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PERSPECTIVAS | Transformación que hoy es destrucción

En su afán por iniciar una Cuarta Transformación, el gobierno de Obrador ha terminado con varias instituciones que tenían funciones esenciales en México.

Desde que apareció en la vida pública, Andrés Manuel López Obrador ha sido certero en sus diagnósticos sobre México. En esencia, lo que ha dicho siempre es que el país necesita transformarse. Por eso, sus ideas se centraron en lo que él bautizó como la Cuarta Transformación.

Con su llegada al gobierno ha tomado medidas para transformar el país y ahí resulta el problema. Su transformación en realidad ha sido una destrucción.

Por eso, a dos años del actual régimen, lo que vemos no es una transformación. Es una serie de palos de ciego que destruyen instituciones, programas, procedimientos, sin crear algo mejor que lo que había.

Un buen ejemplo de ello es el Seguro Popular. Sin duda, el programa tenía partes que debían mejorarse. En lugar de ello, simplemente se destruyó y se reemplazó por un engendro llamado INSABI, que sencillamente no funciona.

Basta preguntar a alguien que estaba inscrito en el Seguro Popular para saber que el INSABI no es mejor que lo que había. Otro ejemplo es lo que se ha hecho con la Comisión Reguladora de Energía, CRE.

Esta institución tenía a su cargo la elaboración y aplicación de una política energética. El objetivo de la misma era obtener mejores costos y precios de la energía, avanzar hacia una transición a energías limpias y lograr una ordenada participación del sector privado.

En los hechos, reemplazaron a la CRE por Rocío Nahle. El resultado ha sido la destrucción de toda estrategia, la pérdida de miles de millones de dólares en inversiones de energías limpias y el regreso a la combustión de carbón y gasóleo para generar electricidad.

En los últimos días, la discusión se centró en el outsourcing, práctica de contratación que sin duda opera con muchos vicios. La propuesta del gobierno fue destruirla en lugar de transformarla. Pero alguien se dio cuenta que el principal usuario del outsourcing es el gobierno y decidieron aplazar la decisión.

Al mismo tiempo, se les ocurrió que habría que crear un mecanismo nuevo para el manejo de los dólares que llegan al país. Pero no se dieron cuenta de que, en lo que ya existe, sólo queda fuera el 2% de las transacciones de divisas.

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En el camino le dieron un rayón a la autonomía del Banco de México. Todo, dicen los que saben, se hizo para beneficiar a un empresario aliado de la 4T al que le están pagando su apoyo.

Este proceso de destrucción, vía la técnica científica de dar palos de ciego, lo que ha logrado es que, hoy por hoy, las cosas vayan peor que hace dos años. Peor que antes de que la 4T llegara al gobierno.

Primero destruyeron el crecimiento económico. Y, cuando apareció la pandemia, la economía mexicana era la única en el mundo que estaba en recesión. Luego, el Primer Mandatario se negó a estructurar un plan de rescate y con sus expresiones y acciones asustó a los inversionistas.

El único resultado real es que se alargó, cuando menos hasta 2024, la recuperación económica de México. La transformación convertida en destrucción no augura nada bueno para el país. Esto, a menos que se recuperen los equilibrios con una Cámara de Diputados que pueda decir que no a las ocurrencias presidenciales.

Hasta el próximo lunes y, mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado, y en mi cuenta de twitter @jerezano52.