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Fútbol: entre la complacencia y la crítica

Cada vez está más cerca el inicio del Mundial de Futbol 2026, ya se conoce el calendario, sedes y horario de los 48 equipos que participaran en la Copa Mundial, que tendrá como principales anfitriones a México, USA y Canadá. Por parte de los organizadores, el principal argumento para impulsar su realización es que el “Mundial de la FIFA 2026 será lo más lucrativo de la historia, con ingresos que se espera superen los US$ 10.9 mil millones”, sin
embargo, no se mencionan los posibles perjuicios que traería.

Desde luego que el fútbol se ha convertido en una actividad, un espectáculo, en donde la población proyecta sus anhelos y frustraciones, convirtiendo a los equipos y los jugadores en protagonistas de historias de lucha entre quienes consideran representantes del bien o del mal, de los ricos o del pueblo, del esfuerzo deportivo y de las peores triquiñuelas, con lo cual el fútbol se convierte en algo más que una práctica deportiva para representar un
ajuste de cuentas entre distintos sectores sociales y canal de expresión del sentir de la sociedad. Pero eso no evita que también sea una actividad que puede traer perjuicios a las comunidades.

El Mundial 2026, por la forma en que fue organizado entre tres países, orillará a “equipos y aficionados a depender del transporte aéreo, el más contaminante. Por ejemplo, EE. UU. jugará en Los Ángeles, luego en Seattle, y después volverá a Los Ángeles: casi 3.200 km de vuelos”, lo que implica que será el mundial con la mayor “huella de carbono” de la historia. A lo cual se suman “los riesgos sociales y de seguridad” que ya se pueden
identificar. En el caso de México es claro como está implicando un desplazamiento de familias por el aumento de las rentas ya que las inmobiliarias suben los precios y privilegiaran a los turistas que asistan a la Copa Mundial.

Además, en los USA, el ICE ya amenaza con hostigar a los asistentes durante los partidos, anunciando su presencia en los estadios y sus alrededores, bajo el pretexto de “combatir la trata de personas”, continuará con la labor de persecución y racismo que le ha caracterizado. Dicha acción es un gran error, porque el racismo e intolerancia que ha caracterizado el actuar de los agentes migratorios en cualquier momento pueden provocar
otra desgracia como los asesinatos de ciudadanos que participaban en las protestas contra las redadas. El personal que contrataron para trabajar en los operativos migratorios no está capacitado para tratar a la población con enfoque de derechos humanos.

En medio de todo, como muestra de que el deporte en general no está ajeno a la política, “Lamine Yamal, jugador del F. C. Barcelona, quien durante el desfile de celebración por la obtención del título número 29 ondeó la bandera de Palestina”, lo cual le implicó una oleada de ataques por parte de Israel, pero también un respaldo en redes sociales de miles de aficionados.

Los dueños del balón quisieran que todo marchara tal cual lo han planeado en sus maquetas perfectas y lujosas, en donde los aficionados no son más que espectadores pasivos, al igual que los jugadores y sus cuerpos técnicos. También exigen que los gobiernos se alineen y sacrifiquen la atención de los problemas sociales centrales de interés para las comunidades con tal de solo satisfacer las exigencias de los dueños del balón y las necesidades de infraestructura que tienen para su gran negocio. Exigen complacencia y complicidad.

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Pero cometen un gran error, en primer lugar porque ni los jugadores (y los cuerpos técnicos) ni los aficionados han sido meros asistentes pasivos y consumidores alienados. Existe un gran eco de la protesta que llevó a cabo Colin Kaepernick (en 2016 por primera vez) contra la “injusticia racial y la brutalidad policial”, como la que hicieron los artistas en el Super Bowl
en 2022.

En México también existe una gran tradición de hacer sentir la crítica a los gobernantes y a los oligarcas, una tradición que ejerce efectivamente la afición para expresar sus inconformidades.

Quizá por eso no es extraño que los precios para ingresar a los partidos se hayan disparado, por un lado porque los dueños del balón continúan con la exclusión a la cual están acostumbrados, pero también porque el elevado precio de los boletos es el filtro para acallar las protestas. Esperemos a ver de que forma creativa los jugadores y los aficionados se hacen escuchar.

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