Mundo Errante | Carlo Ginzburg, lo anómalo y la historia
En estos momentos, Colombia se disputa un horizonte por la continuidad de un proyecto social o el alineamiento a un proceso conservador. El pueblo colombiano tendrá que echar mano de una resistencia electoral que resulta ética y políticamente necesaria contra el avance de la ultraderecha. Aún falta ver y hablar sobre ese desenlace.
Mientras tanto, quiero aprovechar este espacio para recordar a Carlo Ginzburg, que falleció el pasado 17 de junio. En su obra, Carlo Ginzburg tiene una serie de inquietudes, constantes y transformaciones. Su interés por la historia de la brujería se ancla en su biografía, su entorno familiar, su gusto por la literatura y la antropología, las historias de “resistencias” o las “historias anómalas” de personajes que no son importantes desde la perspectiva tradicional, positivista o de las grandes narrativas ortodoxas. Son esas las historias que encontró, por azar o por método, en los archivos de la Inquisición y cuya normalidad encubre lo diferente.
Él mismo aclara, en distintos momentos, que lo anómalo como rescate de la lucha o el conflicto desde la perspectiva del oprimido se convierte, en su obra, en una forma de hacer historia cuya estructura metodológica incluye a esos personajes anómalos, ya sea la campesina acusada de brujería, el molinero Menocchio, los benandanti que se enfrentan en rituales a las brujas, pero también incluye a los jueces, a los inquisidores, a aquellos desde cuyas espaldas y hombros Ginzburg observará a sus personajes.
El historiador italiano, equipara la historia con la literatura y plantea que es posible una narrativa histórica que imagine y que sirva para abordar los “hechos públicos” tanto como de las “escenas privadas”. Su fascinación por las historias de campesinos ligados a formas diferentes de entender el mundo está provista de una literatura fantástica que lo hace mirar históricamente los documentos.
La decisión de estudiar la brujería nos dice el autor italiano significaría “inmediatamente, y por, sobre todo, enfocar la atención en las confesiones de las brujas, tan similares en ciertos aspectos a las narraciones de cuentos maravillosos que había oído durante mi infancia.”
A la par, encuentra una justificación en las novelas o en la literatura de ficción para la reformulación de saberes, esto es, una forma de retomar o reivindicar la historia; en la literatura de ficción halla, además, una pista del paradigma indicial que caracteriza a las novelas de Conan Doyle y hacen de Sherlock Holmes un prototipo del método.
El método indicial, rastreado por Ginzburg, se liga a la medicina como práctica no plenamente científica, sino a la sintomatología, es decir a la revisión de detalles que permiten la “adivinación dirigida al pasado” en lugar de demostrar, un paradigma que caracteriza a la historia, la arqueología, la astronomía física y la paleontología, que saben que “cuando las causas no son reproducibles, solo cabe inferirlas de los efectos”.
La búsqueda de indicios en los elementos no considerados relevantes saca a la luz revelaciones de una forma específica de entender el mundo por parte de sujetos que suelen no ser considerados, se colocaban las visiones dominantes y en resistencia. Encuentra las huellas de una forma cultural diferente que no responde a lo que los inquisidores daban por hecho. Los indicios, las pruebas, son una forma de penetrar en la realidad para descifrarla.
Ginzburg regresa a la historia a personas a las que les ocurren cosas y que tienen ideas. Mientras que la historia dominante de mediados del siglo XX veía estructuras, Ginzburg [y en alguna medida la corriente micro-histórica italiana] veía en las estructuras los intersticios y en las historias individuales podía encontrar huellas de una cultura que no podía entenderse aislada.Para Ginzburg las personas en sus aspectos íntimos son parte de un proceso cultural y social más amplio. Ginzburg encontrará que ninguna persona es una isla ni ninguna isla lo es tampoco.
Ginzburg puede entenderse como un voluntario seguidor del primer Freud, admirador de Morelli, de Holmes y el médico Conan Doyle, de las historias de viajes, pero son historias con héroes reales, son las historias que hacen los cazadores, las mujeres, los campesinos.
En tiempos en que se pretende borrar la memoria, vincular todo a una confrontación sistémica, vale la pena considerar a Ginzburg, para pensar la condición humana y pensar que la resistencia también está hecha de las huellas que encontramos en la memoria.