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OPINIÓN | Mujeres migrantes: una carta para Antonia

Yo quiero escribir este texto para reconocer a una migrante que ha tenido el valor y el empuje, además de la inteligencia y sensibilidad para desarrollarse en un lugar extraño. Quiero hacer un reconocimiento para Antonia, mi hermanita, quien es chef en Estados Unidos. | Esta opinión fue escrita por Verónica Arrendondo, matemática con Maestría en Economía realizada en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) AC.

La gente migra por varias razones, sin embargo, hay hechos puntuales y fundamentales que caracterizan el fenómeno. Crisis económicas y sociales, distintos tipos de violencia, conflictos armados, desplazamientos, entre otros factores obligan a que los migrantes abandone sus lugares de origen y busquen mejores condiciones para crecer y desarrollarse.

De acuerdo con datos publicados por ONU Mujeres, sabemos que entre el año 2000 y 2015 el número de migrantes internacionales aumentó en un 41 por ciento; de lo 244 millones personas, casi la mitad de estas fueron mujeres. Muchas de las mujeres migrantes internacionales, forman parte de la fuerza laboral en los países destino. Para citar un ejemplo, uno de cada seis trabajadores domésticos en el mundo, son migrantes internacionales y de esa cifra, el 73 por ciento son mujeres, que no gozan de derechos básicos ya que solo 22 países han ratificado el Convenio de la OIT sobre las trabajadoras y trabajadores domésticos.

Habrá casos extraordinarios en que algún migrante haya triunfado plenamente y conseguido sus sueños. Existen de hecho países que históricamente se alimentan en gran parte de la migración, caso EEUU, y que sin embargo continúan sin salvaguardar a las personas que arriban a sus territorios.

Pero, y aunque no todo es color de rosa ni mucho menos, tenemos que reconocer que los migrantes merecen ser protegidos e incluidos en las estructuras sociales que van a encontrar en las naciones de acogida que tarde o temprano se convertirán en sus hogares.

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Yo quiero escribir este texto para reconocer a una migrante que ha tenido el valor y el empuje, además de la inteligencia y sensibilidad para desarrollarse en un lugar extraño.

Quiero hacer un reconocimiento para Antonia, mi hermanita, quien es chef en Estados Unidos.

Hermana, te conozco desde siempre; y desde siempre te he querido y admirado. Nosotras experimentamos lo que muchas familias mexicanas perciben cuando un integrante de su familia cruza la frontera, con documentos o sin ellos, en busca de un nuevo horizonte y otras oportunidades.

Tú, Antonia, como mujer mexicana, como migrante, así lo advertimos desde este lugar que todavía es tu tierra y tu casa, has contribuido enormemente con tu familia, con tus amigos, y con las sociedades de ambos países. Eso es sumamente destacable porque sabemos que como mujeres tenemos menos chance de prosperar dentro de cualquier oficio o profesión, como mujeres tenemos más trabas para florecer y madurar, y sin embargo tú y miles de mujeres migrantes mexicanas, han logrado sueños que no tienen parangón en la actualidad ni el el pasado. Tú éxito, es el éxito de generaciones de mujeres que buscaron opciones para conseguir una mejor vida y no dieron con ella.

Toñita, eres una mujer generosa, incansable, amorosa, empática, humana, que siempre has fungido como el respaldo de tu familia, tus amigos, el lugar donde te desarrollas. Admiro y reconozco que no hayas olvidado tus raíces; que sigas formándote y creciendo de acuerdo a la gentileza que te caracteriza y que seas tan piadosa como lo eras desde pequeña.

Antonia, representas a las mujeres mexicanas, a las zacatecanas, eres el ejemplo de que mujeres como tú, como nosotras, podemos adaptarnos a contextos desconocidos y continuar progresando. Yo sé que tú sabes de mi amor y admiración, del cariño que siento hacia ti; sé que sabes que inspiras a la gente que está junto a ti y que aun así, permaneces humilde y comprensiva porque quieres ayudar a que otras y otros se desenvuelvan y encuentren su camino.

Antonia, evoco a través de ti a la mujer mexicana que aprende y comprende su papel actual en la sociedad, que ya no acepta un papel pasivo sino que actúa y construye un mundo nuevo, uno diferente, uno mejor, porque reconoce que el cambio es necesariamente inminente para que las generaciones venideras no caigan en los mismos obstáculos que hemos encontrado nosotras.

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Estamos conscientes de la vulnerabilidad de las mujeres, de los cambios de roles, de las reestructuraciones familiares, de que los modelos se reinventan y se modernizan, Antonia, y sé que tú sobre todo, diste un paso hacia la incertidumbre, pero que nunca dudaste de lo que te propusiste. Miles de mujeres mexicanas tuvieron que tomar esa misma decisión que tú tomaste, y no podemos sino admirarlas, seguirlas apoyando y respaldando.

De acuerdo con la página del gobierno mexicano: “Las mujeres están migrando no solo como miembros de las familias, sino también por su cuenta, teniendo un mayor poder de acción, por ejemplo, como trabajadoras migrantes, estudiantes o bajo la condición de refugiadas. Este fenómeno debe acompañarse de políticas públicas de inclusión sensibles al género, considerando los obstáculos históricos y particulares que afectan a las mujeres migrantes, como la esfera económica, y la violencia, el abuso y la explotación.” Yo qué te digo, hermanita, siempre lo supimos, pero tú lo tenías más presente, porque viviste la migración. Sin embargo, es necesario y pertinente que los gobiernos hagan este tipo de reflexiones y reconozcan el fenómeno no como una cuestión cultural, no solamente de ese modo, sino como un fenómeno integral que abarca diferentes aristas y se complejiza todos los días.

Antonia, yo agradezco tenerte como hermana, quiero expresarte el profundo respeto y la fuerza que impregnas dentro de mí. A través de ti he comprendido a las mujeres que deciden, por diversas circunstancias, mudarse de país y emprender una nueva vida en otra nación.

Ojalá que estas palabras mías demuestren mi cariño. Ojalá que todas las mujeres que tenemos una hermana en EEUU se sientan identificadas contigo y conmigo. Somos de alguna manera un retrato de otras vidas y otras familias. Estamos presentes en un tiempo y espacio que nos da la oportunidad, que me da la oportunidad a mí, de escucharte y atender tus enunciados y oraciones para que el relato que nos ha tocado vivir cobre sentido y nos haga comprender la verdadera importancia de los abrazos, de las complicidades, de las sonrisas, de las charlas.

Tú sabes que Zacatecas sigue siendo tu casa, que México es tu casa, y que lo que has hecho es construir otra casa y darle la oportunidad a otras mujeres de que sepan que pueden hacerlo, y eso es invaluable.

Hermanita, te conozco desde siempre, y desde siempre también te quiero.