El “Dr. Q”, de jornalero indocumentado a neurocirujano de Harvard

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Hace 30 años, Alfredo Quiñones Hinojosa, mejor conocido como el “Dr. Q”, saltó literalmente la reja fronteriza a los Estado Unidos, sin saber que el futuro le depararía una exitosa vida.

Nacido en Mexicali, México, Quiñones fue en busca de algo más que el “sueño americano”, así lo demostró al convertirse en un científico y neurocirujano con reconocimiento internacional.

Siempre entusiasta

Su origen es humilde, fue el primero de los seis hermanos de la familia Quiñones Hinojosa, quien vivía sencillamente a las afueras de Mexicali, Baja California.

Siempre entusiasta, comenzó a trabajar a los cinco años, vendiendo comida a conductores en gasolineras para ganar un dinero extra para su familia.

Sus carencias económicas no le impidieron terminar sus estudios en México, donde se graduó en una licenciatura en Educación a los 18 años.

Al descubrir que su vocación real no era ser profesor de primaria, decidió que era hora de unirse a su familia extendida al norte, para avanzar su carrera y regresar a ayudar a su familia y su país.

El primer paso

En 1987, a los 19 años, Alfredo literalmente brinco la barda fronteriza entre México y Estados Unidos. Entonces los agentes migratorios lo capturaron y mandaron de regreso, pero él no se dio por vencido.

Ese mismo día, el joven mexicano volvió a intentarlo y lo logró, entonces comenzó a ver la dureza de la frontera, pues aunque había logrado cruzar no tenia dinero y desconocía el idioma inglés.

“Yo conocía los riesgos (…) tenía grandes sueños, y prefería arriesgar mi vida a quedarme en México; aunque yo nunca sentí que mi vida fuera dura. Era un privilegio para mí el estar aquí. Disfruté cada paso porque yo sabia que todo iba hacia algo más grande”, relata él mismo.

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Quiñones llegó a Fresno, California, donde trabajó por dos años como pizcador de algodón, pintor, y soldador.

Su hogar era una casa móvil, parchada con madera contrachapada; después compartió un departamento de una recamara con cinco miembros de su familia.

Un día en el campo le dijo a su primo que quería ir a la escuela, aprender inglés y tener un mejor futuro, pero su primo lo miró con sorpresa y le dijo “este es tu futuro! Tu viniste a este país a trabajar en el campo así como nosotros”.

La vocación

Negado a aceptar el augurio de su familiar, Alfredo comenzó a pagarse la escuela. Primero puso manos a la obra para aprender inglés; después comenzó a ayudar a otros estudiantes de habla hispana, dándoles lecciones de matemáticas y ciencia.

También trabajó como soldador para una compañía ferrocarrilera, donde casi muere en 1989, aún siendo inmigrante ilegal.

Aquel 14 de abril cayó en un tanque de petróleo vacío, que tenía una profundidad de aproximadamente 18 pies.

Vivo, comenzó a escalar una cuerda que le habían aventado sus compañeros y vio su vida pasar frente a sus ojos.

Al llegar arriba y agarrar una mano para jalarlo hacia afuera, Alfredo se consumió por las toxinas y cayo de nuevo al tanque, ahora despertando en la unidad de cuidados intensivos de un hospital cercano.

“Dr. Q”

En 1992, el “Dr. Q” renunció a su trabajo de ferrocarrilero para siempre, y recibió una beca para la Universidad de California Berkeley donde estudió psicología.

Mientras decidía entre la escuela de leyes o de medicina pensaba en su abuela. Ella era una curandera en Mexicali y lo inspiró a escoger medicina.

El doctor Alfredo se tituló con una tesis en neurociencias. Animado por su profesor, Joe Martínez aplicó a la Escuela de Medicina de Harvard, donde fue aceptado.

En Harvard, Alfredo  se destacó no solo académicamente, también lo hizo por sus actividades comunitarias ayudando a los estudiantes menos afortunados al darles un lugar donde quedarse.

Sus años en Harvard incluyeron grandes cantidades de fellowships en investigación y honores académicos, su ciudadanía Americana, el nacimiento de su hija, y finalmente graduándose con honores.

Para los siguientes seis años el Dr. Quiñones (como ya oficialmente era) hizo su internado, residencia, y trabajo post-doctoral en la Universidad de California San Francisco.

Cuando no esta enseñando o en el quirófano, el Dr. Quiñones está en su laboratorio trabajando en su investigación para intentar curar el cáncer.

 

Con información de Dr. Q’s Quest