a los autoritarios es momento de organizar la resistencia, plantear políticas sociales que busquen el bien común. La política represiva contra la comunidad migrante debe cesar. El público latino que nutre la llamada economía naranja (economía del arte y la cultura), debe poner un alto al “personaje naranja”, tiene el suficiente peso económico y cultural para exigirlo. Hay ejemplos de cómo hacerlo.
Desafortunadamente, algunos grupos de música “latina” le dieron la espalda a su público migrante, a pesar de ser ellos mismos son migrantes, de primera o segunda generación, votaron por Trump y aún no se hacen cargo de su error a pesar del evidente daño que a significado para su gente, para su público. ¿O que no saben que incluso al salir de los conciertos el ICE podría detener a los migrantes? Como lo hace de forma cruel en hospitales y escuelas.
Es tiempo de tomar conciencia de la influencia y poder del Pueblo, en distintos ámbitos de la vida social y económica, para que levante su voz, como en la música. Como público consumidor de distintos géneros musicales, puede exigir a todos los grupos y artistas que se definan a favor de la democracia y el bien común, así como puede decir dejar de seguir a aquellos que se pongan del lado de los autoritarios. Como decía José Martí el gran poeta y libertador latinoamericano, quien vivió en EU: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas, y mi honda es la de David”. El heroico pueblo migrante tiene mucho que hacer. Es el tiempo de organizar la resistencia.