Mundo errante | El desvarío hegemónico de Donald Trump
Pensar que la migración se controla mediante detenciones permanentes, de deportaciones a terceros países y la imposición de sanciones económicas que afectan a sus socios comerciales, es una muestra del declive que USA tiene con el régimen de Donald Trump.
Immanuel Wallerstein (1930-2019), el teórico del sistema-mundo, en 1995 señalaba que el liberalismo, después de la caída del comunismo, no encontraría su consolidación sino un debilitamiento en su papel histórico, que la adulación del mercado, el rechazo contra los pobres y extranjeros que pregonaban los conservadores, no podría suplirlo. La presidencia de Donald Trump tiene los signos de ese conservadurismo sin destino de éxito.
Esta semana Estados Unidos ordenó un cobro del 17% de arancel sobre las exportaciones de tomate mexicano. Esta medida se suma a otras que pretenden lograr más ingresos por aranceles pagados por México. El diario El País señala que “con los datos oficiales de EE.UU., en mayo [de 2025], la Administración recaudó por los aranceles provenientes de México, poco más de 2 mil millones de dólares”. En esa misma nota, expertos señalan que esta nueva medida, se reflejaría en un impacto negativo del 6,7% del PIB, así como, en la reducción de las exportaciones y en una reducción de la demanda laboral (El País, 16 de julio de 2025.)
Si este escenario ocurriera, podemos prever un efecto búmeran y que la política de contención y aislamiento de Trump estará destinada al fracaso.
Se mantiene la idea de construir una infraestructura carcelaria para las personas migrantes, lo cual incluye dotar con un presupuesto de 45 mil millones de dólares al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para la construcción de “cientos de nuevos centros de detención” y establecer un despliegue de personal con una capacidad mayor en sus operaciones de detención: Actualmente, ronda por las 50 mil personas migrantes detenidas diariamente. La meta es que lleguen a 100 mil personas detenidas al día y el objetivo del presidente Trump es deportar a un millón de migrantes irregulares en un año.
Se vislumbra una política para mantener en detención a las personas migrantes irregulares durante todo el periodo que les lleven sus procesos judiciales. El Washington Post obtuvo datos del ICE que establecen que “millones de indocumentados serán inelegibles para audiencias de libertad bajo fianza” mientras llevan a cabo sus casos ante los tribunales (The Washington Post).
Al mismo tiempo, la política de aumentar los vuelos de deportaciones a terceros países ha llegado a casi 8 vuelos diarios, el doble en comparación con la administración de Joe Biden. En este esquema, tres países centroamericanos, Guatemala, Honduras y El Salvador, reciben a más de la mitad del total de aviones enviados.
Pensar que la migración se controla mediante un régimen de detenciones permanentes, de deportaciones a terceros países y con la imposición de sanciones económicas que afectan a sus socios comerciales, es una muestra del declive que los Estados Unidos tienen con el régimen de Donald Trump. La reacción conservadora que trata de imponer su visión de mundo no es sinónimo de una hegemonía sino de un proceso de crisis.
La figura de Trump creció en medio de la crisis y un electorado insatisfecho con demócratas y republicanos. Se nutrió de la crisis, del desempleo, de la necesidad de medidas diferentes. Creció entre la crisis económica y una política partidista que se volvió ajena a la realidad. El eje más seguridad, menos migración, más empleos ha sido más una justificación del retroceso que una medida con éxito.
No obstante, mantiene una idea fija, poder regresar a una hegemonía norteamericana que se fue con la crisis del neoliberalismo y que, paradójicamente, le permitió ser presidente por primera vez y, luego regresar en un segundo periodo, con un tono más terco, rudo, conservador.
Pero la hegemonía de las potencias no es solamente una aspiración de un hombre. Es un proceso histórico que refiere, como también lo explicaba Wallerstein, a que una potencia puede imponer un “periodo de paz” entre grandes potencias, donde la potencia hegemónica considera una idea de que la historia avanza y que el curso tomado es el que aquella aprueba.
No hace falta mucho para entender que el rumbo de Trump no es el rumbo del mundo. Sin embargo, su determinación a convertir a las personas migrantes, la seguridad fronteriza y el proteccionismo como los determinantes de una política interna y externa no varía un ápice. O bueno, cambia dentro del estilo de Donald Trump.
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Excelente trabajo
Excelente