Cuando el Cuerpo Ora: Danzas Ancestrales que Tejen Identidad y Resistencia en Creedmoor
Representantes provenientes de Georgia, Tennessee, Filadelfia, Ohio y California se dieron cita para compartir sus conocimientos en danzas ancestrales.
Este pasado fin de semana, Creedmoor, Carolina del Norte, se convirtió en el epicentro de una celebración cultural profundamente significativa: la Unión de Danzas, un evento que reunió a reconocidos Guardianes de nuestra cultura ancestral con amplia trayectoria en la preservación del patrimonio cultural mexicano en Estados Unidos entre ellos Alan , Ismael, Tavo y Rosa . La jornada, que se extendió durante dos días, fue mucho más que un festival de danzas; fue un acto de memoria viva y espiritualidad compartida.
Representantes provenientes de Georgia, Tennessee, Filadelfia, Ohio y California se dieron cita para compartir sus conocimientos, trajes ceremoniales, cantos, símbolos y sobre todo, su visión profunda de la danza como un medio de conexión con los ancestros y la tierra. Cada grupo portó no sólo un vestuario tradicional, sino el legado de pueblos originarios que han resistido el paso del tiempo a través del arte.
Las danzas autóctonas ocuparon un lugar central en este encuentro. Estas expresiones no son espectáculos: son oraciones en movimiento, códices corporales que han sobrevivido siglos de colonización, silenciamiento y desplazamiento. Cada paso, cada sonido, evoca los elementos: la tierra, el agua, el fuego, el aire. Cada danzante encarna una cosmovisión que entiende al ser humano como parte de un todo, no como dueño de la tierra, sino como su guardián.
Ver a niñas, niños, jóvenes y adultos danzar con devoción fue profundamente conmovedor. La transmisión generacional de estas tradiciones, ahora desde el exilio, demuestra que la cultura mexicana no es un adorno: es un pilar de identidad, un acto de resistencia y un camino de pertenencia.
La Unión de Danzas fue también un espacio de diálogo entre distintas regiones del país, donde se compartieron experiencias, aprendizajes y retos comunes. En un contexto migratorio donde nuestras comunidades enfrentan múltiples desafíos, la cultura se vuelve trinchera, medicina y refugio. En cada golpe de tambor, en cada cascabel que resonaba, se escuchó también la afirmación de que la cultura migrante no sólo sobrevive en el exilio: florece, se transforma y aporta con fuerza a la sociedad que la acoge.
Eventos como este nos recuerdan que mientras haya quienes danzan con el corazón conectado a sus raíces, México sigue vivo en cada territorio donde hay memoria, música y movimiento.
Tuve el honor de participar con Flor de Hidalgo, representando el rostro del México mestizo. Nuestra presentación llevó un mensaje de unidad y diversidad, recordando que en cada color, ritmo y movimiento, habita la historia de múltiples pueblos entrelazados por la danza.
A todos los compadritos y guardianes de nuestras danzas ancestrales, que dedican su vida, su tiempo y su corazón a mantener encendida esta llama sagrada: gracias. Ustedes son puentes de sabiduría, raíces vivas y eco de nuestros ancestros. Su entrega es semilla que florece en cada nueva generación.
Porque mientras el cuerpo dance, el espíritu nunca será vencido.