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#HistoriasDeDeportados | Él necesita ayudar a sus hijas a cumplir sus sueños
Abel Domínguez | 5 mayo, 2019
Reginaldo

La hija de Reginaldo, que estaba decidida a convertirse en abogada para “poder proteger a personas, le aconsejó no ir a Houston

Reginaldo nació en Michoacán y había vivido Chicago la mitad de su vida cuando descubrió que enviar a su hija a la escuela le costaría 22 mil dólares

Si Reginaldo R. hubiera escuchado a su hija de 14 años, tal vez ahora no estaría varado en México, a cientos de millas de distancia de su familia en Texas.

Reginaldo nació en Michoacán y había vivido Chicago la mitad de su vida cuando, en octubre pasado, su hija mayor, Valerie, le mostró algunas cifras alarmantes. Le dijo que había estado haciendo cálculos y que, aun considerando las becas y subsidios que probablemente conseguiría, enviarla a estudiar medicina probablemente le costaría a la familia al menos 22 mil dólares.

Él le sonrió. Pensó en que tenía 15 años y ya estaba pensando cómo pagar sus estudios en la facultad de medicina, para los que faltaban al menos seis años. Pero eso no le sorprendió, pues desde la escuela primaria ella deseaba convertirse en médica para “ayudar a las personas”. En Halloween siempre se vestía de médica.

Reginaldo hizo algunas averiguaciones por su cuenta y descubrió que los salarios eran mejores en Houston que en Chicago, donde ganaba USD 120 por día en trabajos de albañilería y pintura. Valerie opinó que debía ir a Houston para ahorrar dinero para la matrícula. Sin embargo, su hermana de 14 años, Lesley, que estaba decidida a convertirse en abogada para “poder proteger a personas como yo”, le aconsejó que no lo hiciera.

Reginaldo no lamenta haber tomado la decisión de ir a Houston, pero sí desearía nunca haber subido al automóvil de un amigo de su primo ese día de diciembre, que hizo que emprendiera un camino que terminó con su deportación.

La policía vio que el conductor no se comportaba seriamente detrás del volante, lo obligó a detenerse y descubrió ocho onzas de metanfetamina que, según dijo Reginaldo, no sabía que estaban en el automóvil. Finalmente se retiraron los cargos por drogas, pero los policías que lo detuvieron sospecharon que estaba ilegalmente en Estados Unidos y llamaron a agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE).

Los agentes lo estaban esperando en el juzgado cuando fue liberado, identificaron que tenía dos ingresos ilegales anteriores a EU en su prontuario —el ingreso luego de una deportación constituye un delito grave— y lo encerraron en un centro de detención inmigratoria. Seis meses después, en junio, lo subieron a un autobús que transportaba a personas deportadas a Nuevo Laredo.

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“Tengo que volver para ayudar a mis princesas a cumplir sus sueños”, dice con tristeza.

Valerie se siente culpable por haber instado a su padre a ir a Houston, y Lesley está enfadada porque no siguió sus instrucciones. “Necesitan que esté en sus vidas”, dice su esposa Yuridia.

 

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