La vida se decide en el campo
La vida se decide en el campo, claro que no me refiero al fútbol, aunque tiene cierta relación. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), en los últimos años la agricultura familiar produce más del 80% de los alimentos del mundo, en términos de valor, y ocupa entre el 70% y el 80% de las tierras agrícolas a nivel mundial.
El día de hoy 6 de julio se conmemora el Día Mundial del Desarrollo Rural establecido por la ONU con el propósito de visibilizar el enorme aporte a la economía que dan las comunidades rurales, su participación indispensable para la agricultura y el desarrollo rural, en especial para la seguridad alimentaria y la conservación de la biodiversidad.
Sin embargo, de forma paradójica, el 80 % de las personas más pobres del mundo viven en zonas rurales y ganan menos de 2,15 dólares al día. Lo cual nos da cuenta de que vivimos en un mundo al revés, en donde actividades no esenciales para la vida y que tampoco
contribuyen a mitigar los efectos negativos del sistema capitalista se llevan gran parte de los recursos de las naciones, lo mismo que son sumamente lucrativas, mientras millones de personas viven al día, en una situación indigna de pobreza extrema.
De acuerdo con la ONU, alrededor de 476 millones de indígenas se encuentran viviendo a lo largo de 90 países, constituyendo alrededor del 6% de la población mundial, particularmente en zonas rurales, resistiendo y defendiendo sus territorios y la biodiversidad, en condiciones desfavorables y vulnerables, representando al menos el 15% por ciento de los más pobres en el mundo. No es casualidad que la población indígena que habita zonas rurales, aportando en la seguridad alimentaria y en la fundamental defensa de la biodiversidad, tenga que enfrentar condiciones desfavorables y los ataques voraces de los oligarcas del mundo; de ninguna forma es casualidad, son los efectos del capitalismo que sigue atentando contra la humanidad y el planeta.
Nos gustaría ver ganar a los que más se esfuerzan, a los que se juegan la vida en el campo, pero como en el fútbol, la voracidad de la oligarquía mundial antepone sus intereses al bienestar de la mayoría de la población. También en el campo, las ganancias se las llevan unos cuantos y no son los que más se esfuerzan.
En los USA, como ya se sabe, los migrantes realizan las tareas más pesadas y esenciales que muchos estadounidenses no estarían dispuestos a hacer, principalmente la cosecha manual de frutas, verduras y nueces. Lo que no se quiere reconocer por parte de la derecha
conservadora, racista y militarista (como la que marchó el fin de semana en Washington), es que sin esta mano de obra, gran parte de la producción agrícola en norteamérica se perdería en los campos debido a que la población local raramente solicita estos empleos.
Para la subsistencia de la humanidad, el desarrollo rural es indispensable, pero no podemos confundir el aporte que puede dar la inteligencia artificial, el conocimiento científico, las políticas públicas, las leyes, con lo que realmente es el soporte fundamental para la producción agrícola, es decir, la fuerza de trabajo de los millones de personas que habitan y dan vida a las zonas rurales en el mundo.
La riqueza de las naciones reside en la capacidad de producir la vida que se basa en la siembra de alimentos, por más que la oligarquía quiera
engañar a las naciones, pretendiendo falsear las cosas para presentar a la industria del espectáculo como algo indispensable para la vida, cuando no es más que un complemento (incluido el fútbol).
Pero bien dice el dicho popular: “más tarda en caer un hablador que un cojo”, ya que el aporte que hace la comunidad migrante es tan grande que el actual gobierno de los USA ha tenido que recular en muchas de sus políticas y aún faltan más por dar marcha atrás.
Celebremos a la gente del campo (más allá de la que juega en el campo de fútbol), celebremos a la gente que se esfuerza y defiende la vida. Por eso no resulta extraño que la gente celebrara más los triunfos de Cabo Verde, Curazao y la República Democrática del
Congo, que los sospechosos triunfos de los equipos dominados por los intereses de los oligarcas del mundo. Todavía hay mucho que luchar y construir en el mundo por el bien de la humanidad.