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PERSPECTIVAS | La irracionalidad produce fracasos
Luis Enrique Mercado | 13 mayo, 2019
Refineria dos bocas
PERSPECTIVAS | La irracionalidad produce fracasos

México ha sufrido por esos actos de voluntarismo presidencial. Probablemente lo más parecido a lo que vemos ahora ocurrió en varios casos en el sexenio 1970-1976

Con la excepción de su Gabinete y de algunos de los más cercanos al círculo interno de Andrés Manuel López Obrador, todos los analistas coinciden en que la construcción de la refinería de Dos Bocas en los términos planteados por el Primer Mandatario es una irracionalidad que golpeará las finanzas públicas del país y afectará la calificación de las deudas de Pemex y la soberana del país.

Si las empresas que el mismo Presidente invitó a la licitación le dijeron que es imposible construir la refinería con 8 mil millones de dólares y en tres años, no deja de ser un acto de voluntarismo insistir en que se hará con esos parámetros.

México ha sufrido por esos actos de voluntarismo presidencial. Probablemente lo más parecido a lo que vemos ahora ocurrió en varios casos en el sexenio 1970-1976 cuando era presidente de la República Luis Echeverría Álvarez.

Al Presidente Echeverría se le metió entre ceja y ceja la construcción de una siderúrgica en Lázaro Cárdenas, Michoacán y ahí se levantó Las Truchas, que costó casi 12 mil millones de dólares y que luego de una larga serie de tragedias administrativas, productivas y laborales se tuvo que vender al grupo hindú Mittal.

La aventura costó miles de millones de dólares al país y fue evidente que había sido un enorme error.

No fue el único.

Echeverría consideró entonces que la empresa suiza que compraba el barbasco a los campesinos veracruzanos para la fabricación de píldoras anticonceptivas. Creó entonces la empresa paraestatal Proquivemex que no mejoró las condiciones de los campesinos y sí quebró todo el sector.

Impulsado por sus deseos de justicia social, quiso mejorar las condiciones de los trabajadores tabacaleros y creó Tabamex, que tampoco resolvió nada y metió a la industria en una profunda y costosa crisis.

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No paró ahí, sino que dirigió su atención al café y creó el Instituto Mexicano del Café, que costó miles de millones el erario y produjo una crisis que sólo cuando se resolvió resurgió México como productor de café.

De ahí se pasó al cacao y creó la Comisión Nacional del Cacao, que produjo similares resultados a los del café.

Esos y otros actos de voluntarismo de Luis Echeverría sembraron la semilla de las crisis económicas de los siguientes 20 años, con devaluaciones y pavorosas inflaciones que se retroalimentaban y hundieron en la pobreza a más de la mitad de la población.

El siguiente sexenio, el de José López Portillo, el cuadro se completó. México siguió pidiendo prestado hasta que no pudo pagar, decretó la suspensión de pagos de la deuda, se nacionalizó la banca y se estableció el control de cambios.

El país tardó años en recuperar la credibilidad internacional y en reencauzar la estabilidad de la economía.

Hoy, los signos se parecen a los de aquellos años de voluntarismo presidencial, en los que no importó la racionalidad económica.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de leerme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado y en mi cuenta de twittear, @jerezano52.

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