El cemento, un oligopolio incontrolable

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Hay una enorme polvareda en el país, provocada por el aumento en los precios del cemento a partir del primero de julio, y que tiene enfrentados a los productores de cemento con los constructores y vivienderos.

Los precios del cemento subieron 11% en enero y 8% a partir del primero de julio, un alza anualizada de 20%, con una inflación del 6.3% y en medio de un pacto en el que hubo el compromiso de no subir precios.

La realidad es que los precios del cemento en México son los más altos del mundo: 160 dólares la tonelada contra 60 dólares en China y 75 dólares en Estados Unidos.

Y también es una realidad que la industria cementera es un oligopolio en México y en el mundo, con escasa competencia y con jugadores dominantes, como en México sucede con Cemex.

Los cementeros han dicho que el precio de su producto sube de esa manera porque durante años aumentó menos que la inflación y  que, además, el aumento en el precio no impacta en el valor de la vivienda. Ellos calculan que ese impacto es de 0.5% en la vivienda residencial y de 4.5% en la vivienda social.

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Como quiera que sea, con la frase de “mejor valor que volumen”, que ha inspirado el aumento en los precios, las utilidades de las empresas son extraordinarias.

En el caso del gigante Cemex, sus utilidades en el primer trimestre del año llegaron a 336 millones de dólares, diez veces más que en el mismo periodo del año pasado ya que Cemex está tratando de mejorar sus finanzas para volver a tener el grado de inversión que perdió por su elevado índice de endeudamiento.

El otro argumento de la industria cementera para subir precios explosivamente es que responden a un aumento en la demanda. Es verdad, pero sólo en parte, el consumo de cemento subió de 35.9 millones de toneladas en 2014 a 40.1 millones en 2016 y la industria produce no sólo para el mercado interno, sino también para exportación.

Los empresarios de la vivienda y de la construcción afirman que pueden importar cemento porque las fronteras están abiertas y hay arancel cero para el producto.

Sin embargo, la realidad es que el transporte del producto es complicado, por costoso y, además, el cemento absorbe humedad con rapidez y se echa a perder. Y, desde luego, las importaciones no le gustan a la industria cementera de México.

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El último gran intento de importación fue en 2004, cuando el barco Mary Nour, con 27 mil toneladas de cemento, no pudo descargar en el puerto de Tampico, debido a que Cemex presentó un amparo para que el desembarco no se realizara ¡¡¡porque el barco podría dañar el canal de navegación del puerto!!!!!

En la actual disputa por el precio las autoridades han guardado silencio porque poco es lo que pueden hacer en una industria donde romper el oligopolio es casi imposible, donde, por política en México, no hay control de precios y donde las importaciones están abiertas, aunque sea costoso y de alto riesgo hacerlas.

Así que parece que no hay más remedio que darnos el lujo, como país, de tener el cemento más caro del mundo.

Hasta el próximo martes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.