Cruzando líneas | ¿Licencia para matar?
Los últimos 40 segundos de la vida de Alex Pretti son dolorosos y perturbadores. Diez tiros en apenas 5 segundos por dos agentes de inmigración. Lo que era un acto de buen samaritano, defendiendo a una mujer en “Operation Metro Surge”, le costó la vida. Minneapolis se volvió a vestir de un luto forzado, cuando aún no superaba otro.
Minnesota todavía lloraba a Renee Nicole Good. Siete de enero. Madre de tres. También estadounidense. ICE le disparó en la cabeza, un homicidio confirmado por el examinador médico de Hennepin.
Dos ciudadanos. Dos semanas. Un patrón.
Cuesta mucho querer a este país en este momento. Es una nación que mata a los suyos con, hasta hoy, una impunidad que duele tanto como la muerte. Hay licencia para acumular últimos suspiros, y no son los primeros y tenemos que no sean los últimos. Libertad para actuar primero, explicar después. Los ánimos se han encendido tanto que son como un incendio muy difícil de contener. Los vientos de la polarización y el divisionismo soplan, y no hay rescate a la vista que sirva de consuelo.
El tema migratorio supera ya la intersección de irregularidad de papeles y la humanidad. Va mucho más lejos. Las agencias del orden público han recibido en esta administración lo que sería parecido a un cheque en blanco: recursos como nunca, un presupuesto flexible, más capacidad humana y una libertad para cruzar líneas que cae en la burla judicial. Lo que no hay es, irónicamente, un sentido de seguridad y protección. La desconfianza en las autoridades ha aumentado, no solo entre las comunidades diversas, migrantes o las minorías; ahora son hasta los mismos votantes por Trump los que temen que pueden seguir en esta guerra política.
Pretti nació en Estados Unidos, en Illinois. Era enfermero de profesión y trabajaba con veteranos. Estaba joven. Tenía un permiso de posesión y portación de armas de fuego. Estaba registrado y la licencia era válida este año. Las imágenes muestran que el día de su muerte traía una pistola consigo, una que nunca desenfundó en defensa propia, mientras los otros lo encañonaron cuando estaba ya desarmado.
Todo pasó muy rápido. Habrá quien culpe a la premura y la confusión. Otros justificarán el calor de esa mañana fría en Minneapolis. A pesar de la evidencia, las opiniones se contradicen y se enfrentan, como los mismos a quienes la ideología ha cegado en este momento tan complicado en Estados Unidos.
Arizona, aunque lejos geográficamente del caos que se vive en Minnesota, se sumó al duelo nacional. Hay mucha rabia e impotencia. Las protestas no han parado. Todos los días, afuera de las oficinas de la Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), hay protestas. Los estudiantes han salido de los salones y abandonado las escuelas para marchar en contra de lo que consideran una intimidación constante y una amenaza mortal por parte de las autoridades. Las familias también se organizan en silencio con los que tienen privilegio para plantarse como resistencia afuera de los comercios que son cateados en una especie de redada inesperada.
¿Qué lo que estamos viviendo? Algunos le llaman justicia y otros una licencia descarada para matar.
Comentarios (0)
No hay comentarios en esta publicación.