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HUMAN RIGHTS WATCH | 11 noviembre, 2018
Para Alejandro, que se enorgullecía de ocuparse económicamente de su familia, su calvario empezó cuando la policía lo detuvo por conducir sin licencia

Para Alejandro, que se enorgullecía de ocuparse económicamente de su familia, su calvario empezó cuando la policía lo detuvo por conducir sin licencia

“Alejandro D.” no pudo contener las lágrimas ni articular palabra alguna cuando se le preguntó por su familia en Fort Worth, Texas. Este hombre de 40 años, que se dedica a pintar casas, había sido deportado recientemente a Nuevo Laredo, México, y sencillamente no conseguía expresar en palabras su difícil situación. Nació en San Luis […]

“Alejandro D.” no pudo contener las lágrimas ni articular palabra alguna cuando se le preguntó por su familia en Fort Worth, Texas. Este hombre de 40 años, que se dedica a pintar casas, había sido deportado recientemente a Nuevo Laredo, México, y sencillamente no conseguía expresar en palabras su difícil situación.

Nació en San Luis Potosí, México, y en 1995, a los 18 años, cruzó por primera vez hacia Estados Unidos sin documentos. Encontró trabajo en Fort Worth como pintor, contrajo matrimonio con “Claudia”, también oriunda de México, y juntos armaron una familia. Con cinco hijos nacidos en Estados Unidos – de 15, 10, 8, 7 y 4 años– Alejandro y Claudia tenían una vida plena y sumamente activa.

Alejandro contó con los dedos de las manos las paradas que hacía cada mañana en el trayecto hasta el trabajo: 8:00 a.m. en la escuela primaria, 8:30 a.m. en un jardín de infantes cercano y 8:45 a.m. en la escuela secundaria; y luego a las 9:00 a.m. empezaba su trabajo de pintura.

Para cuando salía del trabajo, contó, sus hijos ya estaban en casa y ayudaban a su madre con las tareas del hogar y a preparar la cena. Cada noche, comían juntos en la misma mesa. Alejandro se enorgullecía de poder ocuparse económicamente de su familia; además de mantener a Claudia y a los cinco niños del hogar, de cada salario que percibía se le descontaba una cantidad para la manutención de otro hijo, también estadounidense, que tuvo durante una relación anterior.

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En 2013, recuerda Alejandro, fue separado por primera vez de su familia. Su calvario empezó cuando la policía de Fort Worth lo obligó a detenerse por conducir sin matrícula en el automóvil y descubrió que no tenía licencia de conducir (en Texas no se emiten licencias a inmigrantes indocumentados).

El agente controló su nombre en el sistema y apareció una orden de detención por incumplimiento en los pagos de manutención infantil. Alejandro dijo que, en 2012, la empresa para la cual estaba trabajando despidió a todos sus empleados indocumentados. Según dijo, hubo un período durante el cual no pudo cumplir los pagos hasta que consiguió el siguiente trabajo. Luego de que se detectara esa interrupción, trabajó con un funcionario de libertad vigilada para efectuar pagos todos los meses. Cuando el agente de Fort Worth lo obligó a detener el vehículo, Alejandro le pidió que consultara sus datos en el sistema, pues creía que indicaría que había estado cumpliendo.

En cambio, la policía lo entregó a Agentes de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE), quienes lo deportaron. Sabiendo que necesitaba a su familia y que ellos lo necesitaban a él, nos contó que volvió a cruzar la frontera pocos días después, se reunió con su familia y retomó su ajetreada rutina en Fort Worth.

En junio, dijo Alejandro, un vecino del complejo de departamentos donde vive se enfadó porque los hijos de Alejandro estaban provocando mucho alboroto mientras jugaban afuera y habían volcado agua en los escalones del ingreso a su vivienda. Alejandro contó que intentó tranquilizarlo, pero que el vecino llamó a la policía y alegó que Alejandro lo había empujado. La policía lo detuvo y lo llevó a la cárcel Tarrant County, pero no fue acusado de ningún delito. (Un control de antecedentes permitió constatar su afirmación de que no se presentaron cargos). Sin embargo, dijo que mientras lo registraban, descubrieron que era indocumentado y lo entregaron a agentes del ICE, que se lo llevaron apenas salió de la cárcel.

Tres días más tarde, la frontera volvió a separar a Alejandro de su familia.

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