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OPINIÓN | Dos nombres y una historia
Marco Castillo | 12 marzo, 2019
OPINIÓN | Dos nombres y una historia
OPINIÓN | Dos nombres y una historia

Don Miguel, decidió nombrar a sus dos varones en honor a aquellos que alegraron sus días de juventud: el famoso actor y héroe de las artes marciales y a quien según sus palabras, fue uno de los integrantes de Los Beatles

Brusli y Yocono son dos hermanos a los que no conocí, pero cuya historia me acompaña a donde voy.

Y es que a quien sí conocí fue a su padre, Don Miguel Zelocuatécatl, un campesino y migrante de San Francisco Tetlanohcan, en Tlaxcala, que acompañó muchas de mis primeras tardes en aquel municipio, al que llegué en el 2001 a ofrecerme, con 8 compañeros más, como educador y trabajador comunitario voluntario.

Don Miguel nos compartía episodios de su historia de vida mientras nos ayudaba a arreglar una casa en obra negra, que la comunidad nos había prestado para vivir y ofrecer nuestro servicio, o mientras nos ayudaba a instalar una estufa, o mientras lo acompañábamos a la montaña a recoger leña.

El dejó el campo a corta edad para irse a la Ciudad de México a trabajar y vivir la vida. Eran los setentas y estaban pasando muchas cosas en el país y el mundo. Don Miguel recuerda a Miguel viviendo con muchas carencias, pero con alegría y asombro de aquellos días, donde la música, el cine y la sociedad rompía burbujas morales y corría a nuevos campos.

Miguel, como lo hacen la mayoría de los migrantes, volvió al pueblo, se casó, hizo su casa, tuvo familia, y entonces, ya como Don Miguel, decidió nombrar a sus dos varones en honor a aquellos que alegraron sus días de juventud: el famoso actor y héroe de las artes marciales Bruce Lee, y Yoko Ono, en honor, a quien según sus palabras, fue uno de los integrantes de sus bandas favoritas: Los Beatles. La forma en que el hombre de Registro Civil entendió que se escribían los nombres de los recién nacidos les dio aún más personalidad.

Cuando nos hicimos amigos de Don Miguel, Brusli y Yoco ya se habían ido del pueblo, y eran migrantes en Nueva York, y ese hecho me causó una curiosidad que años después pude saciar parcialmente.

La comunidad vio en nuestro grupo de jóvenes voluntarios con sueños de revolución, la oportunidad de usarnos para poder enviar paquetes y establecer contacto con aquellos que estaban “Al Otro Lado” y de los que sabían muy poco. Nosotros, muchachos mestizos, teníamos visas para viajar, y de pronto nos vimos visitando el país que habíamos considerado el enemigo, para llevar moles, fotos, videos y cartas, a los migrantes de San Francisco.

Está demás decir que una de las primeras cosas que hicimos, por curiosidad y compromiso con Don Miguel, quien los extrañaba tanto, fue tratar de localizar a Brusli y Yoco. Yo no pude. Pero Héctor, uno de mis compañeros sí lo logró y constató que vivían una vida normal, que no eran músicos, ni actores, ni se habían cambiado el nombre. Es más, según dijeron, mucha gente no había hecho la conexión del nombre de los muchachos con el actor y la novia de John Lennon. Tal vez porque ellos no contaban el origen del nombre, por la forma de pronunciarlo, o porque simplemente nadie imaginaría que alguien se hubiera atrevido a dicha hazaña.

Algunos de sus paisanos me platicaron que trabajan en una pizzería en Queens, a unos kilómetros de donde Bruce Lee vivió y donde Yoko Ono (la pareja del cantante) vive, y no pude evitar pensar que fueran la reencarnación del uno y la transmutación de la otra, coincidiendo en un absurdo espacio y tiempo, como hermanos migrantes mexicanos.

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Pero sea cual sea la relación de la historia, el territorio y la reencarnación, sus vidas y sus nombres están marcados por la migración y siempre llevarán un pedazo de la libertad que Miguel antes de Don Miguel, vivió en la Ciudad de México.

PD: Estuve recientemente en México y, motivado por la reciente elección, ansiaba encontrar a un pueblo discutiendo un nuevo futuro, abierto a tener debates intensamente y a veces dolorosamente francos, pero seguros de que se construía un nuevo piso, que dejara atrás la desconfianza, la mezquindad y las fobias del debate del pasado.

Lo cierto es que, al menos yo, encontré al país dividido en dos: una mayoría profundamente celosa y protectora de la victoria electoral, sin conceder espacio al debate de los planes y programas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Por otro lado, hombres y mujeres críticos, queriendo sostenerse solamente en el discurso de que en México el cambio por la vía electoral no es posible, que no pasó nada el 2 de Julio y que estamos condenados a repetir el ciclo.

En México somos complicados. No debería ser tan difícil hacer del diálogo político y democrático el gran avance del 2019, honrando y probando el triunfo electoral del progresismo, y más allá de nuestra filiación ideológica, discutir el futuro que queremos o que rechazamos.

Pero defendiendo ciegamente, condenando a raja tabla y desconfiando de forma generalizada, como lo ha hecho el Presidente y su oposición, esto puede ser un sueño de cambio que despierte en un país igual al de antes, donde todo se discute y se arrebata por la fuerza.

Y me refrendo como Sociedad Civil en lucha, de esa que es parte del pueblo, en contra de toda militarización de la vida, y del abuso y explotación de la tierra y las personas, y creo que se puede y se vale debatir cómo este gobierno, elegido por millones NO afiliados a partidos, debería conformarse y definirse.

PD 2: Hace unos días iniciamos un nuevo camino en la construcción del movimiento trasnacional de familias migrantes: la Red de Pueblos Trasnacionales. Échenle un ojo acá

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