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OPINIÓN | Solo el amor echa fuera el temor
Conexión Migrante | 26 mayo, 2020
Jesús Pixabay

Foto: Pixabay

San Juan Pablo nos recordó a todos que la razón de nuestra vida es conocer a Jesús, amarlo y compartir su vida con los demás. | Crédito: Mons. José Gomez, este texto fue publicado originalmente en ACI Prensa

Ahora que escribo estas palabras, se cumple el centésimo cumpleaños del gran Papa, San Juan Pablo II.

Siento una estrecha conexión con él y he estado pensando en él, pidiéndole su intercesión, reflexionando sobre el modo en que su vida ha sido fuente de inspiración para mi ministerio.

Yo fui ordenado sacerdote en 1978, dos meses antes de que él fuera elegido Papa, y él me nombró obispo en 2001. En diciembre de 2004 y tan solo unos meses antes de morir, me designó como arzobispo.

San Juan Pablo nos recordó a todos que la razón de nuestra vida es conocer a Jesús, amarlo y compartir su vida con los demás.

En esta temporada de Pascua, siempre volvemos a los Hechos de los Apóstoles y a las historias de los comienzos de la Iglesia. Aquellos primeros discípulos entregaron toda su vida para seguir a Jesús y a continuar su misión. Su amor por Él era tan fuerte que echó fuera todo temor.

En aquella primera noche de Pascua, Jesús les había dicho a sus discípulos: “No tengan miedo”. Y San Juan Pablo II repitió estas palabras en su primera homilía como Papa.

“No tengan miedo”. Ábranle las puertas de par en par a Cristo”, nos dijo el Papa en aquella ocasión. Estas palabras nos hablan más claramente en este tiempo de epidemia.

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Seguir a Jesús significa compartir su vida. Significa llevar nuestra cruz con Él. Y significa también aceptar que vamos a sufrir, así como Él sufrió por nosotros.

Estoy orando por todos ustedes que están preocupados por sus negocios, por sus trabajos, por cómo será el futuro para sus hijos y seres queridos, por nuestra economía y por nuestro modo de vida. Estoy orando por todos los que están afligidos y que se sienten abandonados y afectados por la soledad.

Estamos viviendo juntos esta situación, estamos sufriendo juntos. En su Providencia, Dios está permitiendo que esta pandemia nos esté afectando a todos.

Y Dios nos pide que llevemos esta carga sin el consuelo de los sacramentos, sin tener la posibilidad de ir a la iglesia durante muchas semanas ya. Esto es causa de una profunda tristeza para mí, como sé que lo es también para ustedes.

Nosotros cerramos nuestras iglesias por amor a nuestros hermanos y hermanas vulnerables y por la preocupación de no propagar la enfermedad. Ahora, estamos trabajando en esto; estamos tratando de abrir nuevamente nuestras iglesias. Estoy seguro de que estamos por lograrlo, que será cuestión de algunas semanas, no de meses.

La Iglesia siempre ha sufrido, desde sus principios. Ser cristiano no significa escapar del sufrimiento. Ser cristiano significa saber que nuestro sufrimiento será redentor, que la misericordia divina vence todo mal, que el amor divino es más fuerte que la muerte.

Dios está vivo y nos acompaña. Él tiene un plan para la historia humana y un plan para cada vida humana también. Jesucristo sigue siendo la luz que brilla en las tinieblas. Debemos de buscar esa luz con los ojos de la fe. Tenemos que caminar bajo esa luz con el valor y el amor que Él nos da.

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Cuando Jesús dijo: “No tengan miedo”, fue esto lo que quiso expresar. A eso se refería también San Juan Pablo II.

En esta pandemia, Dios nos está preguntando, a cada uno de nosotros, qué es lo que valoramos, qué es lo importante para nosotros. Él nos está haciendo ver que, en último término, lo único que importa es el amor.

El amor que Jesucristo tiene por nosotros. Que nosotros tenemos por Él. El amor que nos tenemos los unos a los otros.

Estamos saliendo de la oscuridad de esta pandemia de coronavirus, y cuando abramos las puertas para volver al trabajo y a algún tipo de “normalidad”, veremos el daño que este virus ha dejado a su paso: un daño económico, espiritual, emocional y psicológico. Vidas rotas y vacías de esperanza, gente que sufre de modos que aún no podemos imaginarnos.

Nuestra sociedad necesita a la Iglesia, tal vez ahora más que nunca. El amor es la única respuesta, la única forma creíble de proclamar a Cristo. Y sólo el amor puede echar fuera el temor.

En su libro, “Cruzando el umbral de la esperanza”, San Juan Pablo II escribió: “El amor hecho hombre, el Amor crucificado y resucitado, el amor incesantemente presente entre los hombres, es el amor eucarístico. …solo Él nos puede ofrecer la máxima seguridad cuando nos dice ‘¡No tengan miedo!’”.

En esta hora de la historia, Jesús nos está llamando a amar sin reservas. Tenemos que ayudarle a nuestro prójimo a recuperarse. Debemos ayudarles a llorar a sus muertos y a sanar sus heridas para que comiencen sus vidas de nuevo. Debemos asegurarnos de que los pobres no sean olvidados. Estamos viviendo juntos esta situación. Y somos más fuertes y mejores cuando actuamos juntos.

Oren por mí esta semana y yo oraré por ustedes.

Pidámosle a nuestra Santísima Madre María que interceda por nosotros, ahora que nos estamos preparando para la reapertura de nuestra sociedad y de nuestras iglesias.

Y encomendemos nuestra vida a su Inmaculado Corazón, tal como lo hizo San Juan Pablo II. Digamos, como él dijo, “Totus tuus”. Todo para María.

Texto ACI Prensa

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