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Mundo errante | Trump, los derechos y la migración

La política migratoria del presidente Donald Trump pretende acorralar a las personas migrantes y eliminar cualquier derecho.

Durante mucho tiempo, Estados Unidos representó la posibilidad de una vida mejor. Millones de personas por décadas fueron llegando a diferentes ciudades a trabajar en el campo y las zonas urbanas. Se asentaron, hicieron una vida, crecieron familias, se acondicionaron y adoptaron la vida norteamericana como propia, a veces dejando raíces otras mezclándolas y, casi siempre, transformando las tradiciones antiguas en nuevas y multiculturales.

La migración se volvió una parte de los Estados Unidos porque nutrió la cotidianeidad, la música, la gastronomía. La “tierra de oportunidades” nunca fue benévola con todas las personas ni mucho menos un paraíso, pero parecía que, en un estado democrático, la migración se podía ejercer y las personas migrantes podían defender sus derechos.

Hoy la política migratoria del presidente Donald Trump pretende acorralar a las personas migrantes y eliminar cualquier derecho. Con las redadas del ICE en diversas ciudades, se acorrala, acosa y hace huir de espacios públicos a las personas que pueden tener una situación irregular en ese país. El mensaje parece ser “si te vemos, te capturamos”.

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Y para darle sentido a esta política anti derechos, el pasado 1 de julio, Donald Trump inauguró la llamada “Alligator Alcatraz” o “Alcatraz de los caimanes” donde pretende enviar a casi 5 mil migrantes. Esta improvisada y nueva cárcel en Florida ubicada a 60 kms de Miami en un humedal repleto de cocodrilos y caimanes fue construida por Ron de Santis, gobernador de Florida, quien convirtió una pista de aterrizaje en una prisión y espacio para, dicen los asesores de Trump, “facilitar la deportación de migrantes”.

La prisión fue levantada de manera exprés con tiendas de campaña, camas y remolques. Se estima que tendrá un costo de 450 millones cuando se concluya. Este modelo carcelario para migrantes fue elogiado por Trump y pidió hubiera más en todos los estados y en su usual estilo, comentó que las personas migrantes no podrían huir de este lugar pero que si
corrían en zigzag podrían tener un 1% de posibilidades de lograrlo.

La política migratoria de Trump es más que una broma, busca acorralar a la gente, usando la propaganda de terror e imponer la falta de derechos humanos. Al menos para quienes nos sean considerados ciudadanos sino invasores, enemigos ocultos a los que se busca en redadas porque les quitan trabajo y beneficios a los verdaderos ciudadanos norteamericanos. Esta falacia alimenta una política agresiva, ideológicamente contraria a los derechos ganados y de uso propagandístico para el gobierno.

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Resulta curioso que Trump se ufane con esta prisión cuando hay los números más bajos de cruces y detenciones en la frontera. Menos gente se arriesga a entrar a Estados Unidos por temor a la deportación y medidas policiales del gobierno estadounidense y el presidente hace bromas que alimentan la imagen del migrante-enemigo que debe ser confinado.

La realidad es que las personas que migran aportan beneficios económicos, culturales, políticos. Pagan impuestos, envían remesas, ejercen emprendimientos, se integran en la sociedad, son parte de la vida de las naciones que los reciben, tengan o no papeles. Más allá de sus orígenes, nutren a los Estados Unidos con una riqueza material e inmaterial. Al negar esto, se niega la realidad para justificar la falta de políticas económicas eficaces contra la recesión, contra el desempleo y contra la falta de derechos sociales efectivos.

Afortunadamente, no todo es oscuridad, la protestas contra la política migratoria de Trump ha desplegado resistencias y oposición conta las redadas, contra la “Alligator Alcatraz” y contra el despotismo del gobernante. En diversas ciudades miles se manifiestas a favor de los derechos de las personas migrantes. Y, en los espacios institucionales, también.

Apenas ayer miércoles el juez Randolph Moss bloqueó la orden de Trump de suspender las solicitudes de asilo en la frontera. El argumento es que el gobernante se ha excedido y va contra la ley migratoria al adoptar un “sistema de migración alternativo” que suplante lo promulgado en leyes por el Congreso. En pocas palabras, el juez Moss dice que Trump no
puede negar derechos a personas que estén en territorio norteamericano, independientemente de cómo ingresaron.

Podemos esperar que el gobierno de Trump apele y con esto una nueva fase de resistencias se abrirá en favor de las personas migrantes. Está claro que esta lucha por los derechos no la detiene ninguna cárcel con caimanes.

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