Mundo Errante | El Mundial y el estadio del mundo
El futbol es un estado de ánimo popular. Como espectáculo es un negocio, como evento social, es, como decía Eduardo Galeano, espejo del mundo.
En estos días, en que está por arrancar el primer mundial organizado por tres países diferentes, la dinámica global no deja de estar presente y colarse en los detalles de organización de una justa deportiva que tiene mucho de política, más de negocio y, probablemente, hasta que ruede la pelota, poca emoción.
En medio de un conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, la selección de este país ha debido cambiar su lugar de entrenamiento y concentración, porque no pueden permanecer en territorio norteamericano. La razón, no recibieron visas para ello, sino permisos que les permiten entrar y salir del país, pero no pernoctar ahí.
La delegación iraní acusa un trato discriminatorio que no les permite una competencia en condiciones de igualdad y, por su parte, el gobierno de Trump sostiene que no permitirá que, con el pretexto del mundial, ingresen “clandestinamente terroristas”. La guerra llevada a la cancha o, en este caso, a los trámites migratorios para la selección de Irán tendrá como consecuencia que el lugar de residencia para este equipo, durante su participación en el mundial, sea territorio mexicano y escogieron para ello la frontera de Tijuana.
Así, mientras hace un par de noches Israel e Irán intercambiaban mísiles y ponían, una vez más, en riesgo la ya de por sí endeble tregua, el equipo de futbol iraní aterrizaba en Tijuana recibida por un público entusiasta, entre ellos, un iraní radicado en México y otros que viajaron de San Diego, con la esperanza de que, aunque no jueguen contra Estados Unidos durante la fase de grupos, simbólicamente los derroten. El mundial, como escenario de lo popular, no es ajeno a las protestas y la dinámica geopolítica.
Se jugará al mismo tiempo que se discute el Tratado de Libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá y como en partidos de eliminación, puede irse al alargue o a penaltis. Nada queda aún claro sobre las posiciones que Estados Unidos tendrá como estrategia en su política comercial que mezcla neoliberalismo con proteccionismo, que apela a lo nacional antes que vincularse a lo global, pero que se rige por el mercado.
A ello se suma que la población migrante sigue a la expectativa sobre si alrededor de los estadios habrá redadas por parte del ICE o si la vigilancia fronteriza en apego a una seguridad interna impedirá que haya tránsito de aficionadas y aficionados entre los países. A ello se suma la posibilidad de que las posiciones anti-migrantes y xenófobas estén presentes en las tribunas y fuera de ellas.
En México, las protestas populares también jugarán. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE, ha amenazado con movilizaciones el día de la inauguración. A ella se suman colectivos de madres buscadoras, estudiantes normalistas, vecinas y vecinos que se oponen a la gentrificación. Los mundiales en América Latina, como ocurrió en Brasil en 2014 y ahora en Canadá, México y Estados Unidos en 2026, suelen ser escenario de las protestas plebeyas, que apelan a la realidad fuera de las canchas, que buscan juego limpio como justicia, memoria y verdad. Ese cuadro popular que protestará seguramente reivindicará más a Sócrates que a Messi.
Más a la “democracia corinthiana” que al individualismo del goleador. Preferirá más jugar una cascarita con los zapatistas antes que con Infantino. Y es que, “el mejor futbol es un lenguaje de poetas, siempre y cuando versifiquen juntos. En cambio, el futbol de prosa es aburrido, burocrático” como recuerda Juan Villoro en los “Once de la tribu” citando a Pier Paolo Pasolini. Cuando le preguntaron a Galeano “¿por qué escribió un libro sobre fútbol?” dijo “porque el fútbol es el espejo del mundo…[de…] la realidad que habla de día y de noche también… quiero escuchar lo que ella cuenta para contárselo a los demás. Por eso, me interesa la realidad…[y]…el fútbol es una parte fundamental de la realidad”.
Hoy, a punto de arrancar un nuevo mundial de futbol, que ha estado dominado por los intereses comerciales y políticos de la FIFA y de Trump, vale la pena hablar de la realidad del mundo en las canchas y fuera de ellas.