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Que el dolor no nos sea indiferente

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La paz mundial debería ser un objetivo por el que toda la humanidad debería trabajar. La eliminación de la violencia como forma de interacción entre las personas y las naciones debería ser una tarea común. Tristemente, “Hasta 122,1 millones de personas, un 1,7 % más que hace un año, viven en 2025 lejos de sus hogares debido a guerras, violencia y persecuciones en todo el mundo”. La guerra y la violencia se ubican entre las principales causas de la migración y el desplazamiento de grupos humanos en el mundo.

En los territorios azotados por la guerra y la violencia, niñas, niños y mujeres son quienes se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad y afectación. El dolor de esas millones de personas no nos puede ser indiferente. No es racional, ni resulta práctico, darle la espalda al dolor de la humanidad, y eso es algo que debería ser una convicción de cada ser
humano sobre el planeta.

Desafortunadamente, aún existen grupos sumamente poderosos que hacen de la apología de la guerra y la violencia su forma de vida; dichos grupos no solo lo hacen por una convicción ideológica, sino también porque es un gran negocio y pilar del poder económico sin principios éticos. Cada conflicto bélico en el mundo representa el incremento de ganancia para unos cuantos, a costa de la vida de miles de seres humanos. La guerra de ninguna forma apoya la economía de la gente, ni el bien común, pero si trae ganancias a un puñado de empresas. En efecto, la guerra es el peor lugar del mundo.

El pasado 21 de septiembre de 2025, se conmemoró otro Día Internacional de la Paz, que de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU): “El propósito del día es la búsqueda de la paz como un derecho humano fundamental”.

Durante años, los gobiernos de los USA llevaron la guerra y el sufrimiento a diferentes regiones del mundo sin ningún recato ni límite ético, como se ha podido constatar con la liberación de expedientes gubernamentales. Lo hicieron de forma tramposa en nombre de la democracia y la libertad, nada más alejado de la realidad.

Los promotores de la violencia y la guerra no conformes con el dolor que han causado a la humanidad, ahora llevan la brutalidad a las calles de los USA, como se puede constatar con múltiples ejemplos que los medios de comunicación con decencia han dado a conocer, no sin temor a la censura y la cancelación. La guerra y la violencia, en todas sus formas, es un
asunto de vital importancia, motivo de preocupación y trabajo humanitario de todas las personas del mundo, incluidas aquellas que viven en los USA. El tiempo de la indiferencia pasó.

En 2024, la película “Guerra Civil” (Civil War) desde la ciencia ficción mostró un escenario preocupante de lo que podría pasar en los USA si los fanáticos de las armas y el militarismo se imponen sobre la democracia atropellando a la población y las instituciones. La imposición de un gobierno militar, o paramilitar, sobre un gobierno civil, lo único que traería sería sufrimiento generalizado. No hay que echar en saco roto lo que desde el arte y la cultura nos alertan.

El Día Internacional de la Paz se conmemora desde 1982 (aprobado por la ONU en 1981), o sea, hace 43 años, pero hoy sigue siendo igual de relevante. Todas las personas del mundo deberíamos estar comprometidas con la construcción de la paz.

La comunidad artística, desde el cine y la tv, la música, la poesía y otras manifestaciones culturales, se manifiestan a favor de la paz de forma cada vez más contundente, en particular con respecto al genocidio en Gaza, al igual que millones de personas en el mundo con marchas y manifestaciones públicas. Resulta irracional e impráctico ponerse del lado de los adoradores de la guerra y la crueldad.

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