Unidad vs egoísmo
Han sido los pueblos unidos los que han cambiado las condiciones de injusticia.
Cuando me convertí en madre, mi cultura tuvo un vuelco muy lindo, mis amigas y yo dejamos de citar a grandes pensadores para citar a grandes personajes de las películas infantiles que nuestros hijos veían y volvían a ver no sé, ¿cientos de veces?
En ese loop en el que nos sumergimos para habitar junto con los pequeños ese tiempo de infancia grandes frases se volvieron mi mantra de subsistencia, a continuación, cito algunas del maestro Oogway, de Kun Fu Panda:
“Uno suele hallar su destino en el sendero que utiliza para evitarlo”
“Tu mente es como el agua, cuando está agitada es imposible ver con claridad, en cambio, si dejas que se calme, la respuesta se vuelve clara”
“Nada es imposible, sólo necesitas creer”
Pensaba en porqué esos grandes estudios, que representan los intereses de la industria cultural, por lo tanto, los intereses del capitalismo se preocuparían, por ejemplo, en incentivar el poder de la unidad, la conciencia de clase y la fuerza política de las masas, como sucede en la película Bichos, de Disney-Pixar, ¿será una inocentada que se le pasó al productor para permitir que tales afirmaciones revolucionarias ocuparan las pantallas globales?, ¿o más bien es una perversión el permitir y fomentar ideales de unidad para capitalizarlos en la venta de afiches y productos como si por ello el pueblo-cliente ya hiciera la tarea de la unidad transformadora? Me inclino más por esta última opción. Ver películas, shorts, documentales etcétera, es una catarsis que nos hace pensar que ya actuamos, que ya hicimos algo, ese es el gran engaño de los medios de comunicación: hacernos pensar que pensamos, hacernos creer que participamos.
En esta película, las hormigas, repetidamente humilladas y esclavizadas por unas cigarras holgazanas y violentas, viven trabajando para pagar tributo a eses zánganos, hasta que un día, un héroe outsider les hace ver que ellas son más fuertes, y que esa fuerza depende de la unidad y la resistencia en conjunto, que no necesitan vivir esclavizadas. Para ello, tienen que renunciar, obviamente, a sus intereses egoístas. Y fíjense como las sociedades actuales estamos absolutamente aisladas por los deseos egoístas que la cultura nos impone: quiero y necesito un celular último modelo, ropa de marca, asistir al gym o al antro de moda, no tengo tiempo para la unidad comunitaria, antes tengo que trabajar para pagar todo eso que la cultura capitalista me impone como necesidad. Sorry. Y así, besando el látigo del yugo, nuestra única relación comunitaria es a través de la búsqueda de pertenencia por medio de patrones de consumo y competencia.
La unidad comunitaria, la resistencia, han logrado vuelcos determinantes en la historia del ser humano. Han sido los pueblos unidos los que han cambiado las condiciones de injusticia. Y es y seguirá siendo en las calles, en el trabajo en la comunidad donde se genera el cambio. Uno de mis grandes maestros me dijo un día ¿te sientes deprimida y triste? Vete a la calle a ver a quién ayudas. Y así hice, y descubrí lo superficial de mi depresión, lo inútil de rumiar desde mi privilegio neurosis incendiarias: el trabajo es en el servicio al prójimo, en la calle, con la gente de al lado.
Minorías como las mujeres, los migrantes, los negros, etcétera, hemos sido botín político y económico, que nuestras vidas y nuestra dignidad sean respetadas pasa por la unidad y la exigencia de validación, no por recibir agachados las limosnas de nadie.