México ha batallado en los últimos dos años para mantener la inflación bajo control y si se rompe el equilibrio fiscal y el gobierno decide aumentar los salarios sistemáticamente por encima de la inflación el fenómeno podría aparecerse de nuevo con más de dos dígitos.

La inflación más baja en la historia moderna de México fue aquel 2.2% de noviembre de 2015; exactamente dos años después, en noviembre de 2017,  el fenómeno estaba en 6.6%.

La explosión inflacionaria tuvo varios motivos. Por un lado, la liberación de los precios de la gasolina en enero del 2017; por otro, la depreciación del peso mexicano frente al dólar, ocasionada tanto por las turbulencias provocadas por Trump y la incertidumbre sobre el Tratado de Libre Comercio, como por las presiones de un gasto público que creció enormemente en este sexenio y que en buena parte fue financiero con endeudamiento.

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Ante el empuje inflacionario Banco de México reaccionó y aumentó su tasa de interés de referencia de 3% a 7.25%, como un mecanismo para atemperar las presiones inflacionarias.

La inflación, sin embargo, no cedió. Aún con la más que duplicación de la tasa de interés de Banxico, llegó s su máximo de 6.6% en noviembre del 2017,  bajó a 4.5% en abril del 2018 y volvió a subir a 5% en septiembre.

La mayoría de los analistas considera que es casi imposible que la inflación regrese a los parámetros del Banco de México, entre 3 y 4% en 2019 y piensan que si las cosas siguen como están, podrían esperarse esas cifras para 2020.

Sin embargo, lo más probable es que el actual estado de cosas no se mantenga.

El presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador está decidido a duplicar las pensiones a los adultos mayores y a emprender un agresivo programa de apoyo a jóvenes sin trabajo y a jóvenes que desean estudiar;  desde su camaña anunció un amplio programa de inversiones en infraestructura aún sin detallar y, ahora, en su gira de Agradecimiento, está haciendo compromisos de inversión y gasto  con los gobiernos de los Estados.

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La única forma de cumplir esas promesas es rompiendo el equilibrio fiscal; es decir, gastando mucho más de los ingresos públicos, dado que el programa de ahorro y austeridad que pondrá en práctica no son suficientes para compensar el aumento que se estima se producirá en el gasto.

Adicionalmente, anunció ya que el aumento de salarios será de cuando menos la inflación.

Este panorama significaría que la inflación tendería a subir y eventualmente volvería a llegar a los dos dígitos como cuando medidas similares se aplicaron en México en las décadas de los 70s y 80s.

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La realidad en todos los países, en todas las épocas, señala que cuando se rompe el equilibrio fiscal; es decir, de gobierno gasta más de lo que le ingresa y cuando los salarios quieren competir con la inflación, los salarios terminan perdiendo.

López Obrador está convencido de que el salario mínimo en México perdió su poder de compra debido a que no aumentó lo suficiente y parece que no considera siquiera que el problema fue que la inflación estaba fuera de control por los excesos de gasto del gobierno y arrasó con el poder de compra del salario.

Los planes económicos del nuevo gobierno se parecen a los de los 70s y 80s y esos planes nos llevaron a la hiperinflación.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguir en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.

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