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El comercio electrónico cambia de lógica y abre nuevas formas de generar valor

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Foto: Unsplash

El escenario económico mutó. Las reglas del intercambio comercial ya no son las mismas. 

Un solo año ha pasado y el comercio electrónico en Argentina registró una facturación que superó los 34 billones de pesos, lo que representa un salto del 55% en comparación con el periodo anterior. 

A simple vista, el éxito parece radicar únicamente en el volumen de bienes intercambiados. Pero ¿qué hay detrás de cada transacción exitosa? Opera un entramado mucho más profundo.

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Y es que hoy, el ecosistema digital trasciende la simple compra y venta de artículos. 

La consolidación de las billeteras electrónicas y la diversificación de las opciones de logística, donde el envío a domicilio abarca más de la mitad de las preferencias, generan un rastro digital inmenso. ¿Qué sucede cuando el verdadero margen de ganancia deja de estar en el producto entregado? La respuesta se encuentra en el comportamiento del consumidor. 

Cada paso que da un usuario dentro de una tienda virtual alimenta un motor analítico gigantesco. Se trata de un modelo impulsado por la innovación basada en información, capaz de redefinir la productividad y la competitividad de las empresas. 

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El comercio cambió. La adaptación es inminente.

Publicidad, datos de consumo y plataformas: dónde empieza hoy el negocio detrás de cada venta

Los rubros tradicionales siguen liderando las métricas de consumo. Pasajes y turismo, seguidos por alimentos, bebidas y tecnología, encabezan las más de 253 millones de órdenes de compra registradas a nivel nacional. No obstante, el valor real de estas transacciones ya no se limita al ticket promedio. La información es poder. Y también es dinero.

Al analizar la frecuencia con la que seis de cada diez compradores adquieren productos mensualmente, las plataformas construyen perfiles de comportamiento sumamente detallados. 

Estos perfiles permiten hiperpersonalizar la publicidad y anticipar tendencias de mercado con una precisión inédita. En el ámbito internacional, algunas corporaciones han explorado modelos que rozan el límite regulatorio, donde la recopilación masiva llega a esquemas que buscan vender datos de internet a terceros para campañas de marketing dirigidas.

Por supuesto, esta monetización de la identidad digital exige un marco legal riguroso. En el territorio nacional, la legislación vigente sobre protección de la información personal establece que cualquier tratamiento de datos requiere un consentimiento previo, expreso e informado. 

Nadie está exento de cumplir la ley. Los ciudadanos poseen el derecho absoluto de exigir el acceso, la rectificación o la supresión de su información en cualquier base de datos registrada.

¿Cuál es el límite ético en la recolección de preferencias de consumo? Las normativas intentan equilibrar el desarrollo económico con el derecho a la privacidad

A su vez, los actores del sector deben garantizar la transparencia, evitando que la economía digital se convierta en una caja negra inescrutable.

El impacto silencioso de la economía digital

Más allá de los debates sobre privacidad y rentabilidad, la expansión del consumo en línea trae consigo externalidades físicas insoslayables. 

La infraestructura necesaria para procesar millones de transacciones, sostener la inteligencia artificial y almacenar perfiles de usuarios exige una cantidad desmesurada de recursos. 

Los centros de procesamiento consumen niveles de energía y agua que alarman a los organismos internacionales. Asimismo, el aumento en la venta de dispositivos electrónicos acelera la generación de residuos tecnológicos

Los países en vías de desarrollo suelen enfrentar la peor parte de este costo ecológico. ¿Es sostenible un crecimiento comercial infinito en un planeta con recursos finitos?

Hacia un modelo de crecimiento sostenible

El ingreso de más de un millón de nuevos compradores al canal online demuestra que la adopción tecnológica es un camino de ida. 

Las perspectivas para la economía digital son auspiciosas, pero exigen una madurez estructural. El futuro del comercio requiere una mirada integral. 

Las empresas que lideren la próxima década serán aquellas que logren capitalizar la información de manera responsable, respetando la privacidad del consumidor y mitigando la huella ambiental de sus operaciones tecnológicas. 

La revolución digital ya sucedió. Ahora es el momento de gestionarla con inteligencia.

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