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#HistoriasDeDeportados | Deportado tras ahorrar durante años para una casa propia
HUMAN RIGHTS WATCH | 4 de noviembre
Ruben Rojas habla con investigadores de Human Rights Watch en el Instituto Tamaulipeco en Nuevo Laredo, México.  © 2017 Human Rights Watch

Rubén Rojas estuvo muy cerca de cumplir su sueño de comprar su primera vivienda. Sin embargo, en menos de 10 horas, ese sueño se desmoronó. El 7 de junio, aproximadamente a las 7 p.m., un grupo de policías se presentó en su departamento y lo detuvo. Rubén todavía recuerda que abrió la puerta pensando que […]

Rubén Rojas estuvo muy cerca de cumplir su sueño de comprar su primera vivienda. Sin embargo, en menos de 10 horas, ese sueño se desmoronó.

El 7 de junio, aproximadamente a las 7 p.m., un grupo de policías se presentó en su departamento y lo detuvo. Rubén todavía recuerda que abrió la puerta pensando que era su mujer la que estaba golpeando. Nunca sospechó que las autoridades lo estaban buscando a él. Cuando los agentes le dijeron que estaba siendo detenido por robo, Rojas no daba crédito a sus palabras. ¿Robo a quién? ¿De qué?

Los datos le fueron revelados de a poco. Uno de sus clientes, un “paisano con documentos”, según lo describió Rubén, lo acusó de robo luego de que el cliente se negara a pagar el precio total de USD 3 mil 500 que Rubén le había cobrado por un trabajo de construcción.

“Cuando terminé el trabajo, no quiso pagarme. Me dio USD 1.500 y luego, de la nada, me pidió ver mi licencia de electricista, contó Rubén a Human Rights Watch en un centro de recepción de migrantes en Nuevo Laredo, México.

“Mantuvimos una discusión, pero yo creí que el tema se resolvería solo. Esto sucedió cerca de las 9 de la mañana, y esa misma noche estaba por ser deportado”, dijo Rubén mientras sacaba fotografías y documentos de una mochila negra donde guarda los únicos artículos personales que pudo llevarse con él luego de 22 años en Estados Unidos.

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Rubén es oriundo de Cuernavaca, Morelos, en México, y afirma que en el vecindario donde vivía en el Este de Los Ángeles era conocido por su habilidad como electricista y por los buenos precios que ofrecía a sus clientes.

“A los paisas [otros mexicanos] les cobro muy poco. Yo solo quería poder comprarme mi casa. Mi esposa tiene documentos y estábamos por comprarla”, dijo. Todavía no puede asimilar que se encuentra en este centro, a más de mil 300 millas de sus hijos, Jhona, de 17, y Jessenia, de 22.

Tras la acusación de robo, Rubén pasó un mes detenido en la cárcel del Condado de Los Ángeles. En un control de antecedentes penales no se detectó que hubiera sido condenado. Luego fue trasladado al Centro de Detención de Adelanto en Adelanto, California, donde permaneció 15 días.

“El funcionario de deportación me pidió que firmara mi partida voluntaria. Años atrás, había consumido drogas, y por eso me dijeron ‘Si no firma, lo deportaremos de todos modos’. Nunca hablé con ningún abogado de inmigración”, explicó. Casi todas las condenas por drogas hacen que sea sumamente difícil que un inmigrante indocumentado pueda evitar ser deportado.

Cuando Rojas emigró a EE. UU. en 1989, era apenas un adolescente. Llegó escapando de la pobreza junto con su pareja, Aura, y ambos trabajaron para criar a sus hijos y cumplir el sueño de la vivienda propia.

“Ahora tengo la sensación de haber llegado aquí [a México] sin documentos. Me siento desolado. No tengo nada que hacer aquí. Mi vida está en California. Cada vez que compro una soda y me dicen que cuesta 10 pesos, pienso cuánto será eso en dólares. ¿15 centavos? ¿10 centavos? No lo sé”.

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