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Mundo errante | Venezuela, Estados Unidos y los rasgos de un nuevo orden mundial

Donald Trump anunció el despliegue de barcos militares próximos a las costas de Venezuela. Esto como una medida preventiva contra las “organizaciones terroristas” que Estados Unidos ha identificado como parte del crimen organizado y que pretende combatir y eliminar.

La política exterior de los Estados Unidos, durante el segundo mandato de Donald Trump, está caracterizada por la definición de objetivos domésticos que se van desplegando hacia afuera conforme lo requiera: aranceles al comercio, “mediación” en conflictos, definición de enemigos externos, combate a la migración desde los países de origen.

Los criterios que utiliza Donald Trump se basan en la defensa de la soberanía norteamericana, en su visión del liderazgo mundial que pretende mantener y en una narrativa ideológica que busca satisfacer a parte de su electorado y a los grupos políticos que lo apoyaron al final de su primer mandato y rumbo a la elección de su segundo periodo de gobierno.

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Los buques de guerra estacionados en el caribe, que acechan y vigilan a Venezuela, desconciertan por la falta de claridad en el objetivo de su despliegue. Por un lado, parece una presión contra el régimen de Nicolás Maduro, quien aprovecha para acusar a Estados Unidos de una tentativa de invasión. Por otro lado, parece parte de la ejecución de “operaciones militares directas en el mar y en territorio extranjero contra los cárteles” que como Trump prometió en campaña, realizaría “si fuese necesario”.

Esta estrategia de doble presión, al crimen organizado y al régimen de Maduro, se liga con el anuncio del Departamento de Seguridad Nacional para poner fin al Estatus de Protección Temporal, TPS, para Venezuela que dejará de beneficiar a cerca de 500 mil venezolanos que se ampararon en esta medida durante 2022 y 2023.

La población venezolana con estatus irregular en los Estados Unidos es cercana a las 900 mil personas que han ingresado durante diferentes oleadas de migración en 2010, 2020, 2021 y 2023. La nueva medida aún podría ser revertida en la corte, pero, por lo pronto,coloca a medio millón de personas en la incertidumbre durante los próximos 2 o 3 meses.

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Desde luego, hay una contradicción entre la política migratoria norteamericana y su postura frente al gobierno de Maduro. Por un lado, se acusa que la migración venezolana creció por la situación de crisis política y económica de Venezuela, pero se pretende expulsar a quienes se supone huyeron de ese régimen con el cual se contrasta la democracia norteamericana. Lo que pone en cuestión si el liderazgo de los Estados Unidos en el mundo se puede sostener ante ese vaciamiento de su discurso democrático clásico.

En días recientes, hemos visto que China y Rusia han realizado actividades conjuntas que los ubican en un extremo diferente al norteamericano, efusivos en festejos conmemorativos, ambos países también realizan una diplomacia activa en los países de Europa, África y América Latina, basada en el comercio y el intercambio. Es interesante que este bloque no refiere a una lógica democrática sino pragmática.

En contraste con la clásica retórica de los Estados Unidos, de defender los valores de la democracia occidental hoy no encuentra un sentido en este reacomodo mundial. Y es que, si la democracia no es el modelo que justifica las acciones de política exterior de los Estados Unidos, ¿por qué considerar que son justas?

El despliegue de navíos militares, la destrucción de una supuesta embarcación con drogas que salió de Venezuela, la posible expulsión de miles de venezolanos de territorio norteamericano no se basa en criterios democráticos. Tampoco en el clásico imperialismo de la gran potencia. Estamos ante un reacomodo de la hegemonía norteamericana basada en la necesidad interna.

El imperialismo proteccionista de Donald Trump usa las herramientas del imperialismo clásico, pero desde la necesidad de la respuesta interna. Andrés Manuel López Obrador decía que la mejor política exterior es la política interna y parece que Donald Trump lo lleva al extremo, donde la única política posible es la política interna.

Esta visión norteamericana no deja de ser peligrosa, coloca sus intereses por encima de cualquier situación. No quiere decir que ejercerá una política militar y que estaremos de regreso a los tiempos de George Bush, pero sí pinta un panorama lleno de incertidumbre ante la lógica de satisfacer sus propias necesidades sin mirar al mundo.

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