Mundo Errante | De distractores, guerras y memoria
En la premiada película El agente secreto, una parte de la trama gira en torno a un hecho inverosímil, una pierna cercenada que se liga con ataques nocturnos en una zona que se usa para actividades sexuales. En plena dictadura, el hecho parece relacionarse con un distractor, que permita mantener un sistema de miedo extremo y orden impuesto.
Un distractor que es usado con destreza y humor por el director Mendonça Filho y que nos hace pensar inevitablemente en nuestra realidad en un mundo acosado por la insensatez y los distractores de la guerra.
Una guerra que, conforme a datos expuestos en diversos medios y expuesto por funcionarios del propio Pentágono, tuvo un costo cercano a los 11 mil 300 millones de dólares en los primeros 6 días y sigue sumando cifras de casi 2 mil millones por cada día al gasto militar que representan los ataques conjuntos con Israel. Es decir, que, hasta el día de hoy, Estados Unidos habrá gastado cerca de 45 mil 600 millones de dólares. Evidentemente, una cifra que sobrepasa el presupuesto militar otorgado para este año.
El propio Pentágono busca el permiso del Congreso para gastar 200 mil millones extras y se pone en un galimatías a la administración del presidente para justificar el gasto ante la opinión pública, en un ambiente que parece estar en contra de una guerra que no se ha justificado.
Tal vez por eso, la secuela de ataques ha estado acompañada de distractores, afirmaciones del presidente de Estados Unidos de que la guerra acabaría en días, luego en semanas o bien afirmando que Irán lo busca para negociar la paz y que no reconocen al régimen del nuevo ayatola Jamenei.
Desde luego, guerra y comunicación falsa han ido de la mano. Estados Unidos lo ha utilizado históricamente. Basta recordar las armas nucleares inexistentes en Irak, la acusación por narcotráfico contra Maduro y ahora la amenaza clara e inminente que les representaba Irán y que motivó actuar de la mano de Israel.
La propaganda y los distractores se usan para ocultar la verdad, para justificar las motivaciones de invasión y para dar una aparente legitimidad a las acciones ilegales que se están realizando en el Medio Oriente. También, pareciera que se usaron para ocultar otros temas locales, como el despliegue del ICE en aeropuertos como respuesta a la falta de personal de la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), en las terminales de Atlanta, Denver, Florida, Houston, Nueva Orleans y Nueva York.
Hay que recordar que es secuela del bloqueo al presupuesto para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), en rechazo a las redadas antiinmigrantes. Y ante ello, Trump insiste en usar al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como su policía especial, como su guardia pretoriana, como un distractor más.
Ante esto, un grupo de congresistas demócratas ha presentado la propuesta “Ley para Salvar la Copa Mundial” que busca establecer perímetros de seguridad que garanticen una “experiencia libre de temor para los asistentes internacionales y residentes locales” ante la posibilidad de que el ICE tenga agentes colocados en las inmediaciones de los estadios y
sea una amenaza para las y los aficionados. Y es que, a menos de 3 meses para el inicio de la copa mundial de fútbol, la amenaza sigue latente.
Vivimos en mundo complicado, lleno de distractores de los asuntos que importan y sobre los que debería informarse desde el poder. Sin embargo, las cosas que importan surgen y permiten avanzar en la crítica al orden instaurado por el grupo dominante de la guerra.
Por cierto, hoy es 24 de marzo y se cumplen 50 años del golpe militar en Argentina, que dio paso a la dictadura militar que legó más de 30 mil personas desparecidas. En un mundo que tiende al conservadurismo, resulta relevante recordar uno de los hechos que marcaron la historia reciente de América Latina. El golpe militar convirtió una dictadura que se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional”, donde desaparecieron los derechos constitucionales, se prohibió la participación política legalmente establecida y se desplegó una oscura ola de represión y persecución de los opositores.
Hoy, ante un nuevo conservadurismo vale la pena solidarizarse con el pueblo argentino en su lucha por la memoria, la justicia para gritar con ellas y ellos “Que digan dónde están”.
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