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Francisco Rojas: el “sueño mexicano” sí es posible

Francisco Rojas cree en el "sueño mexicano" | Foto: Cortesía Francisco Rojas
Francisco Rojas es un maestro de programación que ha demostrado que sí es posible realizar El Sueño Mexicano.

“¡No regreses a México! ¿Quieres ir a cuidar chivos y borregos?”, le advertían a Francisco Rojas. Su familia, oriunda de Puebla, había emigrado a Los Ángeles en los años 80 para escapar de la pobreza del medio rural. Pero Pancho es un hombre de ideas firmes y estaba decidido a buscar el “sueño mexicano”.

Su decisión era difícil de entender en su entorno. Había llegado a Estados Unidos con un año de edad. A los 24 años, tenía una vida hecha en California. Pero él estaba convencido de que no tendría las mismas oportunidades de progreso que sus padres.

En Estados Unidos lavó platos, laboró en la construcción y consiguió incluso una gerencia en una empresa de reciclaje. Pero Pancho iba por más y eso implicaba regresar a su tierra. Hoy, con 32 años, es Mentor Tecnológico en HolaCode, una institución educativa que enseña programación a los migrantes retornados, y en la empresa Hack Reactor.

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“Hoy, enseño a programar a estudiantes estadounidenses y mexicanos, a los que siempre les doy el mismo consejo: la constancia. Ponerse metas simples, no inalcanzables. Y una vez que las logren, entonces van por más”, dice convencido.

En México hago lo que me gusta

Francisco comenta que en México le ha ido mejor que en Estados Unidos, “porque aquí estoy creando cosas que me gustan; un trabajo que mucha gente considera sofisticado”.

“No lo es en realidad. La gente piensa que programar exige ser un genio, pero no, Al contrario, lo más difícil de la programación es bajarte al nivel de la inteligencia de una máquina que solo piensa en un sí o un no”, añade.

“Así que yo recomiendo a todas las personas que emigran a EEUU o que regresan a México que piensen que la gente más exitosa es la que mantiene una rutina, la que de verdad persiste”, afirma.

La Jaula de Oro

Criado en una familia tradicional mexicana, originaria de Cholula, Puebla, Pancho llegó a Los Ángeles siendo prácticamente un bebé. Sus padres encontraron trabajo en plantas de reciclaje. La familia tenía lo necesario para vivir, pero no en el entorno al que aspiraba.

Francisco cursó hasta la preparatoria en California en un ambiente difícil. Había pandillas y drogadicción, una realidad distinta a la que su familia quería para él.



“Desde niño yo miraba a los cholos. Había muchos drogadictos y gente con problemas. Cuando iba a highschool (preparatoria) muchos de mis amigos aspiraban a ser así. Les parecía algo cool; para mí, era gente derrotada por la vida, por eso nunca me llamó la atención seguir ese camino”, comenta Francisco.

Así que a los 24 años decidió que California ya no era su sitio. Desde la perspectiva de Pancho, el “sueño americano” está muerto. Muchos migrantes encuentran una realidad muy distinta a la que esperan.

“Es como la canción de La Jaula de Oro”, dice, haciendo referencia a que la gente tiene más dinero en EEUU, pero vive en una suerte de prisión. “La gente solo trabaja y trabaja, pero no hacen realmente lo que quieren. No tienen metas”, añade.

Un encuentro con HolaCode

Cuando Francisco regresó a México estuvo a cargo de un negocio de computadoras. Pero le tocó vivir los estragos de la inseguridad. “Un día regresé y no había nada en mi negocio.”, recuerda.

La vida siguió su curso hasta que se topó con HolaCode, una institución educativa mexicana que enseña programación a los migrantes retornados, deportados y refugiados. Imparte cursos de cinco meses y les ayuda a vincularse laboralmente con diversas empresas tecnológicas de México, lo que les abre expectativas de ingresos interesantes.

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Al terminar su formación, Pancho tuvo la oportunidad de trabajar para la empresa Hack Reactor. Y su capacidad de aprender y transmitir conocimiento se tradujo también en una oferta laboral por parte de HolaCode para sumarse a su equipo de docentes. Aceptó ambas responsabilidades.

Y durante los últimos años, Pancho piensa cada día que el “sueño mexicano” sí es posible.

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