Mundo Errante | 143 años sin Karl
El 14 de marzo de 1883 murió Karl Marx. Intelectual y activista, Marx dedicó su vida al estudio del capitalismo, a entender su funcionamiento y contradicciones, su incipiente e inminente expansión global y a esperar que sus teorías pudieran ayudar a entender su declive “si no en este siglo, al menos en el próximo”.
Marx fue “enterrado” intelectualmente después de la caída del comunismo soviético. El liberalismo y el neoliberalismo triunfantes, lo desacreditaron por un análisis erróneo y anacrónico. Curiosamente, la propia crisis del capitalismo, luego de 2008 lo acreditó nuevamente como un pensador que debía ser considerado para entender el mundo actual y las perspectivas del presente.
Marx fue un migrante, por su activismo pasó de Alemania a Bélgica, a Francia y luego se refugió en Inglaterra. Sufrió carencias económicas y fue cauto sobre cualquier aviso del “próximo levantamiento revolucionario”. No obstante, confiaba en el crecimiento del sujeto social revolucionario que el propio capitalismo estaba creando. Alentó la Asociación Internacional de los Trabajadores y escribió, junto a Friedrich Engels el panfleto más famoso de la izquierda, El manifiesto comunista.
Marx, capaz de una prosa vehemente, precisa y contundente, describió al movimiento obrero y comunista como el nuevo fantasma que recorría el mundo. Ese fantasma y la cada vez más frecuente crisis del capital financiero, lo llevaron a adentrarse en el estudio de este proceso. Su trabajo sobre la economía, ahora, era la descripción densa y documentada del otro espectro, el del capital y sus mecanismos.
Una tarea que le tomaría años, hasta el final de su vida entre carencias, enfermedades y nuevos destinos. Karl Marx redactó su obra insignia en medio de vicisitudes físicas, económicas y familiares. Durante años la concreción de su magna obra debió sujetarse a la falta de recursos, a la enfermedad y a la oposición personal de entregar una obra que consideraba debía ser un todo artístico.
Marx era un ser obsesivo perfeccionista que deseaba servir a la lucha obrera con su intelecto y capacidad de escritura antes que hacerlo como dirigente político. Dotado de un conocimiento erudito había logrado combinar la actividad política, periodística y de investigación, pero sabía que escribir su “obra de arte” requería de tiempo completo y grandes sacrificios. “Nadie ha escrito tanto sobre el dinero teniendo tan poco” le confiaba con sarcasmo y pena a Engels, su amigo, sostén económico y camarada.
El largo proceso de redacción de lo que sería el primer volumen de El Capital estuvo marcado por periodos de procrastinación, por la demanda de sus editores, compañeros y la insistencia de Engels. Nada de esto era suficiente. Parecía que su estudio sobre el capital y la política era un asunto interminable.
Marx siempre encontraba una nueva necesidad de conocimiento, de pistas, de búsqueda de datos que podrían ayudar a concluir su trabajo. Aprender ruso, esperar las conclusiones de nuevas investigaciones, o someter a los forúnculos que le atacaban por la enfermedad y que lo obligaban a trabajar largas horas de pie (“espero que la burguesía recuerde mis forúnculos hasta el día de su muerte” le diría a Engels) fueron parte de un largo proceso de revisión, escritura y correcciones al texto que le llevó el resto de su vida.
El Capital hoy es, sin duda, una obra imprescindible, más allá del dogmatismo y más acá de lo banal. Con el tiempo pasó de ser una “biblia” a un libro hereje, de un libro de divulgación a un libro de culto, de una obra artística interminable a un clásico que es actual para entender cómo funciona el capitalismo.
El “viejo Nick”, el “Moro” como apodaba a Marx su familia, falleció sin propiedades ni fortuna, todos sus libros fueron heredados por Engels, su cuidador y lugarteniente. Seguramente estaría satisfecho al saber que 143 años después de su partida, sus esfuerzos han abonado en la lucha por un mundo distinto, más en estos tiempos de imperialismo, crisis y guerra ilícita. Era un personaje con un sentido del humor afinado, que seguramente disfrutaría al saber que la burguesía, aún hoy, recuerda sus forúnculos cuando alguien lo nombra y lee su obra.
Nota: El 14 de marzo pasado, falleció Jürgen Habermas, pensador alemán parte de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt. Otro pretexto para pensar y retomar a Marx y los diferentes trayectos del marxismo.
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