Anuncio

Cruzando líneas | ¿Y si sí?

La pasión de México es más poderosa que cualquier credo, quizá porque invoca a todas las divinidades habidas y por haber. Volteamos santos, prendemos inciensos, rezamos rosarios, prendemos veladoras, nos disfrazamos, nos colgamos amuletos y
heredamos supersticiones por generaciones… todo para que el que esté allá arriba haga ganar al Tricolor.

Pero estamos tan acostumbrados al “jugamos como nunca y perdimos como siempre” que, cuando las plegarias son escuchadas, nos desbordamos en el Zócalo, en Reforma y hacemos volar al Ángel de la Independencia.

No sé si hay otra afición tan comprometida como la de México: Aquí el jersey no solo se porta… se suda, se vive, se tatúa y se viste desde las 8:00 de la mañana, aunque el partido sea en la noche. Y es la misma afición que después de cuatro victorias al hilo,
sin ningún gol en su portería, se pregunta: ¿Y si sí?

Anuncio

Esta copa de futbol les ha devuelto a los mexicanos la capacidad de soñar con el mejor de los escenarios, uno que siempre se ve no solo lejano, sino imposible. Pero solo por hoy se saborea, se acaricia, se disfruta. Es como si por fin se le diera permiso de ir más allá de la supervivencia misma; es como si por fin pudiera soltarse de esas ataduras del “ya merito” y el “amalaya”.

En este Mundial somos más mexicanos en el mundo que los que nacimos en el territorio Azteca; hemos adoptado a otras selecciones que han sido eliminadas que, aunque ya están en casa, siguen echándonos porras en otros continentes y que por un verano se permitieron vivir la picardía, el abur, el humor y la fiesta de nuestra sangre. Como decía Chavela Vargas: “el mexicano nace en donde se le da la gana”; y así los hacemos a todos “hermanos”.

Y es que los mexicanos lo celebramos todo: la vida y la muerte, la victoria y la derrota, el gol y las porterías vacías, el patriotismo y el turismo… la capacidad de olvidarse de todo más por al menos 90 minutos. Esa también es nuestra fortaleza: la capacidad de tomarnos en serio la gracia y la ironía.

Anuncio

Así que aquí estamos, conteniendo el aliento, porque dicen que “no hay quinto malo”. Y ahí escogemos creer, no podemos hacerlo por encimita. Los mexicanos no hacemos las cosas a medias. La intensidad también es parte de nuestra pasión. ¡Vamos México! Que retumbe el Azteca con otro triunfo del Tricolor, con el favor de Dios.

Sovrn Pixel